viernes, 10 de junio de 2011

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (6 de 6)

Una nota al margen: ¿Para reflexionar o complicar las cosas?

¿Qué implicaciones tiene la mención de la figura del cuervo en Lucas 12.24 (así como Job 38.41; Salmo 147.7-9; 1 Reyes 17.4 y 6; Carta de Jeremías 6.45-53), para la teodicea, y el discurso que presupone la existencia de buenos y sanos propósitos del creador en todos y cada uno de los aspectos de su creación?

¿Existe la bondad en la cadena alimenticia, la cual supone que un ser depreda o devora a otro para su subsistencia, y en la cual el más grande o fuerte se alimenta del más pequeño o débil?

Para cerrar esta nota al margen, traigo a colación las palabras de Antonio Fernández Rañada («Los científicos y Dios», publicado por Editorial TROTTA, 2008): “Otro razonamiento muy usado, la quinta vía de Santo Tomás de Aquino (El gobierno de las cosas: Vemos que algunas cosas que carecen de conocimiento, esto es, los cuerpos naturales, obran con intención de fin…

Ahora bien, las cosas que no tienen conocimiento no tienden a un fin si no son dirigidas por algún cognoscente e inteligente. Luego existe algún ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a un fin; que es lo que llamamos Dios) se basa en la existencia de un plan en la naturaleza, que parece diseñado con una finalidad previa, idea conocida como teleología”

Continúa Fernández Rañada diciendo: “Si bien antes parecía un argumento especialmente sólido, el desarrollo de la teoría de la evolución biológica a lo largos de la enorme edad que hoy sabemos que tiene la Tierra le ha quitado su valor… Hasta se podría dar vuelta al argumento y considerar que algunos aspectos de nuestro mundo manifiestan un propósito malévolo por parte de su creador. Por ejemplo, ¿qué pensará una gacela de la maravillosa anatomía del leopardo o una paloma de la delicadísima aerodinámica del gavilán?” (Páginas 76 y 77). Y agrego yo, ¿qué pensarán del cuervo, sus victimas? ¿Pensarán que es Dios quien alimenta al cuervo?

Concluyo esta nota al margen, citando de nuevo a Antonio Fernández Rañada cuando explica las dos principales conclusiones de su libro «Los científicos y Dios». Cito: “La primera es que las relaciones entre ciencia y religión se han entendido a menudo de modo simplista, sin tener en cuenta que han sido muy variadas y de gran complejidad y riquezas. Einstein solía decir que para comprender bien algo «debe formularse en la forma más simple posible» y añadía «pero no más», pues al simplificar demasiado corremos el riesgo de confundirnos y no entender nada” (página 37).

“La segunda conclusión es que la ciencia y muchas formas de la religión son plenamente compatibles. Entiendo por ello que es posible aceptar las ideas de la ciencia de hoy y mantener a la vez, una postura religiosa sin caer en incoherencia o en falta de honestidad intelectual. Además, esta compatibilidad que defiendo es tal que la existencia de algún tipo de Dios o de alguna realidad trascendente no puede ni probarse ni refutarse desde la razón humana” (página 38).

Muchas gracias por la lectura y el seguimiento!

Hasta la próxima!

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