miércoles, 24 de noviembre de 2010

Día internacional de la NO violencia contra la mujer

Muy a propósito, una reflexión teológica pertinente

A pesar de los distintos movimientos que en la historia universal han venido luchando contra todo tipo de violencia contra la mujer, lo cierto es que todavía persisten argumentos de distintas naturalezas, hasta teológicos, que pretenden justificar la marginación y alienación de la mujer en y desde distintos ámbitos y planos.

Como ya se sabe, la violencia contra o hacia la mujer tiene diversos matices y formas. Por un lado está la violencia de tipo verbal, la física, la emocional, y la sicológica. Por otro lado, existe una violencia sutil y que por lo general pasa de inadvertida. Este último tipo de violencia es de naturaleza estructural y sistémica en el ámbito cultural y social. Consiste en todo un conjunto de cercos y murallas que por siglos se le han impuesto a la mujer alineándola en todo el sentido de la palabra.

Desde esta perspectiva, a la mujer se le han fijado y asignado espacios, así como también se le ha impedido el acceso a otros. Por ejemplo, en el contexto de la cultura hebrea que sirve de trasfondo básico y general para los textos bíblicos, se consideraba que la mujer había sido creada principalmente para la procreación (sin dejar de incluir la satisfacción sexual del varón) y destinada al hogar, pero sin tener el derecho de ser su cabeza.

La procreación se veía como algo tan natural para la mujer que algunas corrientes del judaísmo pensaban que el mandamiento o llamado a la reproducción (Génesis 1.28) era sólo para el varón, no para la mujer. Por esta razón cuando una pareja cumplía diez años de unión y todavía no habían procreado, esa pareja, ese matrimonio debía disolverse, y tanto el hombre como la mujer podrían casarse con otra persona.

Lo curioso es que el hombre podía repetir ese proceso hasta que finalmente lograra descendencia propia. A la mujer, en cambio, se le fijó un máximo de tres maridos para intentarlo. Si una mujer llegaba al máximo de tres maridos sin haber logrado procrear, de insistir ella en formar pareja, su opción consistía en unirse en matrimonio con un hombre ya casado capaz de engendrar o que ya tuviera hijos.

Hablando ahora de algunos argumentos teológicos utilizados para tratar de justificar la violencia de tipo estructural y sistémica contra la mujer, yo quiero que reflexionemos un poco sobre un pasaje que por muchos líderes y muchas iglesias cristianas (y evangélicas) es utilizado para marginar a la mujer. Este pasaje es 1 Timoteo 2.11-14.

Pues bien, 1 Timoteo 2. 11-14, textualmente dice, en la versión Reina Valera de 1960:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 13Porque Adán fue formado primero, después Eva; 14y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”

Como se puede observar, la conclusión del autor de 1 Timoteo es la siguiente:

Puesto que la mujer debe estar sujeta a su marido, no puede ejercer autoridad sobre el mismo, ni ocupar espacios que se consideraban reservados sólo para los varones.

Los argumentos en que se basa el autor de 1 Timoteo para fundamentar su conclusión son tres:

1) La mujer fue creada con posterioridad al varón (el varón fue creado primero)

2) La mujer fue la que transgredió.

3) Como consecuencia del segundo, a la mujer no se le puede confiar el liderazgo destinado a los varones, porque pudiera ocurrir algo parecido a lo que ocurrió al principio.

Asumiendo una postura analítica y crítica ante tal postura, lo que procede es que analicemos la base de sus tres argumentos y, si no pasan la prueba, entonces hay que cuestionar seriamente su conclusión y su aplicación.

La afirmación de que el hombre o varón fue creado primero, y la mujer posteriormente, sólo se puede fundamentar en el relato de creación que encontramos en Génesis 2.4-25. Pero el relato de creación de Génesis 1.1-2.3 imposibilita hacer tal afirmación. Observemos:

Génesis 1.26-27: “Entonces dijo Dios: Hagamos al ser humano (hombre y mujer) a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al ser humano (mujer y varón) a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Compárese Génesis 5.2: “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados”.

A la luz del relato de Génesis 1.1-2.3, el argumento de que la mujer fue creada con posterioridad al varón, simplemente es inadmisible.

El segundo argumento es más complejo (y el tercero está íntimamente relacionado con el segundo), ya que, aunque se basa también en Génesis 3, desarrolla una teología de la culpabilidad de la mujer contraria al mismo relato de Génesis 3 y, a la teología otros textos del Nuevo Testamento mismo, como por ejemplo, Romanos 5.12-21.

Pienso que para entender la falta de coherencia que muestra la conclusión de 1 Timoteo 2.11-14 con relación a Génesis 3, se hace preciso que observemos con cuidado la manera muy distinta en que el creador aborda al hombre (Adán, el varón) y a la mujer, en virtud de lo que acabo de decir. Veamos: Génesis 3.11 y 17 (con relación al hombre):

11Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

7Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

Ahora, Génesis 3.13 y 16 (con relación a la mujer):

13Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

16A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

Como se puede ver, para el relato de Génesis 3, aun cuando la mujer fue engañada, la insistencia de Dios, su argumento, es que la prohibición se la dio específicamente a él (al hombre, el varón). Por esta razón, el inculpar él (Adán, el varón) a la mujer, su compañera, no logró disminuir en nada su responsabilidad ante aquel que le había fijado una prohibición muy específica.

A la luz del relato de Génesis 3, la desobediencia (el pecado, la transgresión) no fue un asunto de si ella (la mujer) fue la primera en violentar la prohibición de no comer, tampoco de si ella sabía o no de tal prohibición. No se trató de eso, sino de a quién fue (de las partes involucradas, serpiente, mujer, hombre) a la que originalmente el creador le comunicó su prohibición, y a quién veía como responsable.

En consecuencia, Génesis 3 afirma que la mujer fue engañada, pero no la acusa de pecar. Esto así, lógicamente, puesto que se basa en un relato, el de Génesis 2.4-25, que da por sentado que para cuando se dio la prohibición, la mujer, Eva, no había sido creada.

También es preciso tener en cuenta que en Génesis 3, a diferencia de 1 Timoteo 2.11-14, no se le echa en cara a la mujer el que hubiese faltado ante prohibición alguna. No se le acusa de haber pecado, no se le acusa de haber violado mandato alguno.

A pesar de 1 Timoteo 2.11-14, lo cierto es que para Pablo, a la luz de todas sus cartas, y especialmente por lo dicho en Romanos 5.12-21, no existió tal cosa como que la mujer fue la que pecó.

En resumen, un análisis detenido de las bases de los argumentos a los que apela el autor de 1 Timoteo 2.11-14, demuestra su falta de consistencia con el relato de la caída de Génesis 3, y confirma la sospecha de sus patriarcales concepciones.

Conclusión: En este día internacional de la eliminación de todo tipo de violencia contra mujer, una teología bíblica crítica y consistente nos invita a asumir una actitud de sospecha contra todo argumento teológico similar al de 1 Timoteo 2.11-14, por su falta de consistencia ante el argumento de que tanto el varón (y no sólo el varón) como la mujer (y no la mujer sola) fueron creados a la imagen del Creador (Génesis 1.26-27).

¡Bendiciones!

viernes, 19 de noviembre de 2010

Herencia de Jehová son las hijas ¿Quién dijo eso?

Reflexión en perspectiva de género según Salmos 127:3 (Parte 3)

Después de lo planteado en la sección anterior, cabe preguntarse ahora: ¿existe en el hebreo del Antiguo Testamento una palabra que, al igual que en el griego del NT, pueda hacer referencia, al mismo tiempo, a “hijos e hijas”? Sí. Esta palabra es “bayít” que literalmente significa “casa”, pero que también se usa para hacer referencia a los individuos (sin distinción de sexo) que conviven en un hogar.

Algunos ejemplos son:
Génesis 34.30 “Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.

Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa

Génesis 42.33 “Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad.

Josué 24.15 “
Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Ahora bien, ¿es “bayít” la palabra que se traduje “hijos” en el Salmo 127? Respuesta: No. Luego, podemos afirmar que estamos en lo cierto cuando concluimos en que, sin duda alguna, el autor del Salmo 127 no tenía en mente a las “hijas” (“las nacidas”), sino propia y únicamente a los “hijos” (“los nacidos”).

Entonces, podemos decir que una buena traducción de la primera parte del Salmo 127.3 es “He aquí herencia del Señor son los hijos varones”.

Ahora, a pesar de lo que hemos dicho, es posible que algunos me pregunten, hermano Benjamín, ¿y qué de la segunda parte del pasaje en cuestión (“Cosa de estima el fruto del vientre”), que pareciera no ser tan excluyente?

Ante tal pregunta, mi respuesta es la siguiente:

En primer lugar, digo que no se debe interpretar o entender la frase “Cosa de estima el fruto del vientre” fuera de su contexto.

En segundo lugar, que lo que tiene en mente el salmista es a los hijos varones, se comprueba fácilmente, al considerar precisamente el versículo contiguo, o sea, el versículo cuatro (4), cuando afirma: “Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud”.

Ahora, preguntémonos, ¿cuál es la palabra hebrea que se traduce “hijos” en el versículo cuatro (4)?

Respuesta: la misma que aparece en el versículo tres (3), “ben”.

En tercer lugar, que el versículo cinco (5) del mismo Salmo 127 viene a imposibilitar por completo cualquier pretensión de ser inclusivos e incluir a las hijas” en la clásica declaración del versículo tres (3), puesto que afirma: “Bienaventurado el hombre (el varón) que llenó su aljaba de ellos (de hijos varones); No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.”

¿Por qué digo que el versículo cinco (5) imposibilita definitivamente la idea de ser inclusivos (incluyendo varones y hembras) en el versículo tres (3)?

Porque dicho versículo, teniendo como telón de fondo la cultura patriarcal hebrea, en la que la mujer no iba a la guerra, ni era la cabeza de hogar (si bien se entendía que el hogar era su espacio natural); era obvio que los conflictos entre familias, clanes, y tribus, eran asuntos de varones, que se discutían y resolvían entre varones. A la luz de estas concepciones, era lógico pensar que el tener varios “hijos varones” sería u
n factor determinante en un conflicto entre dos familias, clanes o tribus.

Luego hay que concluir precisamente en que en ese contexto sociocultural, donde primaban tales concepciones, es que el Salmista exalta los frutos del vientre, en otras palabras, cuando fueren varones.

Este mismo trasfondo es el que también comparten otros hechos o situaciones en la Biblia, como por ejemplo, el que en un censo no se contaban las mujeres y los niños, pues el censo tenía que ver más bien con la capacidad de constituir un ejército para la batalla, que con otra cosa (Léase Números 1.1-44; 34.29; 2 Samuel 24; 1 Crónicas 21).

Otro pasaje que también va en la misma línea del Salmo 127, es el versículo tres (3) del Salmo 128 “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos (específicamente los varones) como plantas de olivo alrededor de tu mesa.”

Es interesante que lo que ocurre en el Salmo 127.3 es exactamente lo mismo que vemos en el Salmo 128, que el texto hebreo usa la “ben” y la Septuaginta la palabra “huiós.

Finalmente, hay evidencia en el Nuevo Testamento mismo de la persistencia de esta concepción patriarcal. Un ejemplo notable lo constituye el empleo de la expresión “sin contar a las mujeres y los niños”, por ejemplo:

Mateo 14.21 “Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Mateo 15.38 “Y
eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Hechos 4.4 “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

En la parte final de este estudio creo que son muy ilustrativas las siguientes palabras de especialista en Nuevo Testamento, Joachim Jeremías (Jerusalén en tiempos e Jesús, Ediciones Cristiandad).

Es significativo que el nacimiento de un varón era motivo de alegría, mientras que el nacimiento de una hija se veía frecuentemente acompañado de indiferencia, incluso de tristeza” (página 468).

También las relaciones entre los hijos y los padres estaban determinadas por la obediencia que la mujer debía a su marido; los hijos estaban obligados a colocar el respeto debido al padre por encima del respeto debido a la madre, pues la madre, por su parte, estaba obligada a un respeto semejante hacia el padre de sus hijos.

En esta misma línea de pensamiento, hay que destacar el hecho de que para cuando una mujer daba a luz a “un hijo” era “inmunda” una semana, y luego pasabapor treinta y tres (33) días de purificación. Pero cuando daba a luz a “una hija”, era “inmunda” por dos semanas y estaba sometida a sesenta y seis (66) días de purificación (compárese Levítico 12).

Recomendación: La expresión “herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127.3, Reina Valera 1960) debe entenderse e interpretarse a la luz del carácter patriarcal de la cultura hebrea, y a la luz del Salmo 127 por completo. En ese mismo contexto hay que también interpretar el contenido del Salmo 128.3.


Conclusión: Por toda la evidencia presentada en nuestro análisis, concluyo en que la expresión “herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127.3, Reina Valera 1960) no incluye a las hijas.


Ahora bien, esto no significa que no podamos concebir a las hijas como “herencia” o “regalos” de Dios. Pero para hacer esto, y reinterpretar el valor de la mujer (en cada una de las etapas de su vida), estamos llamados y llamadas a sumir una postura crítica frente a los contextos patriarcales en que surgieron los textos bíblicos y que constituyen su telón de fondo.

La buena exégesis nos impone que no introduzcamos ideas en los textos cuando estos no la contienen o no dan base para hacerlo. Pero una lectura hoy, desde contextos muy distintos a los contextos en los cuales surgieron los textos bíblicos,nos invita a hacer la debida relectura (con un sentido crítico), y los ajustes de lugar, a fin de que los textos bíblicos sigan teniendo relevancia en nuestros propios contextos.


Pienso que hallamos en Pablo un pensamiento hasta cierto punto innovador, que nos invita a transitar el mismo camino, cuando afirma: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; 12porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” (1 Corintios 11.11-12). Así como en Gálatas 3.28 “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Y yo digo: Ya no hay nacional ni extranjero, ni esclavo ni libre, ni varón, ni mujer, ni hijos, ni hijas; porque todos tenemos el mismo valor y, constituimos por igual una sola familia y un solo cuerpo en Cristo Jesús. ¡Amén!

jueves, 18 de noviembre de 2010

Herencia de Jehová son las hijas ¿Quién dijo eso?

Reflexión en perspectiva de género según Salmos 127:3 (Parte 2)

La expresión “herencia de Jehová son los hijos” en la Septuaginta


El texto griego que tiene la Septuaginta, y que equivale a la expresión en cuestión, es “idú je kleronomía juiói”

La palabra griega que se traduce aquí “hijos”, en su forma básica es “huíos”, que hace referencia única y exclusivamente a un ser humano de género masculino. Esto significa que dicha palabra no incluye en ningún momento a las personas nacidas de género femenino, es decir, las hijas.

Ahora bien, para ilustra mejor la idea que quiero comunicar, es preciso puntualizar que en el griego (idioma tanto de la Septuaginta como del Nuevo Testamento) hay varias palabras que en maneras distintas hacen referencia a la prole.

En primer lugar están las palabras “paidíon” y “páis”. Estas palabras refieren a un ser humano de corta edad, ya sea varón o hembra, masculino o femenino.

En segundo lugar está la palabra “huíos” que señala a una persona miembro de la familia, al margen de la edad, pero específicamente de genero masculino, es decir, varón.

En tercer lugar está la palabra “thugáter” que apunta a una persona miembro de la familia, al margen de la edad, pero específicamente de género femenino, es decir, hembra o mujer.

En cuarto y último lugar, esta la palabra “téknon”. Esta palabra a diferencia de las otras, puede designar a los nacidos y nacidas, sin importar la edad.

En conclusión, a la luz del texto del texto de la Septuaginta, lo correcto es afirmar que la versión griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta, está diciendo que sólo los hijos varones son herencia del Señor. A luz de esto, el texto de la Septuaginta, a saber, “idú je kleronomía juiói”, se puede traducir, con precisión: “He aquí que herencia del Señor son los hijos varones”.

La expresión “herencia de Jehová son los hijos” en el texto hebreo del AT

Después de considerar la traducción de varias versiones de la Biblia, así como la traducción que refleja la Septuaginta, cabe preguntarse: ¿Tiene el texto hebreo el matiz que comunica el texto griego de la Septuaginta? En tal caso, ¿han sido adecuadas las versiones de la Biblia que se han mostrado ambiguas al no atreverse a comunicar con precisión el sentido de la traducción pon realizada por Septuaginta?

Para responder de manera adecuada a estas preguntas, pasemos ahora a considerar la expresión “los hijos” en el texto hebreo del Salmo 127.

La palabra hebrea que se traduce aquí “los hijos” es “baním” que es el plural de la palabra “ben”, que significa “hijo”, pero haciendo referencia sólo al hijo varón, nunca a una hembra.

La palabra hebrea específica para “hija” es “bat” que, dicho sea de paso, no se la encuentra en el Salmo 127.3.

Por otro lado, una muestra sencilla de lo irreductibles y bien definidos que son estos términos (“ben” y bat”) lo constituye la frecuente expresión “hijos e hijas” que en hebreo es “baním ubanot”.

La expresión “hijos he hijas se la encuentra en la Biblia en treinta y dos ocasiones (32) en treinta y un (31) versículos. De estas treinta y dos veces (32), sólo una forma parte del Nuevo Testamento, a saber, en 2 Corintios 6.18. La forma griega que encontramos en 2 Corintios 6.18, y que se traduce, como ya dijimos “hijos e hijas” es “juiós kái thugatéras”, exactamente la misma que por lo general usó la Septuaginta traduciendo la hebrea “baním ubanot”, por ejemplo, en Génesis 5.4, “juiós kái thugatéras”. En síntesis, la expresión “hijos e hijas” es propia del Antiguo Testamento.

Concluiremos mañana. Bendiciones!

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Herencia de Jehová son las hijas ¿Quién dijo eso?

Reflexión en perspectiva de género, según el Salmo 127.3 (parte I)

Introducción: Un error muy común cometido por las personas que se acercan a la Biblia es que piensan que ésta, más bien los libros que la componen, se escribieron en un contexto histórico y sociocultural idéntico al suyo, al nuestro.

Este error lleva a las personas a leer los textos bíblicos como si estos se hubieran escritos bajos la perspectiva suya, y como si los textos bíblicos hubieran surgido en unos contextos socioculturales que tuvieran en común con nosotros, la forma básica de organizar su mundo, la familia, la sociedad, y la forma de concebir la relación hombre-mujer, tanto en el plano del compromiso de pareja, como en sentido general.

Comparto este comentario basado en el Salmo 127.3, dando por sentado que nosotros, para nuestro análisis, no ignoraremos los grandes abismos que existen.

Por ejemplo, Henry A. Virkler menciona cuatro “abismos” en su obra titulada “Hermenéutica” (Publicada por Editorial Vida, 1980, páginas 16 y 17), a saber: 1) el abismo histórico; 2) el abismo cultural; 3) el abismo lingüístico; 4) el abismo filosófico. El primero tiene ver con la separación entre las circunstancias históricas en las que surgieron los textos bíblicos, y en las que nos encontramos nosotros (as). El segundo apunta a las grandes diferencias que existen entre los ambientes en que surgieron los textos bíblicos y el mundo del lector (a). El tercero refiere a que los textos bíblicos originalmente surgieron en idiomas muy distintos a los nuestros. Finalmente, el cuarto se relaciona con las diferencias que tenemos nosotros (as) con las de los textos bíblicos y sus autores, en cuanto a los conceptos de la vida, la naturaleza, la vida, la muerte, la existencia misma y, en general, con las formas de ver y organizar nuestro mundo.

Siendo así las cosas, iniciemos, pues, nuestra aventura.
I) La expresión “herencia de Jehová son los hijos” en algunas versiones de la Biblia.

Vale aclarar, que para nuestro análisis, no será importante el cómo la versión hace al sagrado nombre, si Jehová, Jehová, Yahvé, Yavé, Yahveh, Yahweh, YHWH, Señor, el Eterno, Hashem, etc. Lo que nos interesa es la expresión “son los hijos”.

Reina Valera 1909 "He aquí, heredad de Jehová son los hijos"

Reina Valera 1960 "He aquí, herencia de Jehová son los hijos"

Reina Valera 1995 "Herencia de Jehová son los hijos"

Versión Popular Dios Habla Hoy "Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Señor"

Nueva Versión Internacional “Los hijos son una herencia del Señor"

Santa Biblia, Palabra de Dios para todos “Los hijos son la herencia que nos da el Señor”

La Biblia de las Américas “He aquí, don del Señor son los hijos”

Biblia de Jerusalén “La herencia de Yahvé son los hijos”

La Biblia de Jerusalén Latinoamericana "La herencia de Yahvé son los hijos”

La Sagrada Biblia traducida de la Vulgata Latina “Sabedlo: don del Señor son los hijos”

La Nueva Biblia Española “El Señor como herencia te dará hijos”

Esta breve comparación pone de manifiesto que, por lo menos las versiones aquí citadas, han coincidido en traducir de una forma un tanto ambigua e imprecisa, induciendo a error al lector (a) común de la Biblia.

Por un lado, es cierto que en nuestra cultura hispánica y latinoamericana es muy común, quizás demasiado común (en un uso sexista de la lengua), el que usemos la expresión “los hijos” para hacer referencia, sin distinción a nuestros nacidos y nuestras nacidas. Pero la pregunta es, ¿ocurre lo mismo en el contexto hebreo en que surge el texto en cuestión? ¿Estaba pensando el autor o autores del Salmo 127 sólo en los hijos varones, o estaba (n) pensando también, de manera inclusiva, en varones y hembras, en los hombres y en las mujeres?

Desde ya, les digo que este es el centro de la problemática que me he propuesto analizar en este artículo: ¿Hace referencia el Salmo 127.3 sólo a los hijos varones o por igual a los hijos y a las hijas?

viernes, 12 de noviembre de 2010

Papel de la mujer: hogar, sociedad e iglesia

Principios para una reinterpretación (y VIII)

Aportes de los dos relatos del Génesis a la antropología
teológica (antropología bíblica III)


Si se quisiera explicar que la distinción de género (masculino y femenino) está en la misma esencia del ser humano, que no es un asunto circunstancial, opcional o patológico en el ser humano; sino que formó parte de los designios originales del creador cuando se propuso poner en existencia al ser humano, ¿a cuál relato se tendría que apelar?

Respuesta: Al primero, el de Génesis 1.1-2.3. Génesis 1.27, afirma de manera precisa que al género humano (hebreo “adám”; griego “ánthropos”), Dios lo hizo a su imagen y semejanza, “varón” (hebreo “zajar”; griego “ársen”) y hembra (hebreo “nequebáh”; griego “thélu”)[1] .

3) Si se tuviera que argumentar que, a la luz de la creación, la relación heterosexual es la adecuada, la ideal, y la que cumple con la posibilidad y necesidad de la reproducción y subsistencia del género humano, ¿a cuál relato se apelaría?

Respuesta: Al primero, el de Génesis 1.1-2.3. Aunque ciertamente, por lo que leemos en Génesis 2.18-24, es correcto decir que también el relato de Génesis 2.4-25 supone la relación e intimidad heterosexual.

4) ¿Es posible argumentar sobre el valor de la relación íntima entre el hombre y la mujer sin el relato de Génesis 2.4-25?

Respuesta: Efectivamente. El primer relato claramente afirma: “fructificad y multiplicaos” (Sean fructíferos y multiplíquense) Génesis 1.28. Supone la relación e intimidad sexual entre el varón y la mujer.

5) ¿Cuál de los dos relatos de la creación favorece una visión de la mujer como simple objeto sexual y complementario?

Respuesta: El segundo, el de Génesis 2.4-25. Véase Génesis 2.18-23[2]. Además, consideremos la expresión “ayuda idónea”.

La expresión hebrea que se ha traducido “ayuda idónea” (Génesis 2.18, 20, “ezer kenegdó”), literalmente significa “ayuda o apoyo semejante y conforme al varón”, “parecido a él”, “de la misma naturaleza que él”. Dicha expresión señala a la mujer como un ser creado parecido al varón con el fin de ser su ideal complemento.

Lo curioso es que no encontremos la afirmación de que el varón sea el complemento ideal de la mujer, de que él sea la ayuda idónea para ella. Esta idea no se desarrolla porque según Génesis 2.18-23 (véase), al margen de la perspectiva de Génesis 1.26-28 (véase), la mujer procede del varón: él no salio de ella, sino ella de él. A pesar de esto, nótese el pensamiento de Pablo, hasta cierto punto innovador, cuando afirma “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; 12porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” Obviamente, Pablo, igual que muchos hoy, ignora la perspectiva de Génesis 1.26-28, y se fundamenta sólo en Génesis 2.18-23.

6) ¿Cuál de los dos relatos de la creación favorece el concepto de la relación de la mujer con el hombre como una relación de tipo instrumental? Respuesta: El segundo, el de Génesis 2.4-25.

7) A la luz de Génesis 1.26-28, ¿qué actitud podemos asumir frente a la teología de 1 Corintios 11.7-9, y 1 Timoteo 2.12-13? Respuesta: Por un lado, una actitud de sospecha. De sospecha, pues se basa en un relato de la creación que si bien forma parte integral del texto final en que hemos recibido el Pentateuco; no obstante, comunica una visión que no es compartida por otro relato similar que igualmente forma parte integral del Pentateuco en su forma final (Génesis 1.1-2.3). Por otro lado, un análisis bíblico minucioso demuestra que el resto de la Biblia no se hace eco de la perspectiva del relato de Génesis 2.4-25, excepto 1 Corintios 11.7-9 y 1 Timoteo 2.12-13.

8) ¿Qué actitud podemos asumir frente a la teología del relato de Génesis 2.4-25? Por un lado, una actitud de sospecha. De sospecha pues no es la única perspectiva que nos da el Génesis, ya que esta versión ofrece unos detalles que son irreconciliables con la versión que encontramos en Génesis 1.1-2-3. Por otro lado, una actitud de respeto, pues se basa en una versión de la creación que aunque cuenta con un minúsculo respaldo por parte del resto de los libros que conforman la Biblia; no obstante, no se puede negar que nos ha llegado como parte incuestionable de la forma final en que hemos recibido el Pentateuco, y de manera más precisa, el libro de Génesis.

9) Si se quisiera destacar la diferencia radical entre el ser humano y los animales, a pesar algunas similitudes que tiene en común con ellos, principalmente con los llamados animales superiores, ¿a cuál relato se tendría que apelar? Respuesta: Al primero, el de Génesis 1.1-2.3.

10) Si se quisiera dar una explicación de la familiaridad (aspectos y funciones comunes) del ser humano con los animales, ¿a qué relato apelaría?

Respuesta: Al segundo, el de Génesis 2.4-25. Este relato describe propiamente al hombre, el varón, y por asociación también a la mujer, como “seres vivientes” Génesis 2.7.

11) Si se necesitara ofrecer una explicación, desde la perspectiva de la creación, sobre la capacidad del ser humano de producir el desarrollo cultural y civilizarse, ¿a cuál relato se apelaría?

Respuesta: Al primero, el de Génesis 1.1-2.3. Considérese a Génesis 1.28.

12) Si se quisiera plantear que la creación es esencialmente buena, a pesar de los desastres y situaciones problemáticas de la que es testigo la historia, ¿a cuál relato se apelaría?

Respuesta: Al primero, el de Génesis 1.1-2.3. Considérese a Génesis 1.31.

Conclusión:

Toda corriente teológica que asuma la idea de que la mujer fue creada con posterioridad al varón, para justificar luego un trato discriminatorio contra la misma (en el hogar, la sociedad y la iglesia), debe ser consciente principalmente de tres cosas:

1) La naturaleza y proceso histórico que le ha dado al Pentateuco su forma final.

2) Que no se apoya precisamente en la “teología de la creación”, en el “orden de la creación”, sino propiamente en el orden de la creación que sustenta un relato de dos que hay en el Génesis.

3) Que los pasajes del Nuevo Testamento que colocan a la mujer en una desventaja con relación al hombre, simplemente se hicieron eco de la teología del relato de Génesis 2.4-25.

Teniendo en claro estas tres cosas, creo que cabe esperar el que se asuma una postura crítica frente a la tradicional forma de ver y situar a la mujer (en el hogar, en la sociedad y en la iglesia). Igualmente aspiramos a que, por lo menos, se moderen las posturas más radicales de algunas teologías y políticas eclesiales.



[1] Resulta interesante el resultado de una comparación de los términos hebreos que se usan para señalar al hombre y a la mujer en Génesis 1.27 y 2.23. Mientras que en Génesis 1.27 se habla de “varón” (hebreo “zajar”) y “hembra” (hebreo “nequebáh”); en Génesis 2.23 se habla del “varón” (hebreo “ish”) y “varona” (hebreo “isháh”). En Génesis 2.23, en coherencia con la teología del relato, que asume que la mujer procede del varón, se nota la intención del autor de identificar a la mujer con un nombre que deriva su forma de la del varón. Sin embargo, no se percibe esa intención en Génesis 1.27.

[2] Dado la relación del versículo 24 con el 23, el texto hebreo no usa la palabra hebrea genérica “hombre” (hebreo “adám”) en el versículo 24, sino “varón” (hebreo “ish”). Este matiz del hebreo no ha sido tomado en cuenta por la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, pues han mantenido la palabra genérica “hombre” en dicho versículo, como si el hebreo dijera “adám”. También la Septuaginta refleja la misma situación que la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, ya que extrañamente ha traducido, en el versículo 24, el hebreo “ish”(“varón”) con la palabra genérica “ánthropos” (hombre, género humano), y no con “anér” (varón ), como se esperaría. Esta última, “anér” (varón) es más específica, pues refiere propiamente a un ser humano de sexo masculino. Una notable excepción lo constituye la Biblia hebreo-español, cuando dice “por eso dejará el varón”….

Papel de la mujer: hogar, sociedad e iglesia

Principios para una reinterpretación (Parte VII)

Aportes de los dos relatos del Génesis a la antropología teológica (antropología bíblica II)

Algo que le puede originar cierta confusión al que lee a 1 Corintios 11.7 es que la versión Reina Valera de 1960 tiene una nota que indica que 1 Corintios 11.7 hace referencia a Génesis 1.26. Lo penoso es que Génesis 1.26 no da base para el argumento que Pablo ofrece. En el texto hebreo, la palabra que la Reina Valera tradujo “hombre” es “adám”, que si bien en ciertos pasajes de manera específica hace referencia al “varón” (por ejemplo Génesis 4.1); sin embargo, no es el caso aquí. La Septuaginta tradujo con la palabra “ánthropos”, término que si bien puede hacer referencia específicamente al “varón”, generalmente tiene un uso genérico, como aquí. Precisamente de esta palabra viene “antropología” que consiste en un estudio del género humano, no sólo del “varón”.

No quiero cerrar esta sección sin profundizar un poco más en la teología de 1 Corintios 11.7.

La creación de la mujer que resulta de un único acto creativo y deliberado del creador de poner en existencia al género humano, en el relato de Génesis 1.1-2.3, Génesis 1.26-27, contrasta con la forma en que el relato de Génesis 2.4-25 explica el origen de la mujer. En este último relato la existencia de la mujer entra en escena por la necesidad de compañía que tenía el varón (Génesis 2.18-23). De esta idea se serviría posteriormente Pablo para decir que la mujer fue creada por causa del varón, pero no al revés (1 Corintios 11.9).

Además, mientras que en el relato de Génesis 1.1.2-3, la existencia del género humano (varón y hembra) se explica de manera directa en el deseo y designio del creador (los dos salen de la mano de Dios); en el relato de Génesis 2.4-25, la existencia de la mujer se liga estrechamente a la existencia previa del varón, pues ella viene a la vida por medio una costilla del cuerpo del varón.

Esta concepción servirá para fundamentar la idea de que el hombre (el varón) es imagen de Dios, y la mujer gloria del hombre (compárese 1 Corintios 11.7). Es como si se dijera que Dios, por poner al hombre (al varón) en existencia, es el que puede presumir de él (del hombre o varón); pero el hombre (el varón), como a partir de su existencia es que viene la de la mujer, él puede presumir de la misma.

Profundizando un poco más, quiero decir que en el texto griego de 1 Corintios 11.7, la expresiones “de Dios” (respecto del varón) y “del hombre” (respecto de la mujer), existen algunas dificultades. Por ejemplo, ¿con qué tipo de genitivo se han de traducir y entender las expresiones “de Dios” (con relación al hombre) y “del hombre” (con relación a la mujer)?

El mismo contexto nos ayuda. En los versículos 8 y 9 de 1 Corintios 11, encontramos dos afirmaciones que son de vital importancia para entender lo que dice el versículo 7.

El versículo 9 afirma que “el varón no fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”.

El versículo 8 afirma “porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón”.

Luego, es natural que el versículo 7, presuponiendo los argumentos de los versículos 8 y 9, llegue a la conclusión de que la mujer es gloria del varón, sin que se pueda decir lo mismo respecto del hombre con relación a la mujer.

El argumento se construye de la manera siguiente: 1) La mujer fue creada por causa del varón (la existencia del segundo elemento «la mujer» viene a satisfacer una necesidad del primero; sin embargo, aunque esto pareciera otorgar cierta importancia a su existencia no es así, ya que el factor que marca y determina su naturaleza, existencia y la manera de concebirla, es el elemento que existió primero «el varón».

Consecuencia, el primer elemento «el varón» explica y hasta determina el origen del segundo elemento «la mujer»; pero el segundo elemento no puede determinar o explicar la existencia y origen del primero). 2) La mujer fue creada a partir del varón, procede de él (el origen de la mujer se encuentra en la existencia previa del varón). 3) La mujer es gloria del varón. En otras palabras, es en el varón (en su naturaleza y existencia) donde la mujer halla explicación a la naturaleza y existencia suya; por eso ella es, en cierto sentido, algo propio de él (del varón).

Esta argumentación sustentada en el relato de Génesis 2.4-25, pero que no es apoyada por el relato de Génesis 1.1-2.3, coloca a la mujer en una situación de desventaja y desigualdad con relación al varón.

Conclusión: el texto hebreo y el texto griego de Génesis 1.26 no ofrecen apoyo para la conclusión a la que Pablo llega en 1 Corintios 11.7. Además, el uso de la palabra “hombre” en sentido genérico, es el mismo en los versículos 26 y 27 Génesis 1, en ambos casos se habla del género humano.

La nota al pie de página que tiene la Versión Popular Dios Habla Hoy de estudio en 1 Corintios 11.7, me da la razón: “Pablo parece basar su argumento en Génesis 1.26-27, aunque en ese pasaje la palabra hebrea traducida por hombre se refiere al género humano e incluye a ambos sexos como creados igualmente a la imagen de Dios”.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Papel de la mujer: hogar, sociedad e iglesia

Principios para una reinterpretación (Parte VI)

Conclusiones a la luz de los dos relatos de creación

a) A luz del relato de la creación de Génesis 2.4-25, es específicamente al hombre, al varón, a quien se le da la responsabilidad de desarrollar cierta mayordomía; pero específicamente en el jardín en que fue colocado por Dios (no tiene este relato los matices más universalitas que encontramos en el relato de Génesis 1.1-2.3).

b) A la luz del relato de Génesis 1.1-2.3, es al ser humano, varón y hembra, hombre y mujer, a quien se le da por igual la capacidad de ejercer cierta mayordomía sobre la creación, y con unos matices más universalistas que el relato de Génesis 2.4-24. En el relato de Génesis 2.4-25 la mayordomía se circunscribe al huerto (Génesis 2.15). En el relato de Génesis 1.1-2.3, la mayordomía es sobre toda la tierra (Génesis 1.28).

c) A la luz del relato de Génesis 1.1-2.3, el ser humano (varón y hembra, hombre y mujer) es imagen y semejanza de Dios, el creador (Génesis 1.26-28).

d) A la luz del relato de Génesis 2.4-25, el ser humano se parece más bien a los animales (considérese Génesis 2.7, luego Génesis 1.20, 21, 24). Aunque en Génesis 2.7 se habla específicamente del varón y no se dijo tal cosa cuando, según este relato, se puso en existencia a la mujer; no obstante, la afirmación de Génesis 2.23 (Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada), demanda que lo que se dijo respecto del hombre (el varón), se aplique por igual a la mujer.

e) Con relación a Jesús, podemos decir que cuando trató el tema del matrimonio y el divorcio, apela en primer lugar al relato de Génesis 1.27, para enfatizar el ideal de la pareja y matrimonio humano: un hombre, una mujer, y en segundo lugar, apela al relato de la creación de Génesis 2.4-25 para explicar el hecho de que el hombre deje su casa paterna para cumplir con el ideal que plantea el relato de Génesis 1.27, 28.

Aportes de los dos relatos del Génesis a la antropología teológica (antropología bíblica).

A la luz de los dos relatos de la creación, propongo una serie de preguntas que pueden ser de mucha ayuda para la evaluación de la dependencia de la teología bíblica de dichos relatos. Estas preguntas también pueden servir de guía y marco de referencia para la pastoral, el testimonio, compromiso y praxis cristiana.

1) Si un estudiante de la Biblia fuera a buscar sustentación bíblica para argumentar sobre la dignidad y valor del ser humano (varón y hembra, hombre y mujer) como imagen de Dios, ¿a cuál de los dos relatos apelaría?

Respuesta: Al primero, el de Génesis 1.1-2.3. Porque Génesis 1.27, traduciendo la palabra hebrea “adám” en un lenguaje no sexista, sino inclusivo, como “ser humano” (que es el sentido del hebreo aquí) demuestra, contrario a lo que plantea 1 Corintios 11.7, que la mujer (no sólo el hombre o varón) es imagen de Dios.

martes, 9 de noviembre de 2010

Papel de la mujer: hogar, sociedad e iglesia

Principios para una reinterpretación (Parte V)

Eco y resonancia de los dos relatos de la creación en el resto de la Biblia

¿Cuál relato tuvo mayor resonancia el resto de la Biblia? ¿El de Génesis 1.1-2.3 o el de de Génesis 2.4-25?

a) La expresión bíblica “varón y hembra” concuerda y sólo es congruente con el relato de Génesis 1, consideremos los siguientes pasajes:

Génesis 1.27: Y creó Dios al hombre (ser humano) a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Pregunta: ¿Habla este pasaje de dos actos de creación? No.

Génesis 5.2: Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.

Pregunta: ¿Habla este pasaje de dos actos de creación? No.

Mateo 19.4: Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?

Pregunta: ¿Habla este pasaje de dos actos de creación? No.

Marcos 10.6: Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.

Pregunta: ¿Habla este pasaje de dos actos de creación? No.

b) Hay pasajes bíblicos en los que el lenguaje sexista ha originado la traducción “hombre” u “hombres” cuando el contexto demanda la traducción “ser humano” o “seres humanos”. Este tipo de traducción favorece la interpretación de que la mujer no estaba presente en ciertas declaraciones a pesar de que realmente siempre estuvo ahí.

Génesis 1.27: Y creó Dios al hombre (ser humano) a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Génesis 5.1: Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre (ser humano, varón y hembra), a semejanza de Dios lo hizo.

Génesis 9.6: El que derramare sangre de hombre (de ser humano), por el hombre (ser humano) su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre (ser humano, varón y hembra).

Deuteronomio 4.32: Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre (ser humano, varón y hembra) sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella.

Santiago 3.9: Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres (seres humanos, varones y hembras), que están hechos a la semejanza de Dios.

La evidencia que aportan estos pasajes es que en ellos subyace la idea de un solo acto creativo, pues reflejan la perspectiva del relato de la creación de Génesis 1.1-2.3.

c) La evidencia bíblica demuestra que, a pesar de Génesis 2.4-25, 1 Corintios 11. 12 a, 1 Timoteo 2.13, el punto de vista que trasciende en la Biblia es que el ser humano (varón y hembra) fue creado en un mismo y solo acto creativo:

Génesis 1.27: Y creó Dios al hombre (ser humano) a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Génesis 5.1: Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre (ser humano, varón y hembra), a semejanza de Dios lo hizo.

Génesis 5.2: Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.

Deuteronomio 4.32: Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre (ser humano, varón y hembra) sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella.

Mateo 19.4: Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?

Marcos 10.6: Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.

La evidencia que nos aportan estos pasajes bíblicos también nos permite decir otras cosas. Por un lado, que la base para sostener que la mujer fue creada también a la imagen de Dios sólo la da el relato de la creación de Génesis 1.1-2-3; el relato de Génesis 2.4-25, prácticamente hace imposible decir tal cosa.

Por otro lado, que la ocasión en que Jesús trató el tema del divorcio, y su visión del matrimonio, toma como base la idea de que en un único acto creativo Dios hizo al se humano varón y hembra; lo único que toma del segundo relato es que “el hombre dejará padre y madre y se unirá a su mujer”.

Esto significa que si vamos a establecer, por ejemplo, el punto de vista de Jesús sobre la creación del hombre y la mujer, ajustándonos al testimonio escrito en los evangelios, es que Jesús entendía que el hombre y la mujer fueron creados el mismo día, en un mismo y único acto de creación, como lo afirma el relato de la creación de Génesis 1.1-2.3.

Es más, para ser más precisos e irnos al fondo de la cuestión, a la luz del relato de la creación que tenemos en Génesis 2.4-25, ni siquiera se podría decir que el hombre (propiamente el varón) fue creado a la imagen de Dios, pues en éste no se afirma tal cosa. Además, dicho relato describe al ser humano (después de que Dios sopló aliento de vida en él), como un simple “ser viviente”. Lo interesante es que la expresión “ser viviente”, en el relato de Génesis 1.1-2-3, refiere principalmente a los animales (considérese Génesis 1.20, 21, 24; 9. 10, 12, 15; Levítico 11. 46; Apocalipsis 4.7.

En consecuencia, podemos decir que a la luz de Génesis 1, el ser humano (varón y hembra) es imagen de Dios; a la luz de Génesis 2, el ser humano (propiamente el varón) es “un ser viviente”.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Papel de la mujer: hogar, sociedad e iglesia

Principios para una reinterpretación (Parte IV)

Dos relatos de creación y no uno

Aunque quizás muchos no lo hayan notado, ciertamente no hay un solo relato de la creación, sino dos. El primero lo encontramos en Génesis 1.1-2.3 (este corresponde a la llamada “tradición sacerdotal”, considerada la más reciente). El segundo relato lo encontramos en Génesis 2.4-25 (este corresponde a la llamada “tradición yahvista”, considerada la más antigua).

Generalmente es común encontrar a comentaristas bíblicos que tratan de minimizar las diferencias entre estos dos relatos y sus implicaciones para la teología bíblica. Sin embargo, un análisis profundo y serio del libro de Génesis y de estos dos relatos, deja ver matices importantes, y la manera en que cada relato ha servido para una teología posterior sustentada en ellos.

Lo cierto es que cada relato tiene su propia teología y persigue sus propios objetivos. Esto es algo que esperamos destacar en este trabajo. También la manera en que el mismo libro de Génesis y el resto de la Biblia se utilizaron ambos relatos.

El primer relato lo encontramos en Génesis 1.1-2.3. El segundo en Génesis 2.4-25. Sin embargo, tengo que decir que existe prácticamente un consenso entre los estudiosos y especialistas en el campo del Antiguo Testamento, en considerar el relato de la creación de Génesis 2.4-25 como el más antiguo, aunque en la forma final del libro de Génesis aparece como el segundo.

Desde este punto de vista, significaría que el relato de Génesis 1.1-2.3 constituiría una relectura, una reinterpretación, una adecuación y hasta corrección del relato de Génesis 2.4-25. Por razones de espacio, y los objetivos de este trabajo, me voy a concentrar en el análisis de la situación en que cada relato coloca a la mujer.

Para el relato de Génesis 1.1-2.3 el hombre y la mujer fueron creados en un mismo y único acto de creación (véase Génesis 1-26-28). Para el segundo relato el hombre (el varón) fue creado primero, y posteriormente la mujer (véase Génesis 2.18.23).

Eco y resonancia de los dos relatos de la creación en el resto del Génesis

¿Cuál relato tuvo mayor resonancia
? Un análisis detenido demuestra que ciertamente la idea dominante en todo el libro de Génesis es la perspectiva o punto de vista que comunica el primer relato de la creación, el de Génesis 1. Consideremos la evidencia:

Génesis 5: 1 - Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al ser humano (varón y hembra), a semejanza de Dios lo hizo.

Génesis 5:2 - Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.

Génesis 9:6 - El que derramare sangre de hombre (ser humano), por el hombre (ser humano) su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre (el ser humano).

La verdad es que no encontramos en el mismo libro de Génesis la confirmación o referencia alguna a la idea de que Dios hizo a la mujer con posterioridad a la creación del hombre o varón.

En conclusión, por la evidencia que nos da el libro mismo de Génesis, tenemos que concluir en que en el resto del mismo libro de Génesis, cuando se alude a la creación del hombre y la mujer, se hace referencia al la terminología y forma del relato de Génesis 1.1-2.3, y no al relato de Génesis 2-4-25.

En la próxima sección abordaremos las posibles referencias que podemos encontrar en el resto de la Biblia a los dos relatos de creación que nos proporciona el libro de Génesis.

Hasta mañana, con la ayuda de Dios.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Papel de la mujer: hogar, sociedad e iglesia

Principios para una reinterpretación (parte III)

Otras puntualizaciones importantes con relación al Pentateuco: El fenómeno de las relecturas (otros hablan más bien del “sentido pleno”

La crítica literaria nos advierte que “un texto normal, escrito en forma continua y por un mismo autor, resulta claro y coherente. Otro, producido con intervalos, en situaciones diversas, o complementado por nuevas manos, será discontinuo y revelará rupturas, tanto de pensamiento como de lenguaje”Métodos exegéticos, por René Kruger, Severino Croato y Néstor Míguez, publicado por el Instituto superior evangélico de estudios teológicos ISEDET, 1996, página 109).

Es la crítica literaria misma la que orienta al reconocimiento de las relecturas; cuando se lee con atención un texto y se observan transiciones de estilo, vocabulario o ideas (lo último es esencial), hay que sospechar, y luego confirmar, la existencia de una reinterpretación del mensaje transmitido.

Desde el punto de vista literario composicional, la relectura puede estar en el centro, en ambos extremos, o solo al final, y en los textos proféticos suele ser de signo positivo, por cuanto la antigua palabra de juicio y condenación se relee desde una situación de sufrimiento o de nueva esperanzas”.

Raymomd Brown, citado por Luciano Jaramillo, describe el “sensus plenior” (sentido pleno) como “el sentido adicional más profundo, pretendido por Dios, pero no buscado necesariamente por el autor humano. Este sentido está contenido en el texto bíblico o en un conjunto de textos y aun en un libro completo de la Biblia; y aparece cuando se estudia a la luz de posteriores revelaciones y desarrollos de la historia y la revelación bíblica” (1) Ahora entiendo la Biblia, publicada por Editorial Vida, año 2005, página 151).

Algo que puede complicar la adecuada comprensión del fenómeno de “las relecturas” es el hecho de que en algunos casos, la versión de la “relectura” y no el relato más antiguo es el que, en la forma final del libro o de la misma Biblia, puede quedar en primer lugar.

Por ejemplo, de los dos reatos de la creación que nos han llegado en el libro de Génesis (1.1-2.3 y 2.4-25), podemos decir que existe el consenso entre los especialistas en considerar que el relato de Génesis 2.4-25 es el más primitivo, y no precisamente el que leemos en Génesis 1.1.2.3. Luego, aunque está al principio del libro de Génesis, el relato de la creación que se lee en Génesis 1.1-2.3 es una relectura del de Génesis 2.4-25.

Algo parecido se da también el en Nuevo Testamento. Una tesis sustentada por la mayoría de los especialistas en el campo de los estudios bíblicos en el Nuevo Testamento, es que Marcos, el segundo en el orden en que los tenemos en nuestras Biblias, fue el primer evangelio canónico en ser escrito. Luego le seguirían Mateo, Lucas y, finalmente, Juan.
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(1) Una idea estrechamente ligada al concepto del “sentido pleno” es que la revelación de Dios es progresiva, y por esta razón ciertas verdades y afirmaciones anteriores pueden percibirse y entenderse de una manera más clara posteriormente. Lo que no está claro es si admiten que la relectura o nuevo sentido suponga una actitud crítica frente a la afirmación anterior o más antigua.

Por otro lado, si habrá que asumir también una postura crítica frente al manejo y a la forma en que el lector y autor del Nuevo Testamento se acerca e interpreta el Antiguo Testamento. Estos aspectos son de vital importancia en la labor de una verdadera teología bíblica del Antiguo Testamento y una verdadera teología bíblica del Nuevo Testamento.