viernes, 17 de junio de 2011

El que hurtaba ya no hurte más, Pero... (1 de 3)

Teología y texto bíblico: Un análisis a manera de ejemplo

Un hecho que aparentemente no necesita demostración es que el mensaje que comunica un texto está sujeto a la forma y estructura en que dicho texto fue elaborado por su autor o autora. Claro está, hay textos que manifiestan una elaboración más compleja que la de otros.

En consecuencia, el estudio básico de un texto supone el análisis gramatical o morfosintáctico del mismo, atendiendo a las características peculiares de la lengua en que lo leemos. En los casos de trabajar con un texto traducido (característica general de los textos bíblicos), estamos llamados a tratar de conocer el texto tal cual nos ha llegado en su lengua original (siempre que sea posible, pero no deja de ser un valioso ideal).

El análisis del texto como construcción lingüística y literaria (sujeto a una determinada gramática o morfosintaxis), nos permite constatar si el lenguaje empleado es llano, o si hay alguna figura literaria en el texto que amerite alguna atención especial. También nos permite verificar si las palabras se están empleando en su sentido corriente o en un sentido figurado.

Por otro lado, el análisis estructural o semiótico nos invita a considerar algunas estructuras especiales (superficiales y profundas) que no se deben ignorar, que tienen una importancia trascendental al momento de tratar de explicar cómo es que un texto produce su sentido.

Lo ya dicho, obviamente, se ha de aplicar con igual rigor a los textos bíblicos y la teología que se supone comunican. Por lo tanto, una inadecuada o mala lectura de un texto bíblico nos expone a la triste condición de comunicar una idea equivocada respecto de su mensaje, enseñanza o teología.

Ahora bien, el hecho de asumir los textos bíblicos como «textos sagrados», textos con una importancia religiosa y espiritual capital (textos normativos); ha imposibilitado el que en muchas ocasiones los textos bíblicos sean tratados como lo que en esencia son: textos lingüísticos y literarios (hijos de su tiempo, propios de un determinado contexto geográfico y de un determinado marco cultural). Es más, muchas veces se ha pensado y, son muchas las personas que entienden, que el someter los textos bíblicos a ciertos tipos de análisis va en contra de su naturaleza y de su carácter. Cierto es que para nosotros los textos bíblicos tienen el carácter de sagrados, pero al final, textos son.

De todos modos, a manera de ilustración, me propuse en esta ocasión llamar la atención sobre un texto bíblico (aplicándole un sencillo análisis gramatical) que en muchas ocasiones personalmente he visto que se lee muy mal, y en consecuencia se ha dicho que afirma algo, cuando en realidad sostiene otra cosa.

Continuará.

¡Bendiciones!

sábado, 11 de junio de 2011

Pentecostalismo y Pentecostés: Varias hipótesis

Al llegar al domingo 12 de junio, fecha en la que en el calendario litúrgico de muchas iglesias protestantes se celebrará la fiesta de «Pentecostés», en concordancia con el calendario litúrgico de la Iglesia Católica y la iglesia Ortodoxa Griega; son muchas las reflexiones teológicas, misionales y prácticas que se están inspirando en dicha festividad. También se estarán celebrando algunas actividades especiales en dicho contexto.

Pero una nota curiosa y un tanto paradójica es que dentro del ambiente de las iglesias que se identifican así mismas como «pentecostales» (de las que posiblemente se esperaría una mayor identificación con esta fiesta por el nombre y algunos matices doctrinales), tradicionalmente esta celebración pasa prácticamente sin pena ni gloria. ¿Por qué será?

Una posible explicación es la estrecha relación que tiene la celebración de «Pentecostés» en el calendario litúrgico (50 días después) con la celebración de la versión cristiana de la pascua judía, o sea, la llamada «Semana Santa» como parte de la cuaresma. En consecuencia, si se relativiza y se expresan desacuerdos con la primera (la Semana Santa y la cuaresma en general), es lógico que se relativice y difícilmente se esté de acuerdo con la celebración de la segunda (Pentecostés).

Otra posible explicación, conectada también con la anterior, es que, si con respecto a la primera (Semana Santa, cuaresma) se entiende que no hay un mandato bíblico que ordene su celebración; lo mismo se dirá respecto de la segunda. Este argumento también puede explicar, en parte, el por qué de la aparente indiferencia de muchos grupos pentecostales ante la celebración de la fiesta de «Pentecostés» como parte del calendario litúrgico cristiano.

De todos modos, al margen de la referida indiferencia, es preciso admitir, por un lado, que los mismos grupos pentecostales entienden que «Pentecostés» es un punto de referencia vital para el cristianismo como tal. Por otro lado, que el relato de lo ocurrido en «Pentecostés» es una referencia obligada por lo menos para la mayoría de los grupos pentecostales, en lo referente a su Neumatología (doctrina del Espíritu Santo).

Es de importancia y materia prima el relato de «Pentecostés» para la neumatología pentecostal, porque constituye el punto de partida para la común postura teológica pentecostal de ver y asumir el hablar en lenguas (en “otras lenguas”, para algunos sectores “lenguas angelicales”) como la primera expresión, manifestación o evidencia física del ser bautizadazo (a) con (o “en”) el Espíritu Santo.

Otra posible razón para la aparente indiferencia Pentecostal frente a «Pentecostés», es lo que podríamos llamar «catolización» (hacer o entender como propio de la Iglesia Católica) el origen y necesidad de la celebración de muchas festividades que conforman el calendario litúrgico cristiano. Entre estas, la navidad, la epifanía, la cuaresma y Semana Santa, Pentecostés, entre otras.

También nos es preciso reconocer que históricamente ha habido un gran sector del cristianismo protestante que entiende que tiene muy poco o nada en común con el cristianismo católico, al margen de las evidencias que nos proporciona la historia.

En consecuencia, dicho sector ha definido su ortodoxia en franca oposición al catolicismo. Por tal razón, si en un punto el catolicismo se dirige en dirección de la derecha, ellos toman la izquierda. Si la postura católica va en dirección sur, ellos irán en dirección norte, y así sucesivamente.

En este sentido, hay grupos protestantes que al margen de la cristología de la concepción de Mateo (1.18-2.23) y Lucas (2.1-52), no tienen una imagen positiva de la navidad.

Lo mismo puede decirse respecto de la Epifanía, a pesar de Mateo 2.1-12; 3.13-17; Marcos 1.9-11; Lucas 3.21-22; Juan 2.1-12.

En los mismos términos podemos expresarnos respecto de la cuaresma y la Semana Santa, a pesar de los relatos pascuales de la muerte y resurrección de Jesús en los cuatro evangelios.

Finalmente, algunos grupos comunidades evangélica no tendrán una visión positiva de la celebración de «Pentecostés», a pesar de Hechos 2.1-42; 20.16 y 1 Corintios 16.8.

Ahora bien, aunque es cierto que los grupos pentecostales entienden (como la generalidad de los grupos cristianos) que las bases de lo ocurrido en «Pentecostés» hay que buscarlas en la victoria de Jesús en la cruz (la Pascua, Semana Santa); es en «Pentecostés» donde las implicaciones de la victoria de Jesús en la cruz comienzan a tener una expresión concreta, especialmente en lo relativo a las más amplias pretensiones cristianas.

Es en la cruz donde se supone que Jesús obtiene su victoria (Efesios 2.11-22; Colosenses 2.8.23; 1 Corintios 15), y a la luz de dicha victoria es que puede fijar con plena autoridad la gran comisión como la tarea primordial de la iglesia (Mateo 29.18-20; Hechos 1.8; Romanos 10.8-21; 2 Corintios 5.11-21).

Es en «Pentecostés» donde, desde la perspectiva de Hechos, el movimiento propiamente cristiano, obtiene sus primeros adeptos, y halla bases para su pretensiones de universalidad, de ser un movimiento que habría de alcanzar todos los pueblos y culturas del globo terráqueo.

Es también en «Pentecostés» donde el naciente movimiento cristiano toma distancia respecto de una característica esencial del judaísmo: el carácter no expansionista de judaísmo. Ciertamente el judaísmo tradicional no muestra pretensiones expansionistas y de universalidad, pues sencillamente considera al pueblo hebreo como el pueblo elegido por Dios.

Para el judaísmo tradicional la forma de una persona entrar en contacto, rendirle culto y hacerse heredera de las promesas del Dios de Israel, es formando parte de la nación de Israel. En la medida en que no se es parte, o se no se logra formar parte de la nación de Israel (como “prosélito” o como “guer teshubá”), la persona no puede aspirar a ser una receptora de las promesas y bendiciones que el judaísmo entiende como derivaciones naturales de la relación que se tiene con su Dios. Relación que depende esencialmente de los compromisos que supone el pacto de Dios con Abraham, y la Torá recibida por medio de Moisés.

El cristianismo, por su parte, insiste en poner de relieve su carácter expansionista y de alcance mundial, en virtud del alcance mundial e implicaciones universales de la obra redentora de Jesucristo. Esta premisa, pues, demanda que todos los pueblos de la tierra reconozcan a Jesús como su Señor y salvador (1 Corintios 15.24-25; Filipenses 2.1-11; Apocalipsis 5.9).

Finalmente, al margen de las premisas que llevan a los grupos o comunidades cristianas a asumir posturas distintas frente a «Pentecostés»; lo cierto es que para el autor de Hechos, «Pentecostés» es un acontecimiento con carácter de constituyente para la comunidad cristiana primitiva.

Llama la atención el que la fiesta de «Pentecostés» haya sido asumida, en alguna forma, por las comunidades cristianas en el mismo NT. Consideremos dos textos a manera de ilustración:

“Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén” (Hechos 20.16)

“Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés” (1 Corintios 16.8)

Quiero concluir este artículo con las palabras de Federico Pastor Ramos, al comentar a Hechos 2.1-13, cito: “El Espíritu constituye al grupo de discípulos en testigos ante todos los pueblos, representados por los oyentes (Hechos 2.9, 11). No hay fronteras para la salvación. Todos están destinados a ella. La dimensión universal es bien clara. Y no sólo en cuanto a destino, deseo o posibilidad, sino como realidad presente. La misma salvación es entendida por todos, cada uno en su lengua.

La dimensión comunitaria es también muy importante en todo el pasaje. Un grupo recibe el Espíritu; un grupo lo anuncia y crea, a su vez, una comunidad de convertidos. El nuevo Israel se hace misionero al recibir el don del Espíritu. Se podría decir que con esta realidad nace la Iglesia o, al menos, nace pública y oficialmente, comenzando a anunciar a Jesús y su significado para todos los hombres” («Comentario al Nuevo Testamento», Hechos, página 349, La Casa de la Biblia).

¡Hasta la próxima!

viernes, 10 de junio de 2011

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (6 de 6)

Una nota al margen: ¿Para reflexionar o complicar las cosas?

¿Qué implicaciones tiene la mención de la figura del cuervo en Lucas 12.24 (así como Job 38.41; Salmo 147.7-9; 1 Reyes 17.4 y 6; Carta de Jeremías 6.45-53), para la teodicea, y el discurso que presupone la existencia de buenos y sanos propósitos del creador en todos y cada uno de los aspectos de su creación?

¿Existe la bondad en la cadena alimenticia, la cual supone que un ser depreda o devora a otro para su subsistencia, y en la cual el más grande o fuerte se alimenta del más pequeño o débil?

Para cerrar esta nota al margen, traigo a colación las palabras de Antonio Fernández Rañada («Los científicos y Dios», publicado por Editorial TROTTA, 2008): “Otro razonamiento muy usado, la quinta vía de Santo Tomás de Aquino (El gobierno de las cosas: Vemos que algunas cosas que carecen de conocimiento, esto es, los cuerpos naturales, obran con intención de fin…

Ahora bien, las cosas que no tienen conocimiento no tienden a un fin si no son dirigidas por algún cognoscente e inteligente. Luego existe algún ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a un fin; que es lo que llamamos Dios) se basa en la existencia de un plan en la naturaleza, que parece diseñado con una finalidad previa, idea conocida como teleología”

Continúa Fernández Rañada diciendo: “Si bien antes parecía un argumento especialmente sólido, el desarrollo de la teoría de la evolución biológica a lo largos de la enorme edad que hoy sabemos que tiene la Tierra le ha quitado su valor… Hasta se podría dar vuelta al argumento y considerar que algunos aspectos de nuestro mundo manifiestan un propósito malévolo por parte de su creador. Por ejemplo, ¿qué pensará una gacela de la maravillosa anatomía del leopardo o una paloma de la delicadísima aerodinámica del gavilán?” (Páginas 76 y 77). Y agrego yo, ¿qué pensarán del cuervo, sus victimas? ¿Pensarán que es Dios quien alimenta al cuervo?

Concluyo esta nota al margen, citando de nuevo a Antonio Fernández Rañada cuando explica las dos principales conclusiones de su libro «Los científicos y Dios». Cito: “La primera es que las relaciones entre ciencia y religión se han entendido a menudo de modo simplista, sin tener en cuenta que han sido muy variadas y de gran complejidad y riquezas. Einstein solía decir que para comprender bien algo «debe formularse en la forma más simple posible» y añadía «pero no más», pues al simplificar demasiado corremos el riesgo de confundirnos y no entender nada” (página 37).

“La segunda conclusión es que la ciencia y muchas formas de la religión son plenamente compatibles. Entiendo por ello que es posible aceptar las ideas de la ciencia de hoy y mantener a la vez, una postura religiosa sin caer en incoherencia o en falta de honestidad intelectual. Además, esta compatibilidad que defiendo es tal que la existencia de algún tipo de Dios o de alguna realidad trascendente no puede ni probarse ni refutarse desde la razón humana” (página 38).

Muchas gracias por la lectura y el seguimiento!

Hasta la próxima!

jueves, 9 de junio de 2011

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (5 de 6)

Aunque haya cosas y realidades difíciles de explicar, como el que no siempre logramos lo que nos propenso a pesar de haber empleado todas nuestras energías y estrategias; las palabras de Jesús no pueden entenderse como un llamado a la holgazanería o vagancia.

Una manera de ver la actitud positiva de Jesús hacia el trabajo es observando cómo adoptó la figura del trabajador (en distintos campos) para muchas de sus enseñanzas. Enseñanzas que nos a animan positivamente al trabajo, aunque en un contexto de fe y confianza en Dios. A manera de ilustración, consideremos los siguientes pasajes:

Mateo 13.24 “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo”

Mateo 13.31 “Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo”

Mateo 13.44 “demás, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”

Mate 13.45 “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas”

Mateo 13.47 “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces”

Mate 20.1 “Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña”

Marcos 4.3 “Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar”

Para concluir, quiero llamar la atención sobre dos ideas:

La primera es que, al escoger Jesús principalmente a sus doce discípulos, ninguno de ellos era vago u holgazán. Tampoco los escogió con limitaciones físicas para luego “curarlos” y finalmente asignarles alguna tarea. Obviamente, esto no implica el que la iglesia en su tarea misionera menosprecie a las personas discapacitadas, todo lo contrario; pero será ideal que personas igualmente discapacitadas puedan desarrollar un trabajo misionero y pastoral en esos contextos, por muchas razones que, por cierto, no voy a abordar ahora.

La segunda, que Jesús nunca utilizó la figura del vago como personaje con el cual podría establecer una comparación positiva y recomendable respecto del Reino de Dios.

Finalmente, cuado apeló a la figura del ladró, si bien para llamar la atención en lo concerniente a las expectativas que había que tener con relación a la venida del Hijo del hombre (Mateo 24.43: “Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa”); tenemos que admitir que si bien el robo no es recomendado por la Biblia, y que el ladrón tiene en la misma una imagen muy negativa; para los fines de este trabajo, hay que admitir que el ladrón, aunque en términos negativos, logró ser empleado por Jesús, a diferencia del vago u holgazán.

Después de todo, el robo es una actividad ilícita y repudiable, pero una actividad al fin. Activad que en la mayoría de los casos, supone una debida planificación y el tomarse sus riesgos. Lo penoso es que el vago no parece tomarse riesgo alguno, y aplicando la ley del mínimo esfuerzo, simplemente deja que las cosas pasen, y que de manera milagrosa, ocurran en su favor. Pero Jesús no nos invita a esto.

Tanto el ladrón como el holgazán son figuras detestables, pero por lo menos al ladrón sólo hay que darle otra dirección a la energía y el tiempo que dedica a sus fechorías (como recomienda Efesios 4.28), efectuando un cambio radical en sus valores; el problema con el vago y el holgazán es que estos no quieren aplicar energía alguna, y evitan muy bien todo tipo de fatiga, incluso la mínima deseable y productiva.

¡Hasta mañana si Dios nos lo permite!

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (4 / 6)

Si bien los tres pasajes mencionados en la publicación anterior en cierta forma favorecen la mención del cuervo por parte de Jesús, según Lucas; no es menos cierto que no es posible afirmar que Jesús habría citado la escritura del AT ya fuera directa o indirectamente.

Por otro lado, parezca extraño, el AT sostiene que Dios utilizó a cuervos para alimentar al profeta Elías en la cueva de Querit:

“2Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: 3Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 4Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. 5Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 6Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. 7Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra” (1 Reyes 17.2-7)

Con respecto a la suposición de que aquí (1 Reyes 17.4 y 6) la referencia es comerciantes árabes y no propiamente a los cuervos, me parecen valiosas al respecto, las palabras del Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, tomo I, el Antiguo Testamento, publicado por la Casa Bautista de Publicaciones: “La idea de que fuesen empleadas para dar de comer al profeta aves tan impuras y voraces ha parecido tan extraño a algunos que se han esforzado por hacer entender que los “orebim” (plural de “oreb”), que en nuestra versión se traduce “cuervos”, es la misma palabra que se usa en Ezequiel 27.27, que se traduce “comerciantes” o “árabes” (2 Crónicas 21.16; Nehemías 4.7), o los ciudadanos de Araba, cerca de Beth-shan (Josué 15.6; 18.18). Pero la traducción común es, en nuestra opinión, preferible a estas suposiciones; y si Elías fue milagrosamente alimentado por cuervos, es vano preguntar de dónde hallaron ellos pan y carne, porque en esto Dios los dirigía. Después del lapso de un año, el arroyo se secó, y esta fue una nueva prueba para la fe de Elías.”

Por otro lado, la suposición a la que reacciona el comentario citado, se deshace fácilmente cuando vemos que en realidad en Ezequiel 27.27, la palabra hebrea “orebé” u orebey” no es el gentilicio de Arabia (árabe: “arabí”), sino un participio constructo derivado del verbo hebreo “arab” y que significa: comerciar, traficar.

Retomando la situación de Lucas 12.24 y Mateo 6.26, me inclino a favorecer la versión de Lucas, atendiendo a los siguientes factores:

1) El texto griego de “la fuente «Q»” tiene la palabra cuervos y no aves.

2) A pesar de que el cuervo es considerado un animal impuro y abominable en el código mosaico; paralelamente se desarrolló una referencia positiva al cuervo tanto como recibiendo su sustento por parte del creador, y como siendo y actuando como instrumento suyo para alimentar al profeta Elías.

3) Al margen de los cuatro pasajes que se expresan en términos positivos respecto del cuervo; lo cierto es que la evidencia bíblica apunta a que en el AT mismo, no gozaba el cuervo de una imagen positiva en la mentalidad hebrea.

4) Parece que incluso para los cristianos (como a cualquier judío en sentido general) le sería más preferible usar la figura de un ave pura, que la figura del cuervo para hablar del cuidado providencial de Dios. Esta legítima sospecha podría explicar el que Mateo haya preferido evitar la alusión a los cuervos. Llama también la atención el hecho de que sólo en Lucas 12.24 se mencione la figura del cuervo en todo el NT.

5) En esta misma línea va la explicación de William Hendriksen (comentario al evangelio de Mateo) que aunque no se plantea analizar el contraste entre la versión de Lucas y la de Mateo; defiende la mención del cuervo en Lucas, apelando a la idea de que el cuervo junto a las demás aves inmundas, no es inmundo en la dispensación del NT. No obstante, no parece que Mateo pensara de esta manera. En todo caso, dicho argumento no se le puede aplicar a Jesús como tal, ni a los textos del AT que hablan positivamente del cuervo, ya que no eran propiamente cristianos.

6) Atendiendo, pues, al criterio de la «disimilitud», «discontinuidad», o «desemejanza», es más probable que la versión de Lucas sea la legítima, no la de Mateo.

Finalmente, algunas preguntas para la reflexión:

1) ¿por qué habría preferido Jesús emplear la figura del cuervo?

2) ¿Por qué habría decidido Jesús apelar a una figura negativa para comunicar una enseñanza positiva?

3) ¿Qué fue la figura del cuervo para el discurso de Jesús, un fin o un medio?;

4) Cuando Jesús dirigió su voluntad a buscar, escoger y elegir la figura del cuervo para su discurso (acto de habla), ¿no fue la figura del cuervo un fin, una meta?

5) Para los fines del discurso de Jesús, ¿no fue la figura del cuervo un medio? ¿Justifica, pues, el fin los medios?

¡Hasta mañana si Dios nos lo permite!

miércoles, 8 de junio de 2011

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (3 de 6)

Las palabras de Jesús que ahora nos ocupan, forman parte de la fuente de los dichos (logia) de Jesús, conocida como “la fuente «Q»”. Hecho que explica por qué no se lo encuentra en Marcos, en cambio sí en Mateo y en Lucas.

Precisamente el que no tengamos otra fuente que dé apoyo a la versión de Lucas ni a la de Mateo, dificulta el análisis. No obstante, pienso que hay formas de acercarnos a una conclusión plausible.

El dilema que nos presenta la presencia de “los cuervos” en Lucas, y la de “las aves del cielo” en Mateo; pienso que podemos encararlo de una manera adecuada apelando al principio o criterio utilizado en las ciencias históricas y en los llamados “métodos histórico-críticos”, el criterio de la «disimilitud». ¿En qué consiste, pues, el criterio de la «disimilitud»?

Una forma parafraseada de la definición que ofrece Antonio Piñero del criterio de la criterio de la «disimilitud», «discontinuidad», o «desemejanza», es la siguiente: “Ciertos dichos y hechos de Jesús pueden considerarse auténticos si se demuestra que no pueden derivarse del judaísmo antiguo o del cristianismo primitivo, o son contrarios a las concepciones e intereses de las dos religiones en cuestión” («Guía para entender el NT», página 169)

Y aquí nos preguntamos: ¿Qué es más probable, que sería más acorde con la mentalidad común? ¿Qué Jesús usara la figura del cuervo, o que Jesús usa la figura general de las aves? ¿En qué dirección podría ir la tentación de cambio? ¿De los “cuervos” a las “aves”, o de las “aves” a los “cuervos”?

A pesar de la imagen negativa de los cuervos, hay en el AT dos pasajes que favorecen la versión de Lucas:

“¿Quién prepara al cuervo su alimento,

Cuando sus polluelos claman a Dios,

Y andan errantes por falta de comida?” (Job 38.41)

“7Cantad a Jehová con alabanza,

Cantad con arpa a nuestro Dios.

8El es quien cubre de nubes los cielos,

El que prepara la lluvia para la tierra,

El que hace a los montes producir hierba.

9El da a la bestia su mantenimiento,

Y a los hijos de los cuervos que claman” (Salmo 147.7-9)

En esta misma línea de pensamiento, encontramos un pasaje que habla de la vulnerabilidad del cuervo, en un pasaje en el que se describen las debilidades e incapacidades de los ídolos. El libro es un libro del AT, «apócrifo», según la nomenclatura protestante; pero deuterocanónico, según la nomenclatura católica. El pasaje al que hago referencia es «Carta de Jeremías» 6.45-53, cito:

“45“Los ídolos son hechos por artesanos y orfebres, y no son más que lo que el artista quiere que sean. 46Los hombres que los hacen no viven mucho tiempo: ¿cómo pueden ser dioses cosas hechas por esos hombres? 47Estos no dejan a sus descendientes más que un engaño vergonzoso. 48En caso de guerra o de desastre, los sacerdotes se reúnen para ver dónde esconderse con sus dioses. 49¿Cómo es posible que no se den cuenta de que no son dioses, si no pueden salvarse a sí mismos de la guerra y del desastre? 50No son más que trozos de madera recubiertos de oro y plata; por eso, tarde o temprano aparecerá que son un puro engaño. Todas las naciones y sus reyes reconocerán que no son dioses, sino cosas hechas por los hombres, y que en ellos no hay ningún poder divino. 51¿Quién no se da cuenta, pues, de que no son dioses? 52“No pueden nombrar a nadie rey de un país, ni pueden dar la lluvia a los hombres. 53No pueden hacer valer en un juicio sus derechos, ni pueden salvar al oprimido, porque no tienen poder ninguno. Son como cuervos en el aire”

¡Hasta mañana si Dios nos lo permite!

lunes, 6 de junio de 2011

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (2 / 6)

Después del largo preámbulo representado por la publicación de la parte uno de esta serie, paso ahora a considerar el asunto que en realidad me he propuesto analizar en este artículo: el empleo por parte de Jesús, de una figura que tiene una imagen muy negativa, pero con el propósito de comunicar una lección positiva. Entonces, ¿justifica el fin los medios?

Pues bien, en el contexto de una enseñanza en que Jesús animaba a sus oyentes a confiar en Dios, y a evitar el afán y la ansiedad; encontramos el empleo de una figura repugnante para muchas personas. Esta figura es la del cuervo, un animal de carroña, un animal impuro inmundo en la cultura hebrea. Esto así, pues, además de alimentarse de insectos y pequeños animales, también se alimenta de carne en estado de corrupción.

El pasaje bíblico materia prima para nuestro análisis es Lucas 12.24, que en la versión Reina Valera 1960 afirma: “Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?”

Ahora, es posible que algunas personas reaccionen y se pregunten: Señor, ¿dijiste cuervo? ¿En verdad eso fue lo que dijiste? ¿Es que no había para ti un animal cuya imagen y reputación fuera más adecuada? ¿Por qué no hablaste de, por ejemplo, los animales puros que se utilizan tanto para comer como para los sacrificios en el templo?

Y posiblemente concluirían diciendo: Bueno, Señor, respecto tu punto de vista, pero en tu lugar, yo jamás emplearía la figura del cuervo. A diferencia de ti, prefería utilizar, por ejemplo, la figura de la paloma, la tórtola, etc., pero nunca a un animal de carroña.

En la Biblia misma hallamos algunos pasajes que nos ilustran muy bien la idea negativa que generalmente se tenía y se tiene del cuervo, por ejemplo:

“El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre. Los cuervos de la cañada lo saquen, Y lo devoren los hijos del águila” (Proverbios 30.17).

“Se adueñarán de ella el pelícano y el erizo, la lechuza y el cuervo morarán en ella; y se extenderá sobre ella cordel de destrucción, y niveles de asolamiento” (Isaías 34.11)

“La madera de sus casas será arrancada, y en ellas se echarán los rebaños de ovejas y toda clase de animales salvajes. El búho y el erizo dormirán en lo alto de sus postes, y los cuervos graznarán en las ventanas y en los umbrales” (Sofonías 2.14 en la versión popular Dios Habla Hoy de estudio). Y en una nota al pie de página explica: “Los cuervos según la versión griega (la Septuaginta; hebreo: destrucción”.

Por otro lado, el cuervo es catalogado como un ave abominable en el código mosaico:

“Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, 14el gallinazo, el milano según su especie; 15todo cuervo según su especie” (Levítico 11.13-15)

“Toda ave limpia podréis comer. 12Y estas son de las que no podréis comer: el águila, el quebrantahuesos, el azor, 13el gallinazo, el milano según su especie, 14todo cuervo según su especie” (Deuteronomio 14.11-14)

Después de conocer la imagen negativa que tenía el cuervo, fundamentada también en lo que establecía el código mosaico, parece razonable preguntase si Jesús no pudo hallar una figura mejor posicionada para su discurso.

Como ya advertí, a pesar de la imagen muy negativa que se tiene del cuervo, vemos que sin ningún pesar ni alteración del ánimo, Jesús muy tranquilamente afirma: “Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?” (Lucas 12.44).

De todos modos las cosas no dan muestras de ser tan sencillas, pues al margen de lo que acabamos de leer en Lucas 12.24, llama la atención que en Mateo 6.26 leamos: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”

Una vez que se compara la versión de Lucas con la de Mateo, comienzan los problemas. ¿Por qué, según Lucas, Jesús usó la figura negativa de «el cuervo»; pero según Mateo, la figura general más positiva de «las aves del cielo»? ¿Cuál fue en realidad la figura utilizada por Jesús? ¿Cuál de los dos evangelistas (Mateo o Lucas) fue el que aparentemente produjo un giro en las palabras de Jesús?

Si en la versión de Lucas Jesús nos invita a considerar “los cuervos”; pero en la versión de Mateo Jesús nos invita a considerar “las aves del cielo”; opino, en consecuencia, que no es descabellado el preguntarse cuál de las dos versiones, si la de Mateo o si la de Lucas, es la que reproduce las palabras originales de Jesús.

¿Cuáles fueron, pues, las palabras precisas de Jesús? ¿Consideren “los cuervos” o consideren “las aves del cielo”?

Si en efecto Jesús originalmente usó la figura del cuervo (en conformidad con Lucas, entonces fue Mateo el que cambió la figura del cuervo, por la de las aves en sentido general. Pero si es Mateo el que reproduce las precisas palabras de Jesús, sería Lucas el que habría hecho la sustitución de las “aves” por la de los “cuervos”.

En todo caso, es obvio que Jesús no pudo haber usado las dos expresiones al mismo tiempo y en el mismo contexto. Así, pues, es inevitable el concluir que uno de los dos evangelios hizo una sustitución. El problema es saber cuál.

¡Hasta mañana si Dios nos lo permite!

domingo, 5 de junio de 2011

Por qué un "cuervo" para confiar en Dios? (1 / 6)

El fin justifica los medios?

Por lo general, principalmente desde la óptica de la ética cristiana, se entiende que la persecución de una meta (fin, propósito, objetivo) loable, digno; supone a la vez, el empleo de unas estrategias o métodos tan loables y dignos como la meta propuesta misma.

En otras palabras, que el logro de un determinado fin (fin intermedio o fin final, fin último), implica la aplicación y utilización de unos medios que tengan el mismo ADN de la meta a alcanzar. Por eso la ética cristiana ha insistido en que “el fin no justifica los medios”, o por lo menos, “no siempre”.

Sin embargo, desde hace algunos siglos se viene planteando la justificación de la tesis con la cual compite: “el fin justifica los medios”. Pienso que es preciso reconocer aquí que en realidad, la tesis cristiana “el fin no justifica lo medios”, o por lo menos, “no siempre el fin justifica los medios”, ha venido a ser la reacción y la antítesis cristiana a la primera.

Con la tesis “el fin justifica los medios (y hay quienes dicen que “siempre”), se subraya la convicción de que no importa lo que tenga que hacerse, con tal que los métodos y estrategias a emplear permitan el logro de la meta propuesta y en la mejores condiciones posibles.

Ahora bien, a pesar de lo popular que ha venido a ser la tesis “el fin justifica los medios”, lo cierto es que lo referente a quién fue su creador es más bien objeto de discusión. Por lo general se le atribuye al político, diplomático, filósofo, y escritor italiano Nicolás Maquiavelo en italiano (Niccolò di Bernardo dei Machiavelli), nacido en Florencia, el 3 de mayo de 1469, y quien murió en la misma Florencia, el 21 de junio de 1527 (Wikipedia).

De todos modos, las personas que entienden que “siempre” el fin justifica los medios, no lo hacen en el vacío. Parten del supuesto de que en realidad, dicen ellos (y parece ser cierto), no hay en la vida sino una cadena de fines. Entienden que cuando una persona ejerce un acto de voluntad en una dirección determinada, no importando donde se la sitúe (si como fin final, o no), esa dirección constituye en realidad un fin.

Por ejemplo, desde el punto de vista de la lengua y el lenguaje (como capacidad únicamente humana), todo acto de habla involucra la decisión deliberada de utilizar ciertas palabras y no otras. Lógicamente, esto implica la decisión consciente de evitar, al mismo tiempo, el uso de ciertas palabras.

Me explico, cada vez que en un acto de habla una persona decide utilizar determinadas palabras, en ese mismo acto de habla estuvo involucrada la decisión de evitar consciente y deliberadamente el empleo de otras.

Y es precisamente en el campo del lenguaje y la lengua, y no en el terreno del debate filosófico-teológico sobre la ética y la moral, en el que me propuse hablar de «Una apelación indigna, ¿justifica el fin lo medios?» ¿Por qué utilizar un ave “impura”, “abominable” para comunicar una enseñanza positiva, para invitar a la gente a confiar en el cuidado de Dios?

Pues bien, si en todo acto de habla la persona hablante de manera deliberada ejerce un acto de volunta al decidir qué palabras usar y cuáles evitar; es obvio que lo mismo se ha de aplicar y en la misma proporción en lo relativo a cuáles figuras apelar, o cuáles metáforas utilizar, y a cuáles figuras o metáforas evitar.

Ahora, si bien las palabras -sujetas a la forma (morfología) y estructura (sintaxis) en que las emplee- vienen a constituir un medio respecto del mensaje que desea comunicar el hablante; no es menos cierto que el acto voluntario que ejerce la persona hablante respecto de escoger unas palabras y evitar otras, las convierte efectivamente, en ese nivel, en un fin.

En la medida que una persona hablante desea y busca el empleo de una determinada palabra, figura o metáfora; en esa misma medida, cuando decidió buscar y elegir esas palabras y no otras, ahí mismo vinieron a constituir éstas un fin en sí mismas, como cosa buscada y lograda.

Eso implica que cuado una persona decide emplear por ejemplo, la palabra “bello” en lugar de “lindo”, en un determinado discurso; esa decisión supone un acto deliberado del hablante. Acto que implica el ejercicio de la voluntad para escoger una palabra y no la otra.

En consecuencia, aunque para la totalidad del discurso el decidir emplear una palabra en lugar de otra puede ser considerado un medio; lo cierto es que el inclinar la voluntad hacia la elección y preferencia de una palabra (figura o metáfora) supone considerar la elegida como un fin, fin que lleva a la persona hablante a lograr el fin, meta e impacto que esperaba lograr y producir con el empleo de dicha palabra.

Además es muy probable que la persona hablante esté consciente de que la utilización de ciertas palabras en un determinado mensaje, en un determinado contexto, puede se catastrófico para los objetivos de su discurso, mensaje y acto de habla.

¿Cuántas veces no nos ha ocurrido que, queriendo y teniendo la meta de usar (o evitar) una determinada palabra, figura o metáfora; sin embargo, no lo hemos logrado? ¿Cuántas veces frente a un determinado auditorio no hemos logrado la meta de emplear la palabra, figura o metáfora deseadas, y hemos tenido que recibir la ayuda del auditorio mismo?

¡Hasta mañana si Dios nos lo permite!

sábado, 28 de mayo de 2011

A propósito del día de las madres, una reflexión

En la República Dominicana se conmemora el «día de las madres» el último domingo del mes de mayo. Precisamente en el contexto de la celebración de este día, así como en el contexto de las celebraciones eclesiales de «la semana anual de damas»; un pasaje bíblico de referencia ineludible o prácticamente obligatoria, es Proverbios 31.10-31.

Un título recurrente en muchos sermones con base en nuestro referido pasaje (leído tradicional y preferentemente en la versión Reina Valera 1960), es: «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?» (Proverbios 31.10).

Ahora bien, a pesar de la forma en que se lee en la versión Reina Valera de 1960 y otras, el versículo 10 con la pregunta: «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?»; Luís Alonso Schokel y J. Vilchez Lindes sugieren: “La primera pregunta del poema se puede leer con dos acentos o entonaciones: ¿quién la encontrará? O ¡quién la encontrara! («Proverbios», página 524).

Pero es preciso admitir que la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, incluso la llamada «Nueva Biblia Española» del mismo Schokel, la traducen en forma de pregunta: “Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?”

También la Septuaginta la interpretó como una pregunta, al traducir: “tis jeurései?”, o sea, ¿quién la encontrará?

En conclusión me inclino por aceptar como mejor traducción, la forma interrogativa (¿quién la encontrará?), no la exclamativa (¡quién la encontrara!).

Ciertamente no es posible negar que Proverbios 31.10-31 ha sido el punto de partida para muchas reflexiones bíblicas y teológicas tendentes a resaltar las virtudes de una mujer (esposa y madre) aparentemente difícil, sino es que imposible de hallar, una «mujer virtuosa».

De todos modos, una lectura atenta de nuestro pasaje en cuestión pone de manifiesto algunas dificultades. Dificultades que me llevan a preguntarme si se está halagando a la mujer o si se le está cargando el dado. ¿Habla el proverbista de una «mujer halagada» o de una «mujer alienada»?

¿Es justo y legítimo que el esposo espere de su esposa todo lo que se supone que debe hacer la «mujer (esposa) virtuosa» de Proverbios 31-10-31? ¿Es justo y legítimo que los hijos e hijas esperen de su madre todo lo que se supone que debe hacer la «mujer (esposa, madre) virtuosa» del pasaje en cuestión?

Pienso que un buen punto de partida es comenzar por aclarar el sentido de la expresión «mujer virtuosa», según se lee en la versión Reina Valera 1960, en Proverbios 31.10.

Explicación de la expresión «mujer virtuosa»

El adjetivo castellano “virtuoso” (“virtuosa”), hace referencia a una persona con alguna o ciertas virtudes. Pero ¿qué es una virtud? El diccionario de la Real Academia Española define la palabra virtud como: Actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos (primera acepción y con la cual me voy a quedar).

A partir de esa definición, se diría por ejemplo, que una persona es una virtuosa del piano, es decir, cuando es alguien que toca el piano con una destreza y habilidad excepcionales. En consecuencia, es correcto decir que son muchas las personas que tocan el piano, pero no todas lo hacen de una manera especial, no a todas se les considera “virtuosas” en la ejecución de ese instrumento musical. En esta misma línea es posible poner un sinnúmero de ejemplos.

En lo referente a la mujer, se diría que si bien son muchas las que son esposas y madres, no todas son esposas y madres “virtuosas”. Esposa y madre “virtuosa” sería aquella que lo sea en términos excepcionales, insospechados, muy idealizados, rayando posiblemente en lo puramente utópico.

No obstante, como cada cultura tiene sus propios patrones y sus particulares perspectivas relativas a lo que se espera de la mujer (como construcción social), tanto en su papel de esposa, como en el de madre; es lógico que estos cánones varíen un poco de cultura a cultura. También nos invita este factor a asumir una postura crítica a la perspectiva del autor del poema que nos ocupa.

Pero bien, ¿cuál es el sentido básico de la palabra hebrea que la versión Reina Valera 1960 tradujo “virtuosa”?

La palabra hebrea traducida aquí “virtuosa” es “jayil” (hayil) que, según el «Diccionario bíblico hebreo-español» de Luís Alonso Schokel, se usa en distintos campos. Por ejemplo en el campo militar, significando: ejército, valor, baluarte. En el campo económico, significando: riqueza, fortuna, bienes. Y en otros campos, como aquí, significando: fuerza, poder, vigor, capacidad.

Y la expresión completa “mujer virtuosa” es “eshet-jayil”, literalmente significa “mujer de vigor”, “mujer fuerte”, “mujer capaz”.

El «Comentario Bíblico San Jerónimo» afirma: “Literalmente, «¿quién hallará una mujer de fortaleza?».”

Proverbios 31-10-31 es una composición poética en forma de acróstico

Es Proverbios 31.10-31 un poema hebreo en forma de acróstico, en el que cada versículo (del 10 al 31), inicia con una de las 22 consonantes del alfabeto hebreo.

Las palabras que en el texto hebreo forman el acróstico, iniciando cada verso, y en este caso, cada versículo, son:

Con la letra «Alef» (versículo 10): Eshet, forma constructa (el genitivo griego) de Isháh: mujer

Con la letra «Bet» (versículo 11): Bataj, el verbo “confiar” en estado perfecto, tercera persona masculina singular (confía)

Con la letra «Guímel» (versículo 12): la forma verbal “guemalat-hu”, del verbo “gamal” (recompensar, retribuir, devolver, resarcir) en estado perfecto, tercera persona femenina singular, con el sufijo de la tercera persona masculina singular (ella lo recompensa a él, a su marido).

Con la letra «Dalet» (versículo 13): la forma verbal “daresháh”, del verbo “darash” (buscar), en tercera persona femenina singular (busca ella).

Con la letra «He» (versículo 14): la forma verbal “hayetáh”, del verbo “hayáh” (ser, existir), en testado perfecto, tercera persona femenina singular (es).

Con la letra «Vav» (versículo 15): la forma verbal “vat-taqam”, del verbo “qum” (levantarse), en tercera persona femenina singular (ella se levanta).

Con la letra «Zayin» (versículo 16): la forma verbal “zamemáh” del verbo “zamám” (planear, proyectar, pensar, disponer, considerar), en estado perfecto, en tercera persona femenina singular (considera).

Con la letra «Het» (versículo 17): la forma verbal “jagueráh”, del verbo “jagar” (ceñir, atar, sujetar) en estado perfecto, tercera persona femenina singular (ciñe, se ciñe).

Con la letra «Tet» (versículo 18): la forma verbal “ta‘amáh”, del verbo “ta‘ám” (probar, gustar, saborear), en estado perfecto, tercera persona femenino singular (observa, ve, aprecia).

Con la letra «Yod» (versículo 19): el sustantivo femenino “yad” (mano), en estado constructo, con el sufijo de la tercera persona femenina singular (sus manos).

Con la letra «Kaf» (versículo 20): el sustantivo femenino “kaf”. El sustantivo “kaf” por un lado, con relación a las extremidades superiores, puede significar: mano, puño, palma. Con relación a las extremidades inferiores, puede significar: planta, pie. Aquí la referencia es a “las manos” (las manos de la mujer).

Con la letra «Lamed» (versículo 21): la partícula negativa (adverbio de negación), “lo’” (no).

Con la letra «Mem» (versículo 22): el sustantivo masculino plural “marbadim” (corchas, cobertores, cobijas).

Con la letra «Nun» (versículo 23): el participio “nodá‘”, del verbo “yada‘” (conocer, saber), traducción aquí: “conocido” (es su marido).

Con la letra «Samek» (versículo 24): el sustantivo masculino singular “sadín” (pieza o prenda de vestir, ropa, camisa).

Con la letra «Ayin» (versículo 25): el sustantivo masculino singular “‘oz” (fuerza, brío).

Con la letra «Pe» (versículo 26): la palabra “pihá” forma constructa del sustantivo masculino singular “peh” (boca), traducción aquí: su boca.

Con la letra «Tsade» (versículo 27): la forma verbal “tsofiy-yáh”, participio femenino singular del verbo “tsafáh” (vigilar, atalayar). Traducción aquí: vigila.

Con la letra «Qof» (versículo 28): la forma verbal “qamú”, en estado perfecto, en tercera persona común plural, del verbo “qum” (levantarse). Traducción aquí: se levantan (sus hijos, específicamente los varones).

Con la letra «Resh» (versículo 29): el adjetivo femenino plural “rabot” de “rab” (mucho). Traducción aquí: Muchas (hijas).

Con la letra «Shin» (versículo 30): con el sustantivo masculino singular “shequer” (mentira, falsedad, engaño). Traducción aquí: engañosa.

Con la letra «Tav» (versículo 31): con la forma imperativa plural masculina “tenú”, del verbo “natán” (dar, otorgar, poner nombre). Traducción aquí: denle a ella.

Ahora, después de presentar este análisis, quizás un poco tedioso, aunque ilustrativo; quiero presentar en una forma, digamos limpia (pero asumiendo los resultados del análisis gramatical anterior), cómo está elaborado el acróstico hebreo:

1) Una mujer de vigor

2) Confía en ella su marido

3) Recompensa a su marido

4) Busca (ella) la lana y el lino

5) Es como una nave mercante

6) Se levanta siendo todavía de noche (madruga)

7) Considera una propiedad y la compra

8) Se ciñe de valor y firmeza

9) Observa que su mercancía esté buena

10) Sus manos aplica al huso (instrumento para hilar)

11) Sus manos extiende a los necesitados

12) No teme a la nieve para atender a los suyos

13) Corchas (¿mantas?) confecciona

14) Conocido es su marido (le imprime a su marido detalles que lo distinguen)

15) Prendas de vestir teje

16) De fuerza y vigor se viste

17) Su boca abre con sabiduría (habla con sabiduría)

18) Vigila la marcha de su casa

19) Se levantan sus hijos varones y la felicitan

20) Hijas son muchas (son muchas las mujeres) hacendosas, pero ella las supera

21) Engañosa es la gracia (y la hermosura)

22) Denle a ella tributo (nombre) por el fruto de sus manos. Literalmente: “Denle del fruto de sus manos.

Análisis, resultados y conclusiones

Después de analizar detenidamente los 22 versos de este poema, encontramos unos detalles interesantes. Por ejemplo, dado el carácter patriarcal de la cultura hebrea, y dado la inferioridad que se le atribuía a la mujer; lo común es que en los relatos del AT los sujetos de la mayoría de las formas verbales sean varones.

Igual situación encontramos respecto de los textos que fijan o dictan alguna norma como el decálogo. En esta misma línea es necesario advertir que todas las prohibiciones del decálogo supusieron un auditorio y sujeto de derecho, específicamente compuesto de varones. Por tal razón, todas las formas del decálogo suponen un sujeto agente masculino, varón.

Por otro lado, es muy probable que este sea el trozo literario del AT que use más verbos, más formas verbales teniendo a la mujer como el sujeto agente que ejecuta la acción.

Una observación detenida de Proverbios 31.10-31, nos da la siguiente situación:

El primer verso, versículo 10, comienza con sustantivo: una mujer de vigor, ideal, ejemplar.

El verso número 2 (versículo 11) inicia con una forma verbal que tiene por sujeto al marido; sin embargo, esta acción verbal (confía) pende de las buenas acciones de la mujer. Lo que la asume a ella, a la mujer, como un sujeto agente, activo.

Luego, de los versos del 3 al 9 (versículos 12-18), inician todos con una forma verbal que tiene a la mujer como el sujeto que realiza la acción (sujeto agente).

Los versos 10 al 13 (versículos 19-22), inician con sustantivos, pero que apuntan a acciones que realiza la mujer. Y he aquí que volvemos a encontrar a la mujer como el sujeto agente que ejecuta la acción verbal.

El verso 14 (versículo 23) inicia con un participio verbal que tiene de sujeto al marido (“es conocido”). Lo interesante es que el marido, como sujeto paciente de este participio, no ejecuta la acción; en otras palabras, el “marido” es conocido precisamente por el brillo que exhibe a costa de las acciones diligentes de su esposa, de su compañera.

Los versos 15 al 17 (versículos 24-26) inician con sustantivos, no con verbos. De todos modos estos sustantivos apuntan a acciones que también las ejecuta la mujer.

Los versos 18 y 19 (versículos 27 y 28) inician con verbos que tienen como sujeto a la mujer.

Los versos 20 y 21 (versículos 29 y 30) no aportan nada al tipo de análisis que estoy realizando ahora.

Finalmente, el verso 22 (versículo 31), inicia con una forma verbal que no tiene a la mujer como sujeto, sino a los varones. Lo curioso es que esta acción verbal parece sugerir que, al final, a pesar de todas las acciones que se le atribuyen en este poema, no es ella la que tiene el control de las cosas. No olvidemos que al fin y al cabo, el varón era y es concebido como el “jefe” y “cabeza” del hogar.

El verso 22 literalmente dice: “Denle a ella del fruto de sus manos”. Creo que no podemos perder de vista o subestimar el hecho de que el poema describe a una mujer que no hace nada para sí. Una mujer que parece tener más bien una existencia puramente instrumental, alienada: existe, acciona y vive para otros. Otros son felices y está satisfechos por ella, pero ¿quién se preocupa por ella? ¿Quién piensa dotar de significación su vida? ¿Quién se preocupa por hacer lo posible para que ella sea feliz? ¿Qué compromiso tienen los demás miembros de la familia con ella, comenzando por el esposo?

Ahora, ¿por qué “denle a ella”? ¿Será porque al final, no podía disponer por sí misma, de pleno derecho, del fruto de las obras de sus manos?

Igualmente a pesar de que en 17 de los 22 versos, la mujer es la que acciona, llama poderosamente la atención el ver cómo este poema le atribuye a la mujer un espacio de dominio, de accionar, y una serie de prerrogativas que en realidad no tenía la mujer en la sociedad y cultura hebreas, incluso en tiempos del Nuevo Testamento.

En consecuencia, cabe preguntarse si es prudente y legítimo asumir la “mujer ideal” y “ejemplar” de este poema, como un parámetro adecuado para describir hoy el perfil de la “mujer ideal”, la “mujer ejemplar”, la “mujer soñada”, la mujer que esperamos encontrar (¿formar?) en nuestras congregaciones y en la sociedad.

Pienso que en este sentido tenemos que considerar algunas ideas orientadoras:

En primer lugar, para el autor de este poema, a pesar del énfasis que histórica y por naturaleza hace la mujer en su cuidado y apariencia, en lo relativo a su belleza; para el autor de este poema, eso no vale mucho. Y pienso que aquí, la mayoría de las mujeres no estará de acuerdo con el autor de este poema. Y si somos honestos, tampoco la mayoría de los hombres.

Sus palabras son: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura” (Proverbios 31.30).

Ahora bien, ¿no es cierto que los atractivos físicos son pasajeros y que se van perdiendo con los embates de los años, enfermedades, accidentes, (tanto en la mujer como en el hombre), etc.?

Claro que sí. Se está en lo correcto al afirmar que detrás de un rostro no tan llamativo, así como detrás de una anatomía no tan impresionante, puede haber allí, en esa mujer, una excepcional persona, con virtudes realmente brillantes, envidiables, y que cualquier persona quisiera tener o exhibir.

Sin embargo, no es aquí donde radica el problema, es en el contexto en que leemos la afirmación y concepción del proverbista. En este contexto, la mujer ideal, para él se mide en términos de rendimiento y resultados puramente económicos.

Al respecto se pronuncian Luís Alonso Schokel y J. Vilchez Lindes: “Lo curioso de esa figura idealizada es la devaluación de la belleza y la ausencia o el ocultamiento del amor… La mujer ideal ha de ser una buena inversión económica. Este planteamiento comercial podrá sorprender y aun irritar a un lector moderno; pero ante todo hay que intentar comprenderlo.”

Continúan Schokel y Vilchez diciendo: “Recordemos que en el Israel del AT el matrimonio tiene su lado económico relevante: Jamor ofrece pagar el precio de las vírgenes; David paga en prepucios de filisteos (1 Samuel 18.25). Después el marido está obligado a dar vivienda, vestido y alimentos a la esposa (Éxodo 21.10). El aspecto económico del matrimonio está claro. ¿Bastará para compensar al marido con darle placeres e hijos? Sería mala inversión; especialmente si el marido ha pagado un precio alto en el contrato matrimonial. La buena ama de casa tiene que administrar bien y aumentar la hacienda. Este criterio económico, comercial dirige el desarrollo del poema” («Proverbios», página 524).

Ahora bien, personalmente pienso que Schokel y Vilchez no logran mucho en su intento de justificar la perspectiva puramente económica a la luz de la cual el proverbista describe su “mujer ideal”.

Como reacción, diría que la figura de la dote no justificaba el exagerado matiz económico que tiene el matrimonio para este proverbista. Además, el que el hombre tenía que darle vestido y comida a la mujer, también se explica atendiendo al contexto del carácter patriarcal de la sociedad y cultura hebreas. En estas, la mujer estaba sujeta en todo al varó desde su nacimiento hasta la muerte. Antes de casarse, la mujer estaba sujeta a la autoridad del padre y de sus hermanos varones, y luego de casada, a su marido. En una cultura con otras características, el sustento y la vestimenta de la mujer es algo que ella puede conseguir por sí misma, sin depender tanto (ni poco) del varón.

En segundo lugar, otro factor más que me hace estar en desacuerdo con la perspectiva del autor de este poema. Es que en realidad, como dije antes, en la cultura y sociedad judías, la mujer no tenía todo ese poder con que la describe este proverbista.

Entonces, resulta muy curioso el que sea precisamente aquí, en esta composición poética, de carácter ficticio; cuando vemos tantas formas verbales que tienen a la mujer como el sujeto agente de dichas acciones verbales.

En tercer lugar, otro aspecto a considerar es que una mujer como la de este poema, que es la primera persona que se levanta, y la última que se cuesta (versículos 15 y 18); es una mujer que vive cansada, explotada, con mucho estrés, muy posiblemente con una autoestima muy baja, con una visión de la vida no muy positiva, incapaz de tener una respuesta sexual adecuada, capaz de satisfacer las expectativas de su esposo, etc.

En consecuencia, no se debe descartar la posibilidad de que el marido de esta mujer utilice los inevitables estragos que ha de producir este estilo de vida en su estado de ánimo y en su cuerpo, como pretexto para buscar satisfacción sexual, a la amante ideal (¿la de Cantares?) fuera del hogar. Obviamente, no estoy tratando para nada de justificar el adulterio. Simplemente explico una realidad muy concreta.

Además cabe preguntarse: ¿Y qué del marido de esta mujer? ¿Qué es lo que hace para su familia? ¿Es que no contribuye en nada al buen funcionamiento del hogar? ¿Qué dirán las hijas de esta mujer? ¿Querrán tener la misma vida de su madre? ¿O siquiera una vida parecida? ¿Querrán tener un esposo como su padre?

En cuarto lugar, un elemento más es que la mujer “ejemplar” e “ideal” que nos describe el proverbista es una mujer alienada, que no vive para sí. Es una mujer que vive para todo el mundo, menos para ella. Es una mujer con una existencia puramente instrumental, sin valor alguno para sí misma. ¿Apoyamos la idea de que nuestras congregaciones estén llenas de mujeres con una existencia y una autoestima como suponemos que tendría la “mujer ideal” de Proverbios 31.10-31? En lo personal, yo no.

En quinto lugar, otro detalle que también hace resaltar el carácter o matiz patriarcal de este poema, es que en el verso 22 (versículo 28), el proverbista dice (específicamente hablando de los hijos varones, que es realmente el sentido de la palabra hebrea “ben”) que: “se levantan y la felicitan”.

¿Es que la “mujer ideal” no tiene hijas (¿no debe tenerlas?), sólo hijos? Pero si tenía hijas, ¿por qué las ignora el proverbista?

Me parecen muy pertinentes aquí una serie de líneas que nos ayudan a entender la situación de la mujer en la cultura y sociedad hebreas, como esposa y como madre:

“En conjunto, la situación de la mujer en la legislación religiosa está muy bien reflejada en una fórmula que se repite sin cesar: «Mujeres, esclavos (paganos) y niños (menores)»; la mujer, igual que el esclavo no judío y el niño menor, tiene sobre ella a un hombre como dueño, lo cual limita también su libertad en el sentido religioso” («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 467).

“Ya que en el Judaísmo sólo el hombre está obligado a la plena observancia de la Torá, en la bendición matutina, éste daba gracias a Dios por no haberlo creado pagano, ni mujer, ni esclavo” («Diccionario del Judaísmo», por Johann Maier y Peter Schafer, publicado por Verbo Divino.

“También las relaciones entre los hijos y los padres estaban determinadas por la obediencia que la mujer debía a su marido; los hijos estaban obligados a colocar el respeto debido al padre por encima del respeto debido a la madre, pues la madre, por su parte, estaba obligada a un respeto semejante hacia el padre de sus hijos. En caso de peligro de muerte había que salvar primero al marido” («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 460-461).

“Es significativo que el nacimiento de un varón era motivo de alegría, mientras que el nacimiento de una hija se veía frecuentemente acompañado de indiferencia, incluso de tristeza («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 467-468).

“La mujer judía no estaba habilitada para ejercer las funciones cúlticas, no podía ser sacerdote, incluso su presencia en el templo se limitaba al atrio (patio) de las mujeres. Lo mismo pasaba en la sinagoga, a excepción de las sinagogas reformadas, donde existe un lugar reservado para las mujeres, por lo general en el coro alto” («Diccionario del Judaísmo», por Johann Maier y Peter Schafer, publicado por Verbo Divino.

Tenemos, pues, la impresión de que también el judaísmo del tiempo de Jesús tenía en poca consideración a la mujer, lo cual es corriente en Oriente, donde es estimada sobre todo por su fecundidad, manteniéndola lo más posible alejada del mundo exterior y sometida a la potestad del padre o del esposo y donde, desde el punto de vista religioso, no es igual al hombre” («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 468).

¿Cómo habrán influido estas ideas y concepciones los textos bíblicos, incluyendo a Proverbios 31.10-31?

Finalmente, es posible que muchas personas entiendan que estoy perdiendo de vista una afirmación valiosa y quizás, según algunas personas, la clave del poema, a saber: “La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”.

Pues bien, personalmente puedo decir que me llama la atención el que esta expresión aparezca al final, después de describir a la “mujer ideal” desde la óptica de una existencia puramente instrumental.

Entonces, parece más bien que para el proverbista, para el autor de este poema; la mujer que teme a Dios, al Señor, es la mujer que acepta sin más, el papel, el poco espacio social, y la existencia instrumental (una existencia alienada) que le han asignado los varones.

Compárese Génesis 18.2 “Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”

1 Pedro 3.6 “como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.”

Después de considerar los distintos factores que hemos abordado en este trabajo, pienso que no es adecuado seguir usando y dependiendo de Proverbios 31.10-31, como base y punto de partida, para pretender honrar y hablar positivamente de la mujer; ya como persona, como esposa, compañera, amiga, y en nuestro caso, especialmente como madre.

Es nuestro deber preguntarnos seriamente, si en nuestra reflexión teológica, si en nuestra pastoral, vamos a insistir en que la mujer “ideal” es la mujer alienada, abusada y explotada de Proverbios 31.10.31. ¿Es posible y legítimo el asumir una postura crítica a las premisas del poema en cuestión, a la luz de la enseñanza y actitud de Jesús, y en virtud de los más elevados ideales del mensaje cristiano?

Quiero concluir esta vez, de una forma diferente, emulando al proverbista, con los siguientes acrósticos que he elaborado con base en las palabras: mujer, esposa y madre. Para cada una de estas tres palabras, redacté una versión negativa (como forma de llamar la atención a la historia de maltratos que ha sufrido la mujer, como mujer, esposa y madre). También elaboré una versión positiva, como forma de hacer resaltar las virtudes y cualidades que engalanan a la mujer, como persona, como esposa y como madre:

«Mujer»

Negativo Positivo

Menospreciada Manantial de virtudes

Utilizada Única

Juzgada (condenada) Jardín de sublimes cualidades

Explotada Emotiva (llena de emociones)

Recluida Reconocida

«Esposa»

Esclavizada Elegida

Secuestrada Sabia

Poseída Protegida

Oprimida Orquídea

Segregada Sensible

Aprisionada Amada

«Madre»

Maltratada Musa

Alienada Apreciada

Doblegada Desprendida

Rutina Resplandeciente

Excluida Especial

¡Felicidades mamá!

viernes, 20 de mayo de 2011

¡Que no panda el cúnico!, Jesús no viene mañana

En gran parte del ambiente cristiano evangélico es ya una idea bien conocida la presunción que desde hace unos meses viene difundiendo el ministerio «Family Radio», de que este 21 de mayo tendrá lugar el llamado “rapto” o “arrebatamiento de la iglesia”; y que, posteriormente, exactamente cinco meses después, o sea, el 21 de octubre de este mismo año 2011, tendrá lugar el fin del mundo.

Pero, ¿qué es «Family Radio»? ¿Cómo se define a sí mismo? Pues bien, «Family Radio» se autodefine así mismo como “un ministerio de radio cristiano basado en la Biblia, sin afiliaciones a iglesias.” Esto significa que, en consecuencia, es posible que dicho ministerio comparta algunos aspectos doctrinales de las tradicionales escatologías cristianas, pero y, por otro lado, también tome distancia respecto de otros.

En efecto, una característica o sello esencial del dispensacionalismo es la famosa idea del «rapto» o «arrebatamiento de la iglesia». Sin embargo, no es un elemento propio del sistema escatológico dispensacionalista, el considerar que hay una fecha conocida, y mucho menos el 21 de mayo, para dicho evento escatológico. Tampoco la idea de que el fin del mundo ocurrirá el próximo 21 de octubre de este mismo año, ni de ningún otro.

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿cuáles son algunas de las principales premisas en la que se basa el ministerio «Family Radio» para sustentar su postura?

Por ciertas razones, quiero categorizar en tres tipos las premisas sobre las que se basa la que entiendo, una mera conjetura, del ministerio «Family Radio»:

1) Un literalismo insostenible

Por ejemplo, al hablar de “El calendario bíblico de la historia”, textualmente afirma: “El Señor ha abierto a la comprensión de Su pueblo el “Calendario Bíblico” recogido en las páginas de la Biblia. Puede demostrarse que las genealogías del libro del Génesis, principalmente de los capítulos 5 y 11, son un preciso calendario de la historia de la humanidad en el mundo. El calendario bíblico de la historia es totalmente preciso y fiable”

Pero yo pregunto: ¿Es esto cierto? Personalmente no lo creo. Es más, si hay un factor que ha originado mucha discusión en los estudios bíblicos es si, en efecto, debe entenderse a Génesis 1-11 de manera literal. De todos modos, incluso algunos sectores de la comunidad protestante y evangélica que también tienden a ser muy literalistas en su enfoque de la Biblia, a pesar de eso, no comparten las conclusiones y tesis de «Family Radio».

2) Una defectuosa cronología

«Family Radio» concibe y asume una cronología básica y en cuyo contexto habla de los “acontecimiento históricos importantes”, cito:

11.013 a.C.—Creación. Dios creó al mundo y al hombre (Adán y Eva).

4990 a.C.—El diluvio del tiempo de Noé. Todo pereció en el diluvio universal y únicamente Noé, su mujer, y sus 3 hijos junto a sus esposas sobrevivieron en el arca (6023 años desde la creación).

7 a.C.—El año en el que nació Jesucristo (11.006 años desde la creación).

33 d.C.—El año en el que Jesucristo fue crucificado y dio comienzo a la era de la iglesia (11.045 años desde la creación; 5023 años civiles desde el Diluvio).

1988 d.C.—En este año finalizó la era de la iglesia y comenzó el periodo de 23 años de gran tribulación (13.000 años desde la creación).

1994 d.C.—El 7 de septiembre, llegó a su fin el primer periodo de gran tribulación de 2300 días, y empezó la lluvia tardía, dando comienzo el plan de Dios para salvar a una gran multitud de personas fuera de las iglesias (13.006 años desde la creación).

2011 d.C.—El 21 de mayo comenzará el Día del Juicio Final y se producirá el arrebatamiento (la subida a los cielos de los elegidos por Dios) al finalizar la gran tribulación de 23 años. El 21 de octubre, el mundo será destruido por el fuego (7.000 años desde el Diluvio; 13.023 años desde la creación).

Sin embargo, creo que debemos reflexionar en algunos aspectos de la llamada “cronología bíblica” y “escatológica.”

Llama la atención que, aunque un amplio sector del cristianismo también ha asumido la idea de una historia trazada en 7,000 años (que culminaría en 7,000 años); lo cierto es que estos esquemas (el judío y el cristiano) además de ser contradictorios entre sí (uno frente al otro), se basan en unos cálculos muy inseguros.

Por ejemplo, la razón para entender que para el año 2,000 tendría lugar la segunda venida de Cristo (el rapto de la iglesia y la posterior manifestación del anticristo, según la escatología dispensacionalista); se basa en una cronología inaceptable y que no cuenta con un apoyo seguro. Dicha cronología parte de los siguientes supuestos: 1) Que desde la creación al diluvio universal habrían transcurrido 2,000 años. 2) Que desde el diluvio a la aparición de la figura histórica de Jesús de Nazaret también habrían transcurrido otros 2,000 años. Y 3) Desde Jesucristo a la fecha (hasta el año 2000) habrían transcurrido unos 2,000 años más, alcanzándose así los 6,000 años.

Por esta razón se tenían las expectativas de que al entrar en los primeros años del séptimo milenio, estábamos en la antesala del cumplimiento de los principales eventos escatológico como la segunda venida de Cristo y todos los fenómenos que generalmente se asocian con ella (anticristo, resurrección, la gran tribulación, la posterior entrada en el reino de los mil años, etc.). ¿Recuerda usted, apreciado lector, apreciada lectora, los terrores milenarios, proféticos y apocalípticos que nos vendieron para los años 1998 y 1999? ¿Y qué paso? ¿Recuerdan ustedes los innumerables sermones y talleres proféticos? ¿Y qué pasó? ¿Enseñaban estos sermones y reflexiones proféticas que estaríamos donde estamos y como estamos?

Lo curioso es que según el calendario hebreo, actualmente estamos en el año 5, 770 (y a partir de septiembre en el año 5,771), mientras que en el calendario cristiano estamos apenas en el año 2011.

El calendario hebreo parte de la suposición de que la creación relatada en el libro de Génesis tuvo lugar en el año 3, 760 o 3,761 antes de Cristo. Sumándole a esta cifra los dos mil once años de la era cristiana, esto nos lleva, a la fecha de actual, al año 5, 771 o 5, 772. De todos modos lo cierto es que el actual calendario hebreo comenzó a aplicarse a partir del siglo X u XI de nuestra era. Tradicionalmente se le atribuye su elaboración al patriarca Hillel II, entre los años 358 y 359 de nuestra era.

Pero según otros, la creación tuvo lugar el año 11,013 antes de Cristo, por lo que actualmente estaríamos en el año 13, 024. Esta última cronología es precisamente la que han adoptado los que actualmente están promoviendo para este año, el rapto de la iglesia el 21 de mayo y la destrucción de la tierra por fuego el 21 de octubre.

Ahora bien, a pesar de las pretensiones judías (y las interpretaciones cristianas que han asumido sus especulaciones cronológicas), el hecho es que hay varias civilizaciones mucho más antiguas que la hebrea, lo que nos invita a mirar con legítimas sospechas las presuposiciones tanto de las cronologías hebreas como de su calendario actual.

Por ejemplo, la historia universal reconoce la existencia de asentamientos humanos en la Mesopotamia para el año 6,000 antes de nuestra era (60 siglos). La historia universal también demuestra que había pobladores en la India unos siete mil años (7, 000) años (siete milenios) antes de nuestra era. Finalmente, la civilización china también se la sitúa entre cinco y seis mil años antes de nuestra era (seis y cinco milenios antes).

¿Qué significan estos últimos datos proporcionados por la historia universal, y que muy pocas personas pondrán hoy en duda? En primer lugar, que es inadmisible que un pueblo que entra en el escenario de la historia en una época relativamente tardía con relación a la cultura Sumeria, la India, la China, la Egipcia, la Babilónica, etc.; pretenda que su cronología y calendario sean la clave desde de la cual se ha de interpretar toda la historia del género humano (su principio y su final). En segundo lugar, si Dios es el creador de todo el género humano, y no sólo de la nación hebrea, de manera consistente habrá que considerar estos pueblos verdaderamente antiguos, como creados por Dios, ponderando adecuadamente la antigüedad de sus calendarios. En tercer lugar, que partiendo de la premisa anterior, Dios hubo comenzado su trato con el ser humano mucho antes de que apareciera el pueblo hebreo en el escenario de la historia. En cuarto lugar, que hay que poner en cuestionamiento las pretensiones de un calendario hebreo que sitúa la creación para una fecha (3, 760 antes de nuestra era), cuando para dicha fecha había pueblos que ya tenían varios siglos de existencia. Por ejemplo, para cuando tuvo lugar la creación, según las pretensiones hebreas: 1) Ya existían personas en la Mesopotamia unos 2, 240 anos antes; 2) En la India unos 3, 240 años antes; 3) Y en la China, unos 2, 240 años antes.

En conclusión, toda especulación y pretensión de fijar una fecha específica para la culminación de la historia, deben ponerse bajo serias y legítimas sospechas. Esto así, pues las bases en que se sustentan están cubiertas por un gran manto de dudas y muy complicadas especulaciones.

3) Una clara manipulación de los textos bíblicos

Algunos ejemplos notables y concretos:

Primer ejemplo:

«Family Radio» afirma: “La Biblia nos enseña que el 21 de mayo de 2011, sólo los verdaderos creyentes a los que Dios haya elegido para recibir la salvación serán arrebatados (llevados) de este mundo para encontrarse en el cielo con el Señor y estar siempre con Él:

1 Tesalonicenses 4:16,17 Porque el mismo Señor con algazara, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán los primeros. Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor”

Pero yo pregunto: ¿Habla 1 Tesalonicenses 4.17 y 17 del 21 de mayo, como quieren inducir a uno a pensar, por la forma de articular o introducir el argumento? Respuesta: Rotundamente que no. Entonces, ¿no hay aquí una clara y desmedida manipulación del texto bíblico?

Segundo ejemplo:

«Family Radio» afirma: “El resto de la humanidad (miles de millones de personas) se quedarán atrás y sufrirán el terrible juicio de Dios, un horrible periodo de 5 meses de tormento sobre la tierra:

Apocalipsis 9:3-5: Y del humo del pozo salieron langostas sobre la tierra; y les fue dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra. Y fuéles mandado que no hiciesen daño a la yerba de la tierra, ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes. Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre.”

Pero yo pregunto: ¿Justifica y legitima Apocalipsis 9.3-5 la idea de que el 21 de octubre habrá de tener lugar la destrucción del mundo, como quieren inducir a uno a pensar? Respuesta: Rotundamente que no. Entonces, ¿no hay aquí otra clara y desmedida manipulación del texto bíblico?

Tercer ejemplo:

«Family Radio» afirma: “La Biblia nos enseña que el final de la era de la iglesia se iba a producir simultáneamente al comienzo de la gran tribulación: Mateo 24:21 Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será.

El 21 de mayo de 1988, Dios dejó de utilizar las iglesias y congregaciones del mundo. El Espíritu de Dios abandonó todas las iglesias y Satanás, el hombre del pecado, entró en ellas para gobernar. La Biblia nos enseña que este horrible periodo de juicio sobre las iglesias durará 23 años. 23 años completos (exactamente 8400 días) pasarán desde el 21 de mayo de 1988 al 21 de mayo de 2011. Esta información se descubrió en la Biblia totalmente aparte de la información acerca de los 7000 años desde el diluvio. Por tanto, vemos que ese periodo de tribulación de 23 años completos finaliza el 21 de mayo de 2011. Esta fecha es el día exacto en el que finaliza la gran tribulación, y también es el punto final más probable para los 7000 años desde el diluvio del tiempo de Noé.

Hemos de tener en cuenta que Dios cerró la puerta del arca el día 17 del segundo mes del calendario de Noé. También descubrimos que el 21 de mayo de 2011 es el final del periodo de gran tribulación. Hay una relación íntima entre el segundo mes y el día 17 del calendario de Noé y el 21 de mayo de 2011 de nuestro calendario gregoriano. No es posible ver esta relación con facilidad hasta que descubrimos que hay que tener en cuenta otro calendario: el Hebreo (o Bíblico). Da la casualidad de que el 21 de mayo de 2011 es el día 17 del segundo mes del calendario Hebreo. Así, Dios nos confirma que comprendemos correctamente la cronología de 7000 años desde el diluvio. El 21 de mayo de 2011 es la fecha equivalente a aquella en la que Dios cerró la puerta del arca de Noé. Gracias a esto y a mucha otra información bíblica, descubrimos que el 21 de mayo de 2011 será el día en el que Dios lleve al cielo a Sus elegidos. El 21 de mayo de 2011 será el Día del Juicio Final. Es el día en el que Dios cerrará la puerta de salvación al mundo”

Con respecto a este tercer ejemplo, sólo me limitaré a decir que ya he demostrado que esta “cronología bíblica” es muy deficiente, demasiado especulativa, y que se sustenta en un literalismo inadmisible; por lo que, en conclusión, no es cierto que permita arribar a las conclusiones a las que ha llegado «Family Radio».

Ahora quiero citar de pasada las razones por las cuáles los principales sistemas escatológicos cristianos no aceptan que el rapto (o segunda venida de Cristo) tendrá lugar este 21 de mayo, y el fin del mundo el 21 de octubre:

Pero antes de mencionar los sistemas escatológicos propiamente cristianos, haré referencia al sistema escatológico conocido como “Preterismo”.

«El preterismo»

Pienso que una vez se tienen bien claras las ideas o premisas básicas del preterismo, resultan más que obvias las razones por las que dicho sistema no puede coincidir con la conjetura de «Family Radio». De Wkipedia extraje el siguiente extracto sobre el preterismo:

“El preterismo es una variación de la escatología cristiana que mantiene que algunas o todas las profecías Bíblicas concernientes a los Últimos Días (o Tiempos Finales) se refieren a eventos que en realidad ocurrieron durante el primer siglo luego del nacimiento de Cristo. El término preterismo viene del latín praeter, que significa "pasado". Los adherentes al Preterismo usualmente se conocen como "Preteristas". Las dos principales escuelas de interpretación Preterista comúnmente son denominados como Preterismo Parcial y Preterismo Total.

El «Preterismo Parcial», el más antiguo de las dos posturas, sostiene que profecías tales como la destrucción de Jerusalén, el Anticristo, la Gran Tribulación, y el advenimiento del Día del Señor como una "venida en juicio" (Juicio Final) de Cristo fueron cumplidos en el año 70 d. C. cuando el general del Imperio romano Tito saqueó a Jerusalén y destruyó el Templo Judío, colocando así un detenimiento permanente al sacrificio diario de animales. Identifica a "Babilonia la Grande" (Apocalipsis 17-18) con la ciudad pagana y antigua de Roma o Jerusalén.

El «Preterismo Total» difiere del Preterismo Parcial en que creen que todas las profecías fueron cumplidas con la destrucción de Jerusalén, incluyendo la resurrección de los muertos y la Segunda Venida o Parusía de Jesús”.

«El postmilenialismo»

Según el postmilenialismo el rapto de la iglesia (o segunda venida de Cristo) no puede ocurrir este 21 de mayo, y el fin del mundo el 21 de octubre, por las siguientes razones:

Una característica esencial del postmilenialismo es la esperanza firme en la victoria del evangelio antes del retorno de Cristo. En consecuencia, “El Nuevo Testamento sugiere que estaciones largas pasan antes de que Cristo vuelva (Mateo 25.5, 19; Hechos 1.7; 2 Timoteo 3.1; 2 Pedro 3.4-9). El postmilenialismo no enseña la cercanía de la venida de Cristo. El cumplimiento de las profecías grandes la demostrarán: la conversión de los judíos (Romanos 11) y la victoria dominante del cristianismo (Isaías 2.2-4)” (Kenneth L. Gentry Jr., en «Tres puntos de vista del milenio y el más allá», editor general Darrell L. Bock, publicado por Editorial Vida, año 2004, página 52, nota al pie número 76).

«El dispensacionalismo»

Para dejar establecido por qué según el dispensacionalismo el rapto de la iglesia (o segunda venida de Cristo) no puede ocurrir este 21 de mayo, y el fin del mundo el 21 de octubre; voy a apelar sencillamente a un solo elemento o factor: la necesidad de que un nuevo templo de Jerusalén (el tercero) debe estar en píe para la segunda venida de Cristo (o por lo menos el «rapto» en la terminología dispensacionalista) y para la manifestación del «Anticristo», «el hombre de pecado». A continuación, mi argumento:

Por muchos años la escatología dispensacionalista, por medio de los sermones de sus predicadores y de la doctrina que se imparte las iglesias o congregaciones que comulgan con dicho sistema; se proclama la inminencia de la segunda venida de Cristo. Ciertamente somos testigos que vienen promoviendo la inminencia de la segunda venida de Cristo desde hace más de cincuenta (50) años. Un ejemplo clásico lo constituye el destacado y muy conocido evangelista internacional Yiye Ávila, quien desde los años 60 se ha caracterizado por un mensaje con ese matiz escatológico. Es más, el ministerio de nuestro hermano Yiye Ávila se ha identificado formal e históricamente como «El Ministerio Cristo Viene».

Tomando, pues, como ejemplo notable el mensaje del evangelista Yiye Ávila, podríamos decir que él esperaba que Jesús viniera o hubiese venido ya para los años sesenta, es decir, unos cincuenta años antes de la fecha en que estamos.

Ahora bien, el problema de esta interpretación que quiero destacar en esta ocasión es el siguiente. Resulta que el sistema dispensacionalista (que cree en el rapto, el reino milenial, y todo lo que eso implica) demanda que el templo de Jerusalén esté en pie, para la segunda venida de Cristo, pues sólo así puede aspirar al cumplimiento de la llamada “abominación desoladora” (Daniel 9). En consonancia con esta perspectiva, el «Diccionario de teología premilanarista» dice: “Es necesario distinguir en el contexto del AT si están a la vista el templo futuro de la tribulación o el templo milenario. El templo de la tribulación será edificado por judíos incrédulos y será profanado por el anticristo (Daniel 9.27; compárese 11.36-45). El templo milenario será edificado por el Mesías (Zacarías 6.12-13) y los judíos redimidos, y, como señal particular de la restauración, serán ayudados por representantes de las naciones gentiles (Zacarías 6.15; Hageo 2.7; compárese Isaías 60.10).

“…El texto primario en el AT que se refiere directamente al templo de la tribulación es Daniel 9.27 (compárese 12.11), aunque la presencia del templo es mencionada o implicada indirectamente en otros contextos tribulacionales (compárese Isaías 24.2, 23; Malaquías 3.1-3). Los textos específicos que se refieren al templo milenario son Isaías 2.2-4; Jeremías 33.18; 60.7; Ezequiel 37.26-28; 40-48; Hageo 2.9; Zacarías 6.12-13; 14.20” (Mal Couch, editor general, Editorial Portavoz, 1999, página 433).

Como se ve, la existencia del templo es clave para la escatología dispensacionalista, para la explicación de los hechos escatológicos, y para verificar que tan cerca o lejos estamos del tiempo del fin. Entonces, si las cosa son así, el promover desde los años sesenta la inminencia de la segunda venida de Cristo (propiamente «el rapto» en la terminología dispensacionalista) tenemos aquí un problema muy serio. ¿Por qué? Porque del templo de Jerusalén no se ha levantado ni siquiera una sola columna.

Por ejemplo, según la interpretación dispensacionalista, con el acontecimiento del rapto (el regreso secreto de Jesús) se inicia un período de siete (7) años en los cuales reina el anticristo. De estos siete años, la primera mitad, o sea tres años y medio, el anticristo habrá de producir una especie de bienestar universal, pero al iniciar los restantes tres años y medio se inicia un tiempo de duras y terribles dificultades, conocido como «la gran tribulación».

Luego, si para el tiempo del anticristo y la llamada «la gran tribulación» (según el dispensacionalismo) debe estar el templo en pie, lo lógico es que no se hable de la inminencia de venida de Cristo, hasta que el templo no esté en pie. Además, no forma parte del discurso escatológico dispensacionalista, el que sea el anticristo el que construya o ponga de nuevo en pie el templo de Jerusalén.

En consecuencia, por lo menos en teoría, sería a partir del momento en que se levante el templo de Jerusalén cuando estaríamos cerca, próximos a la segunda venida de Cristo y la manifestación del anticristo. Pero curiosa y lamentablemente, los predicadores y maestros dispensacionalistas no se percatan de este problema para dejar de hablar de la “inminencia de la venida de Cristo”.

Pero en honor a la verdad eso tampoco garantizaría la inmediatez de la venida de Cristo. A lo máximo a lo que se podría aspirar es a que mientras el templo esté en pie, se podría explicar que en un futuro incierto, pero seguro, se hablaría de una proximidad relativa de la segunda venida de Cristo (por lo menos el «rapto» en la terminología dispensacionalista), y el tiempo del fin.

Lo penoso para la escatología dispensacionalista es que el sionismo no muestra ningún interés religioso, y por lo tanto no muestran las actuales autoridades judías interés alguno en levantar de nuevo el templo de Jerusalén. Repito, sin estar el templo de Jerusalén en pie, el dispensacionalismo tiene serios y graves problemas de interpretación, y mucho más para hablar de “inminencia”. Aunque en verdad, aun cuando se construyera el templo, esto simple hecho no legitima de por sí al dispensacionalismo.

«La escatología no dispensacionalista» (¿escatología reformada?)

Según la escatología no dispensacionalista el rapto de la iglesia (o segunda venida de Cristo) no puede ocurrir este 21 de mayo, y el fin del mundo el 21 de octubre, por las siguientes razones:

Las siguientes premisas hacen imposible que la escatología reformada (no dispensacionalista) concuerde y apoye la especulación escatológica de «Family Radio»:

1) La existencia de un único pueblo de Dios, integrado por judíos y gentiles (véase Efesios 2.11-22; Gálatas 3.28, 29; Romanos 9.6-8)

2) La iglesia será testigo de la manifestación del anticristo (1 Tesalonicenses 4.13-18; 2 Tes.2.1-9; Mateo 24.29-44)

3) La iglesia va a pasar por la Gran Tribulación (1 Tesalonicenses 4.13-18; 2 Tesalonicenses 2.1-9; Mateo 24.29-44). Esto supone que antes de la segunda venida de Cristo, se manifestará previamente el “Anticristo” u “hombre de pecado”.

4) La segunda venida de Cristo será un retorno visible. No hay tal cosa como una venida “secreta” de Jesucristo. Esta escuela escatológica no comparte la idea del “rapto” del sistema dispensacionalista.

5) Habrá una sola resurrección, una resurrección general de justos e injustos (Juan 5:28, 29; 11:23, 24)

6) Una interpretación simbólica (no literal) de Apocalipsis 20:1-10 (2 Samuel 7:12-16; Mat. 28:18-20; Efesios 1:18-23). En consecuencia, El milenio no es un espacio literal de tiempo, sino un símbolo de un estado de plenitud y perfección.

7) Si bien hay señales que indicarán la proximidad de la segunda venida de Cristo, no obstante, plantea Luís Berkof: “las señales predichas no son de tal clase como para designar el tiempo exacto.”

En conclusión: Exegéticamente hablando, pienso que, a pesar de las premisas y conjeturas de los distintos sistemas escatológicos cristianos; la Biblia no parece querer decirnos cuándo tendrá lugar la segunda venida de Cristo, y qué tan verosímil y sustentable es la idea de una “destrucción” y “fin” del mundo.

Por tal razón, concluyo con las siguientes palabras del Rabino ortodoxo Jacob Neusner:

“¿Hasta cuando? ¿Cuándo llegarán los grandes acontecimientos del tiempo a su clímax y conclusión? Y como respuesta a esta pregunta surge la esperanza en el Mesías, el ungido de Dios, que ha de redimir al pueblo y ponerlo para siempre en el camino recto, dando fin así a las vicisitudes de la historia… Señor, tú has planteado la pregunta: «¿Hasta cuándo?» Y tu respuesta es «dentro de poco», «dentro de muy poco». Yo, señor, me he hecho la misma pregunta, pero la única respuesta que puedo dar es: «Dure lo que dure, esto es lo que seremos, lo que estamos llamados a hacer; un reino de sacerdotes y un pueblo santo»”

“Y mirando para atrás, llegando como estamos al año 2000 (Jacob Neusner escribió su obra en el año 1993): vemos que la espera ha sido larga: pero a lo largo de todo este tiempo hemos tratado de permanecer fieles a nuestra vocación de formar un reino de sacerdotes y un pueblo santo, como Dios nos ha mandado por medio de la Torá de Moisés” («Un Rabino habla con Jesús», Ediciones Encuentro, 2008, páginas 182 y 183).

Continúa Neusner diciendo: “¿Puede el reino de Dios venir pronto, en nuestros días, a donde estamos? La Torá no sólo dice que sí, sino que además muestra cómo. En realidad, de eso es de lo que habla. ¿Tengo que esperar entonces el reino de Dios? Desde luego, pero, mientras espero, hay cosas que tengo que hacer. Más exactamente, hay cosas que tenemos que hacer, y hacerlas juntos” (obra citada, página 191).

¡Dios nos ayude en esta tarea!