lunes, 18 de abril de 2011

Las 7 Palabras de Jesús en la cruz ( 1 de 7)

Por años ha sido una extendida tradición, tanto en el ámbito católico como en el protestante, la exposición de un sermón u homilía a partir de las ya conocidas “siete palabras” de Jesús en la cruz, en el contexto de la llamada “Semana santa”.

Ahora bien, la muy popular designación de “las siete palabras” no es precisamente la mejor, pues más que “siete palabras” son más bien siete expresiones o frases. De todos modos, esta forma de hablar tiene un antecedente muy popular también, en la forma de hacer referencia a los diez mandamientos de Éxodo 20.1-17 y Deuteronomio 5.1-21 con la expresión griega “decálogo”. La expresión “decálogo” al principio puede significar estrictamente “diez palabras”, pero que muy bien puede entenderse también como “diez mensajes”, “diez mandatos”, “diez asuntos tratados”, etc.

Pues bien, aunque no son exactamente “siete palabras” sino más bien “siete frases” o “siete dichos”; voy a insistir en el uso de dicha terminología para favorecer el mejor entendimiento de nuestros lectores y lectoras.

Una dato interesante es que el abordaje de este aspecto de los relatos evangélicos (de los evangelios) de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, las narraciones relativas a los últimos días de su ministerio previos a su crucifixión, nos confrontan de nuevo con las peculiaridades y particular teología de cada evangelio.

Este hecho se pone en evidencia con claridad meridiana cuando constatamos que las llamadas “siete palabras” no se encuentran todas en un mismo evangelio, en un solo evangelio; pero tampoco las encontramos a cada una de ellas en cada evangelio. Además de que el evangelio de Marcos, considerado el primer evangelio en ser escrito, a penas contenga una sola de las “siete palabras” (la cuarta según el orden en que tradicionalmente se han asumido, pero la primera en el orden en que aparecen en el Nuevo Testamento).

Las “siete palabras” con su debida ubicación bíblica, son:

Primera palabra: “Perdónalos porque no saben lo que hacen” Lucas 23.34

Segunda palabra: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23.43

Tercera palabra: “Madre he ahí tu hijo, hijo he ahí tu madre” Juan 19. 26 y 27

Cuarta palabra: “Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?” Mateo 27.46; Marcos 15.34

Quinta palabra: “Tengo sed” Juan 19.28

Sexta palabra: “Consumado es” Juan 19.30

Séptima palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas 23.46

Como se puede observar, los evangelios que dominan son: Lucas, con cuatro de las “siete palabras” (la primera, 23.34; la segunda, 23.43; la séptima, 23.46). Luego sigue el evangelio de Juan también con tres de las “siete palabras” (la tercera, 19.26 y 27; la quinta, 19.28; y la sexta, 19.30). Finalmente tenemos el evangelio de Mateo y el de Marcos con sólo una de las “siete palabras”, la cuarta (Mateo 27.46; Marcos 15.34).

A pesar de que tradicionalmente este es el orden en que generalmente se han arreglado, lo cierto es, nos recuerda Raymond E. Brown («La muerte del Mesías»), que el orden en que aparecen en el NT es el siguiente:

(1era) "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Marcos 15.34; Mateo 27.46); (2da) "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23.34a); (3ra) "En verdad te digo: este día estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23.43); (4ta) "Padre, en tus manos pongo mi espíritu" (Lucas 23.46); (5ta) "Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre" (Juan 19.26-27); (6ta) "Tengo sed" (Juan 19.28); (7ma) "Está concluido" (Juan 19.30).

De todos modos, a pesar del orden en que real y efectivamente aparecen en el Nuevo Testamento, lo cierto es que las “siete palabras” se han ordenado y arreglado en formas distintas desde el siglo II d.C.

Antes de avanzar un poco más, debo decir algo sobre los objetivos que tengo en mente con la publicación de estas reflexiones con base en las “siete palabras”. Lo que me he propuesto es compartir una serie de reflexiones bíblicas y teológicas compuesta de siete publicaciones, una por cada palabra, como una manera de enriquecer, fortalecer e invitar a la reflexión teológica en el contexto de la cuaresma y la semana santa.

Nuestro análisis supondrá la consideración crítica de los textos, a la luz de los métodos exegéticos, así como una reflexión y enfoque hermenéutico como aplicación necesaria para mostrar y encarar la relevancia de dichos textos para nosotros hoy, en nuestro contexto.

Pasemos ahora a considerar la primera palabra (pero la segunda en el orden en que aparece en el NT): “Perdónalos porque no saben lo que hacen” Lucas 23.34.

En la versión Reina Valera de 1960, Lucas 23.34 dice: Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

Si nos quedamos sólo con el texto de la versión Reina Valera de 1960 no hallaremos problema alguno; sin embargo, una vez observamos a Lucas 23.34 en una versión, como por ejemplo, la versión popular Dios Habla Hoy, comienzan los problemas. Observemos la traducción de nuestro pasaje en cuestión en la versión popular Dios Habla Hoy: «[Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”]»

Inmediatamente salta a la vista que la expresión que conforma la llamada “primera palabra” está entre corchetes. En una nota al pie de página la versión popular Dios Habla Hoy explica: “El texto entre corchetes falta en algunos manuscritos de reconocida autoridad.”

Lucas 23.34 en otras versiones de la Biblia distintas a la Reina Valera de 1960

1) La «Nueva Versión Internacional» “-Padre-dijo Jesús-, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús”. Pero en una nota al pié de página, haciendo referencia a la primera parte del versículo, puntualiza: “Variante textual no incluye esta oración”.

2) «La Santa Biblia, la palabra de Dios para todos», publicada por La liga Bíblica: “Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Los soldados rifaron entre ellos la ropa de Jesús para ver con qué se quedaba cada uno.” En una nota al píe de página, haciendo referencia a la primera parte del versículo, comenta: “Algunos manuscritos antiguos de Lucas no tienen esas palabras”.

3) «La Biblia textual». Esta versión, siguiendo las recomendaciones del Comentario textual al Nuevo testamento griego de Bruce M. Mezger, traduce a Lucas 23.34 así: “Y repartiendo sus vestidos echaron suertes”.

4) «La Biblia en lenguaje sencillo» (el NT), y que finalmente se publicó completa (AT y NT) con el nombre de “Biblia para todos, traducción en lenguaje actual, afirma: “Poco después, Jesús dijo: «¡Padre, perdona a toda esta gente! ¡Ellos no saben lo que hacen!» Mientras los soldados echaban suertes para saber cuál de ellos se quedaría con la ropa de Jesús.” Pero en una nota aclara: “Varios manuscritos muy importantes no tienen la frase: «Jesús dijo; Padre perdona a toda esta gente. Ellos no saben lo que hacen en lo que hacen».

5) La «Biblia vida abundante, nueva traducción viviente»: “Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados sortearon su ropa, tirando los dados”. Pero en una nota al pié de página observa: “23:34ª Esta oración no está incluida en muchos manuscritos antiguos”.

6) La obra «Todos los evangelios, traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», de Antonio Piñero, traduce a Lucas 23.34 de la siguiente manera: “Y para repartirse sus vestidos los echaron a suertes”. Y en una nota al pié de página observa: “La primera parte de este versículo, que no aparece en nuestra traducción, es una interpolación (una añadidura o adición)”.

Un dato interesante es que a pesar del problema de crítica textual que enfrenta Lucas 23.34, lo cierto es que la expresión que está en cuestión en dicho pasaje, sí se la encuentra en el evangelio apócrifo de Nicodemo («Evangelio de Nicodemo», conocido también como «Actas de Pilato»), cito: “… De manera semejante colgaron a los dos malhechores. Jesús decía: «Padre, perdónalos, pues no saben lo que hacen»” (capítulo 10.1)

La explicación de Lucas 23.34 en algunos comentarios bíblicos

1) El «Comentario Textual al Nuevo Testamento Griego» de Bruce M. Metzger, comentado a Lucas 23.34, afirma: “La ausencia de estas palabras en testigos tan tempranos y diversos como P75, B, D*, W, Q, it-a-d, sir-s, cop-sa-bomss al, resulta de lo más impresionante, y difícilmente puede explicarse como una escisión deliberada por parte de los copistas que, al considerar que la caída de Jerusalén era una prueba de que Dios no había perdonado a los judíos, no pudieron permitir que pareciera que la oración de Jesús había quedado sin respuesta. Al mismo tiempo, el logion, aunque probablemente no formó parte del evangelio original de Lucas, ofrece pruebas que hablan por sí mismas de su origen dominical, y fue retenido, entre corchetes, en el lugar tradicional en que fue incorporado por copistas anónimos, en una época relativamente temprana en la transmisión del tercer evangelio.”

2) «Nuevo Comentario Siglo 21» (Casa Bautista de publicaciones): Lucas 23.34a Este versículo se omite en un número significativo de antiguos mss., pero debe ser mantenido como una parte genuina de lo que Lucas escribió (cf. Hech. 7:60), o como una confiable tradición que se introdujo en algunos mss. Debe haber sido omitido por escribas que sentían que la oración no era imaginable o que no fue contestada.”

3) El «Comentario al texto de Griego del NT» de A. T. W. Robertson, traducido y publicado en español por CLIE, al respecto, afirma lo siguiente: “Algunos de los documentos más antiguos y mejores no contienen este versículo, y, con todo, en tanto que no es seguro que forme parte del evangelio de Lucas, está bien claro que Jesús pronunció estas palabras (digo yo: ¿está bien claro?), porque son absolutamente originales”.

4) «Comentario Bíblico San Jerónimo» (Ediciones Cristiandad): “Perdónalos Esta oración de Jesús, que sólo consigna Lucas, falta en los manuscritos P75, Sa, B, D* y W; aparece en los manuscritos S*, A, C, D2, L y N. Es más fácil explicar su supresión por un prejuicio antijudío que averiguar por qué pudo añadirse más tarde. El perdón que otorga Jesús a los enemigos y a los grandes pecadores es típico del retrato que traza Lucas del Salvador. El suyo es el evangelio de los grandes perdones. La estructuración de Act 7,60 sobre la escena de la muerte de Jesús es también un argumento a favor de la autenticidad de esta plegaria. Teniendo en cuenta que el verbo va en imperfecto (elegen, «decía»), se presenta a Jesús perdonando una y otra vez. Se alega como excusa la ignorancia; Le recurre frecuentemente a esta causa excusante en Act: 3,17 y 13,27 con respecto a los judíos; 17,27.30 en relación con los gentiles (cf. Le 12,8-10; cf. Además los correspondientes comentarios), se repartieron sus ropas: Se consigna este detalle incidental porque supone una alusión a Sal 22,19 y da oportunidad de contemplar a Jesús como el inocente que sufre según el salmo. El sentido del orden que tiene Lucas le hace situar el incidente aquí, mejor que después de la colocación del título, para que no interfiera en su desarrollo acerca de la realeza de Jesús.”

«La muerte del Mesías» (Raym,ond E. Brown, Verbo Divino): “Autenticidad del versículo. Es omitido en testimonios textuales significativos, algunos de ellos muy tempranos91; pero se encuentra en otros códices griegos importantes y en versiones primitivas. Éste es uno de esos casos donde el peso de los testimonios textuales a un lado y al otro casi se equilibra. Lo que resulta es que ya en el siglo II unas copias de Lucas tenían el texto de 23,34a y otras no. De tal situación se desprenden las siguientes posibilidades sobre el origen la plegaria:

• Fue pronunciada por Jesús (en el contexto de la crucifixión o en cualquier otro) y conservada únicamente por Lucas. Algunos copistas posteriores, encontrándola inaceptable, la eliminaron.

• Fue pronunciada por Jesús pero no conservada por Lucas. Estuvo circulando como un dicho independiente hasta que, ya en el siglo II, un copista consideró que armonizaba con los sentimientos de este evangelio. Otros copistas no conocían su existencia. (Una historia similar se atribuye al relato sobre la mujer sorprendida en adulterio, que acabó insertado al comienzo de Jn 8.) Ésta es la hipótesis de MTC, 180.

• No fue pronunciada por Jesús, sino formulada por Lucas (o en la inmediata tradición prelucana) como una apropiada expresión de lo que Jesús pensaba: en realidad perdonó en silencio. Algunos copistas posteriores, encontrándola inaceptable, la eliminaron.

• No fue pronunciada por Jesús, sino formulada en el pensamiento cristiano posterior como apropiada a Jesús, y acabó siendo insertada en el relato de la pasión lucano por un copista, quien juzgó ese lugar un contexto idóneo.”

Finalmente, Raymond E. Brown concluye: “Por ironía, la frase quizá más bella del relato de la pasión es dudosa desde el punto de vista crítico-textual. El sentimiento subyacente a ella constituye la esencia de la manera cristiana de responder a la hostilidad. Este dicho de Jesús fue seguramente uno de los principales factores que llevaron a Dante a calificar a Lucas como "el escriba de la mansedumbre de Cristo". Para algunos, si Jesús no las pronunció, las palabras de 23,34a carecen de importancia religiosa. Para otros, si Lucas no las escribió, representan un simple sentimiento apócrifo. Para otros, en fin, aun reconociendo el valor de una respuesta afirmativa con respecto a alguno de los dos puntos anteriores, el largo uso de esas palabras por los cristianos significa que han adquirido autoridad normativa97. Si fueron añadidas por un escriba, la percepción de ese escriba llegó a ser una interpretación auténtica del Cristo lucano. Pero con demasiada frecuencia, por desdicha, el verdadero problema no ha sido la falta de esta plegaria en el texto, sino su ausencia de los corazones.”

En resumen, la verdad es que en la misma medida en que se fortalecen las evidencias que hacen poner en duda que estas palabras hayan formado parte del original de Lucas y de sus copias más tempranas, y que al mismo no podamos encontrar otro testimonio independiente y cierto en el mismo NT, así también se dificulta el probar que Jesús haya pronunciado dichas palabras. En conclusión: ¿Pronunció Jesús las palabras que conforman la primera parte de Lucas 23.34? respuesta: Probablemente sí, probablemente no. De todos modos, a la luz de la crítica textual, el que Jesús haya dicho tales palabras es un hecho que está seriamente cuestionado.

Algunas diferencias en la traducción de Lucas 23.34 en las versiones que concuerdan con la Reina Valera de 1960

Aun en las versiones que mantienen la expresión discutida “Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»”, mantienen una diferencia. Unas versiones traducen que “Jesús dijo” (Biblia en lenguaje actual (Sociedades Bíblicas Unidas), Biblia para todos (Liga bíblica), Biblia del peregrino (Mensajero), Dios habla hoy, entre otras. Pero otras versiones, la mayoría, traducen “Jesús decía”, ejemplos, prácticamente toda la serie de la Reina Valera, incluyendo la Reina Valera actualizada. ¿A cuáles versiones favorece el texto griego? Respuesta: a todas las que traducen “Jesús decía”.

Pero, ¿Qué diferencia existe entre la expresión “Jesús dijo” y “Jesús decía”? Respuesta: Con la primera se sugiere que en una sola y específica ocasión, aparentemente inmediatamente después de que acabaron de crucificarlo, Jesús pidió al Padre por el perdón de aquellos que había tramado su muerte y le habían hecho algún daño. La segunda expresión en cambio, sugiere que aparentemente en todo el proceso, Jesús se mantuvo pidiéndole al Padre por el perdón de los que habían tramado su muerte y por todos aquellos que le inflingían algún daño.

Dos tipos básicos de lectura al hecho histórico de la crucifixión de Jesús

El relato y el hecho histórico de la crucifixión de Jesús nos permiten básicamente dos lecturas. Una teológica y la otra sociopolítica e histórica. La primera lectura, la teológica, es la que explica y está en el fondo de la expresión “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Pero, cabe preguntarnos, ¿no parece implicarse aquí un absurdo? ¿No sabían los verdugos de Jesús lo que estaban haciendo? ¿Fue la muerte de Jesús un hecho inocente? ¿Un sin querer queriendo? La respuesta a estas preguntas, desde la lectura teológica, es que los que mataron a Jesús no sabían que estaban eliminando físicamente al Mesías, al hijo de Dios. Ignoraban que al matar a Jesús, ellos mismos se beneficiarían de los efectos salvíficos producidos por la muerte vicaria de este humilde Jesús de Galilea. Entonces, desde esta perspectiva teológica, parece obvio que no sabían lo que estaban haciendo.

Ahora bien, lo interesante es que si desde la lectura teológica se comprende que los que mataron a Jesús, no sabían lo que estaban haciendo, no es menos cierto que los mismos discípulos de Jesús tampoco tenían una imagen más profunda de su maestro, imagen que cambió sólo después de la resurrección (compárese Mateo 26.46 Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron; Marcos 14.50 afirma lo mismo; Lucas y Juan, en cambio, no dicen nada al respecto.

Un pasaje todavía más relevador lo encontramos en Lucas: “13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido” (Lucas 24.13-21)

Pero la experiencia del encuentro con el Jesús resucitado se convertiría en la clave hermenéutica para mirar y hablar retrospectivamente sobre el ministerio terrenal de Jesús, y el manejo y apelación a las escrituras del AT, especialmente a la literatura de los profetas.

Por otro lado, a pesar de lo conveniente de la lectura teológica del hecho histórico de la crucifixión de Jesús (que es la que matiza los relatos que tenemos de la misma en el NT), lo cierto es que dicha lectura dificulta seriamente el que tengamos una visión más clara y crítica de lo acontecido con Jesús. La lectura sociopolítica e histócia, en cambio, sí nos permite ver con claridad que estamos ante un horrendo crimen, un hecho repugnante, pero paradójicamente comprensible, y hasta justificable.

La muerte de Jesús es la culminación de una trama, orquestada por un sector religioso y de poder, que no toleró el mensaje y el modelo de vida que planteaba un hombre, aunque tal mensaje beneficiara a la mayoría de los desdichados y marginados de la sociedad de su tiempo.

Jesús no fue el primero ni sería el último en morir y ser victima de un sector dominante y que usa la violencia, la fuerza, y todos los recursos del poder, para procurar la desaparición física de alguien que atente contra sus intereses. La muerte de Jesús nos debe estimular y motivar a tomar partido, a no ser indiferentes, cuando hoy, al igual que en el caso de Jesús, personas de bien y con reales sentimientos altruistas, sufren precisamente por buscar y promover un clima de justicia, un estado de derecho, el bienestar de su prójimo y un clima de verdaderas oportunidades de vida, progreso, en fin, un ambiente donde realmente se pueda vivir con dignidad.

Creo que las siguientes palabras de Raymond E. Brown nos ayudan a entender un poco mejor lo ocurrido con Jesús, desde una perspectiva sociopolítica e histórica: “Los cristianos que ven a Jesús como molesto sólo en el contexto de lo que ellos consideran como judaísmo legalista no comprenden que, mutatis mutandis, habría sido molesto en cualquier ámbito religioso, si hubiera dicho a la gente que Dios quería algo diferente de lo que ellos conocían y se habían esforzado siempre en hacer, y si hubiera pretendido cambiar la doctrina sagrada establecida, basándose en su autoridad como autodesignado portavoz de Dios” («La muerte del Mesías, tomo I», página 48)

Continúa Raymond E. Brown, diciendo: “La imagen evangélica de Jesús permite suponer que él sería hallado culpable por cualquier mayoría religiosa timorata de cualquier tiempo y lugar. Es más que posible que si Jesús apareciera en nuestra época (con su reto expresado en términos de posturas religiosas actuales) y fuera arrestado y procesado de nuevo, la mayor parte de los que lo juzgasen culpable se verían a sí mismos como verdaderos cristianos y creerían estar rechazando a un impostor: alguien que pretendía ser Jesús pero que no encajaba en el concepto que ellos tenían de quién era Jesucristo y cómo debía actuar” (páginas 479, 480 y 481)

En consecuencia, me pregunto: ¿Aceptarían hoy a Jesús muchas de las congregaciones (la mayoría de) que presumen de su fidelidad a Jesús? ¿Les sería molestoso o agradable? ¿Lo acogerían en su seno, lo tolerarían? ¿O más bien se sumarían a cualquier trama para desacreditarlo, marginarlo, hacer callar su voz, procurarían su exilio? ¿Verían, por lo menos, como positiva su desaparición física? Obviamente, todo esto lo harían y estaría justificado y hasta visto como necesario, a la luz de su ortodoxia y su particular forma de leer e interpretar las Escrituras y el mensaje mismo de Jesús.

Conclusiones:

1) La expresión “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, 1) Parece que originalmente no formaron parte del evangelio de Lucas, que el autor original del tercer evangelio no la escribió y que probablemente ni la conoció; 2) Probablemente Jesús mismo no la pronunció; 3) Es probable (aunque ciertamente menos probable) que Jesús las haya pronunciado y que sólo el evangelio de Lucas las haya conservado; 4) Es probable que estas palabras hayan sido parte de la obra original del evangelio de Lucas, aun cuando no hayan salido de los labios de Jesús, y que algún copista o algunos copistas las hubieren suprimido muy temprano en la transmisión textual de dicho evangelio.

2) Realidades como estas y otras parecidas, nos llevan a considerar seriamente sobre la realidad de que en muchos casos, la forma que tenían los libros de la Biblia al momento de su canonización, no era precisamente la que salió originalmente de la mano del autor bíblico. En consecuencia, la forma final en que hemos recibido los libros de la Biblia, no es la original ni la que salió de la mano del autor bíblico.

3) El relato y el hecho histórico de la crucifixión de Jesús nos permiten básicamente dos lecturas. Una teológica y la otra sociopolítica. La primera lectura, la teológica, es la que explica y está en el fondo de la expresión “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

4) La lectura teológica del hecho en cuestión, dificulta seriamente que tengamos una visión más clara y crítica de lo acontecido con Jesús. La lectura sociopolítica, en cambio, sí nos permite ver con claridad que estamos ante un horrendo crimen, un hecho repugnante, pero justificado y hasta considerado necesario, a la luz de la ortodoxia y los intereses a los que Jesús valientemente enfrentó.

5) La muerte de Jesús es la culminación de una trama, orquestada por un sector religioso y de poder, que no toleró el mensaje y el modelo de vida que planteaba un hombre, Jesús, aunque tal mensaje beneficiara (llevara esperanza, y motivara la fe y el ánimo de) a la mayoría de los desdichados y marginados de la sociedad de su tiempo.

6) Jesús no fue el primero ni sería el último en morir y ser victima de un sector dominante y que usa la violencia, la fuerza, y todos los recursos del poder, para procurar la desaparición física de alguien que atente contra sus intereses.

7) La muerte de Jesús nos debe estimular y motivar a tomar partido, a no ser indiferentes, cuando hoy, al igual que en el caso de Jesús, personas de bien y con reales sentimientos altruistas, sufren precisamente por buscar y promover un clima de justicia, un estado de derecho, el bienestar de su prójimo y un clima de verdaderas oportunidades de vida, progreso, en fin, un ambiente donde realmente se pueda vivir con dignidad.

8) No permitamos que parezca que Jesús y otros dieron y han dado su vida por una causa perdida.

Plegaria: ¡«Padre, perdónalos, porque te aseguro que sí saben lo que hacen»!

¡Hasta mañana, si Dios así lo permite!

sábado, 16 de abril de 2011

Sociedad adinerada de Israel dio muerte a Jesús

En el ambiente cristiano es muy popular la idea de que los fariseos constituyen el grupo religioso judío que más oposición le presentó a Jesús durante su ministerio, y el que probablemente llevó la voz cantante en el proceso que finalmente lo llevó a la cruz. Pero, ¿es esto cierto? ¿Hacia dónde apunta la evidencia bíblica e histórica?

Pienso que no podemos perder de vista el hecho de que la pregunta relativa a cuál fue el grupo religioso judío que llevó la voz cantante en el proceso a Jesús, está íntimamente relacionada con la causa que se supone que haya sido el delito que llevó a Jesús a la cruz. ¿Cuál fue, pues, ese delito? ¿Cuáles fueron, pues, los posibles adversarios de Jesús?

E. P. Sanders («Jesús y el judaísmo») afirma: “Jesús llegó a un conflicto fundamental con el «judaísmo»; es decir, con aquellas perspectivas, opiniones y convicciones que probablemente eran compartidas por la mayoría” («Jesús y el judaísmo», pagina 387).

E.P. Sanders también sostiene que Jesús realizó una acción amenazante y añadió una declaración comprometida contra el Templo. También sugiere Sanders que: “Si leemos a Josefa y a Filón, no podemos pensar ciertamente que un ataque contra el Templo resultara ofensivo solamente para la jerarquía sacerdotal. Una verdadera amenaza contra el Templo suscitaría el fantasma de una revuelta general. Así, continúa Sanders: “Aun cuando existiesen dudas sobre la dignidad de algunos sacerdotes, éstas no afectaban la normal veneración del Templo. Al contrario, la crítica a la acción sacerdotal era en sí misma un signo de que el Templo realmente importaba. El Templo había sido ordenado por Dios, y cualquier ataque contra él habría sido profundamente ofensivo” («Jesús y el judaísmo», paginas 387, 388 y 389).

También se sostiene que la acción de Jesús en el templo, y su discurso en lo referente a su destrucción, habrían hecho a Jesús no muy popular en cualquier ámbito de judaísmo, principalmente entre los saduceos, los fariseos y la mayoría de la gente piadosa que tenía al templo en alta estima.

En segundo lugar, Sanders destaca el hecho de que Jesús afirmó ser el portavoz de Dios. “Los Sacerdotes eran los portavoces oficiales, pero había una considerable predisposición en el pueblo para aceptar otros intermediarios. Los especialistas dicen algunas veces que en aquella época se consideraba que la profecía había cesado en Israel, pero resulta evidentemente claro que no era así. Juan el Batista precedió a Jesús, y después de Jesús hubo otros. En consecuencia, Sanders concluye que la pretensión de Jesús de ser portavoz de Dios no fue considerada ofensiva.

En esta misma línea argumenta Bart D. Ehrman: “En ese sentido apocalíptico (y yo diría: solo en ese sentido) pensó Jesús que él mismo era el Mesías. No era un juez cósmico. Un sacerdote con autoridad o un jefe militar. Era el enviado de Dios a proclamar la buena noticia del Reino futuro, y estaba llamado a ser el soberano definitivo cuando el fin llegara” («Jesús, el profeta judío apocalíptico», página 270).

Sigue Ehrman, diciendo: “No era blasfemo que uno se llamara a sí mismo Mesías: esto sencillamente significaba que esa persona se consideraba el liberador (rey de su pueblo). Otros judíos hicieron esta afirmación sobre sí mismos y sobre otros ante de Jesús y después de él, y nunca fueron acusados de blasfemia. Tampoco era blasfemo decir que el Hijo del Hombre iba a llegar pronto” ” («Jesús, el profeta judío apocalíptico», página 273).

En tercer lugar, Sanders plantea que “el mensaje de Jesús a los pecadores lo desacreditó probablemente ante los que se consideraban piadosos. Si quienes le escuchaban entendieron que desafiaba la idoneidad de la ley, es posible que fueran muchos los que se indignaron… Pienso que acertamos si decimos que los piadosos se habrían indignado al escuchar a uno que se presentaba como portavoz de Dios decir que los simples pecadores les precederían el en Reino; ciertamente se habrían indignado, pero no se sentirían amenazados por ello” («Jesús y el judaísmo», pagina 413).

“…Por tanto podemos considerar como probables adversarios de Jesús a los piadosos, a los dirigentes y al populacho” («Jesús y el judaísmo», pagina 414).

También sostiene Sanders: “Es posible que la mayor parte de la gente no estuviera identificada con ningún partido y seguramente muchos de estos «independientes» eran piadosos. En cualquier caso, no hay razón alguna para limitar la categoría de piadosos a los fariseos” («Jesús y el judaísmo», pagina 414).

“Así pues, no pienso que Jesús fuese alguien que consiguiera un apoyo realmente masivo por parte del populacho y que fuera ejecutado por constituir una amenaza contra los dirigentes de Jerusalén. Por otra parte, no podemos decir que todos los habitantes de Jerusalén estuvieran en contra de él. Sin duda alguna que contaba con seguidores entre los galileos, pero no sabemos si el populacho de Jerusalén se opuso él porque era Galileo” («Jesús y el judaísmo», pagina 414). Compárese Mateo 26.69 “Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo.”

La evidencia bíblica e histórica apunta a que en realidad Jesús no era muy conocido en Jerusalén. En consecuencia, es muy probable que la aristocracia de Jerusalén haya exagerado el peligro que podía representar para el imperio romano con tal de deshacerse de él. En efecto, llama la atención el hecho de que cuando Jesús es entregado, él mismo tiene que identificarse, o es señalado con un beso, por Judas. Observemos:

Juan 18.4-5 “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba”

Mateo 26.48-50 “Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 50Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron” (compárese Marcos 14.44-46; Lucas 22.47-53).

Sanders concluye que fue la aristocracia sacerdotal la principal agente de la muerte de Jesús. Basa su conclusión en los siguientes argumentos: 1) Los evangelios mismos. A pesar de hacer de los fariseos los principales enemigos de Jesús la mayor parte de su ministerio, presentan a los dirigentes judíos de Jerusalén como los responsables de su muerte. 2) La persecución de los discípulos desatada tras la muerte de Jesús procedía de este círculo. 3) Los sumos sacerdotes eran los intermediarios entre el pueblo judío y los romanos. Gozaban por tanto de la posición requerida para presentar a Jesús ante los romanos como peligroso” («Jesús y el judaísmo», pagina 415).

En esta misma línea argumenta Bart Erhman cuando afirma: “Los romanos en definitiva controlaban los asuntos internos de Palestina, seguían una política que habían establecido en otras partes a lo largo y ancho de su imperio. Concedían a las aristocracias locales el derecho de controlar los asuntos internos. Es un error pensar que los romanos se implicaban en todos los y cada uno de los detalles de la vida diaria en las provincias, apostando soldados en las esquinas de todas las ciudades a lo largo y ancho del imperio para obligar a cumplir la voluntad de Roma. La voluntad de Roma consistía fundamentalmente en recaudar impuestos y proteger su territorio. La mayoría de los habitantes del imperio no vieron nunca soldados, la mayor parte de los cuales estaban estacionados en las fronteras para defender los límites de los territorios conquistados. En Palestina no hubo legiones romanas estacionadas (pero sí en la cercana Siria)” ” («Jesús, el profeta judío apocalíptico», página 272).

Por otro lado, afirma Sanders: “Los fariseos no dominaban el judaísmo. El hecho de que Jesús no estuviera de acuerdo con ellos respecto a las leyes de pureza, que les eran peculiares, solamente le convertía en un am ha-arets, uno más entre muchos otros. No parece que el Nazareno hubiese perpetrado ningún quebrantamiento importante de la ley. Pero de haberlo hecho, no hay razones para pensar que solamente se habrían ofendido fariseos” («Jesús y el judaísmo», pagina 417).

A manera de ilustración cito aquí las palabras del rabino Jacobo Neusner al establecer la base de su diálogo y cuestionamiento a Jesús, en su obra «Un rabino habla con Jesús», cito: “Lo que quiero discutir con Jesús es si sus enseñanzas encajan en la Torá. ¿He establecido así un criterio de verdad conveniente para mi argumentación pero no para la de Jesús? No lo creo, porque Jesús explícitamente afirma que él ha venido a cumplir la Torá, no a destruirla… Así pues, la Torá es un criterio de verdad legítimo, porque ambos contendientes en el debate comparten la misma convicción. Y es una cuestión apremiante, porque, como veremos, el Jesús de Mateo instruye a la gente para que viole por lo menos tres de los Diez Mandamientos. Y yo le voy a preguntar a Jesús a la cara: ¿Cómo puedes decir a la gente que viole algunos de los Diez Mandamientos y pretender, no obstante, que enseñas Torá, no digamos la Torá dada por Dios a Moisés en el Sinaí?” (Páginas 44 y 45).

Creo que las siguientes palabras de Raymond E. Brown ayudan a entender la postura de Jacobo Neusner y de muchos judíos en tiempos de Jesús: “Los cristianos que ven a Jesús como molesto sólo en el contexto de lo que ellos consideran como judaísmo legalista no comprenden que, mutatis mutandis, habría sido molesto en cualquier ámbito religioso, si hubiera dicho a la gente que Dios quería algo diferente de lo que ellos conocían y se habían esforzado siempre en hacer, y si hubiera pretendido cambiar la doctrina sagrada establecida, basándose en su autoridad como autodesignado portavoz de Dios” («La muerte del Mesías, tomo I», página 48)

Ahora quiero citar de una manera un poco extensa la opinión de Raymond E. Brown con relación a la participación judía en la muerte de Jesús:

a) Las personas devotas pudieron sentir animadversión hacia Jesús. Por diferentes razones, algunos cristianos y judíos han declarado que se puede resolver la cuestión de la participación judía en la muerte de Jesús reconociendo que algunos sacerdotes y nobles se pusieron de acuerdo con los romanos para ejecutarlo, y que, aparte de eso, en la muerte de Jesús no entra para nada el judaismo.

Si Jesús era la clase de persona descrita en los evangelios, ¿pudo haber cometido un delito de tal gravedad como para que un organismo judío oficial de carácter religioso lo considerase intolerable? Los cristianos ven en Jesús un ser de una nobleza ideal, que se ocupaba de los enfermos, se mostraba abierto a los pobres y a los marginados, rechazaba la hipocresía y predicaba el amor. Una respuesta cristiana tradicional ha sido que aquellas autoridades no eran unos hombres verdaderamente religiosos, sino unos hipócritas, o unos sicofantes políticos, o unos ultralegalistas intolerantes, por lo cual no dudaron en comportarse con insensible brutalidad. Tal respuesta no resulta satisfactoria, si bien en la mayor parte de los grupos "religiosos" suele haber algunos individuos a los que pueden ser aplicados tales calificativos. Hay conocimiento histórico de maestros y dirigentes del judaísmo de tiempos de Jesús reputados por su genuina religiosidad.

Brown cierra esta sección diciendo: “La imagen evangélica de Jesús permite suponer que él sería hallado culpable por cualquier mayoría religiosa timorata de cualquier tiempo y lugar. Es más que posible que si Jesús apareciera en nuestra época (con su reto expresado en términos de posturas religiosas actuales) y fuera arrestado y procesado de nuevo, la mayor parte de los que lo juzgasen culpable se verían a sí mismos como verdaderos cristianos y creerían estar rechazando a un impostor: alguien que pretendía ser Jesús pero que no encajaba en el concepto que ellos tenían de quién era Jesucristo y cómo debía actuar” (páginas 479, 480 y 481)

b) En tiempos de Jesús, el antagonismo religioso conducía frecuentemente a la violencia. Acabo de señalar que personas sinceramente religiosas de cualquier época podrían encontrar culpable a Jesús. Ahora bien, que el veredicto de culpabilidad llevara o no aparejada una sentencia de muerte dependería de la importancia que se atribuyera a las cuestiones religiosas en la época y del enfoque de las leyes entonces vigentes con respecto a la pena capital.

Esto hace difícil a los lectores modernos entender la mentalidad religiosa propia del siglo I. A menudo los escritos neotestamentarios son juzgados intensamente antijudíos; pero, como ha apuntado Johnson ("NewTestament's"), si nos fijamos en el contexto social e histórico de la época y situamos el NT entre los escritos religiosos y filosóficos, sus ataques a los judíos son sorprendentemente moderados. Más allá de la polémica, sin embargo, los paralelos indican que judíos verdaderamente religiosos del siglo I, en su oposición a Jesús, podían haber llegado al extremo de querer su muerte. Los testimonios correspondientes al período comprendido entre 130 a. C. y 70. d. C. muestran irrefutablemente que los judíos se odiaban y mataban unos a otros por cuestiones religiosas (a veces, como sucede frecuentemente, entremezcladas con intereses personales).

c) Responsabilidad, no culpa. Al tratar sobre situaciones perceptibles en los relatos de la pasión, algunos estudiosos han hablado de una tendencia "a exculpar a los romanos e inculpar a los judíos": en otras palabras, a hacer a los judíos más culpables o censurables de lo que eran realmente. Entiendo que es preciso emplear con gran cuidado el término "culpa" al considerar la crucifixión desde una perspectiva histórica. Según documentos judíos de tiempos posteriores, los sumos sacerdotes de la época en que vivió Jesús no se distinguían por su alta calidad moral. Es perfectamente posible que, en un sanedrín reunido para considerar el caso de Jesús, algunos de sus miembros hubieran decidido, mirando por sus propios intereses y sin verdadera preocupación religiosa, buscar la muerte de Jesús. Aplicado a ellos, el adjetivo "culpable" podría resultar válido, aunque sólo fuera por la insensibilidad mostrada con respecto a un ser humano. Sin embargo, con referencia a quienes (seguramente la mayoría) pensaban que estaban rindiendo un servicio a Dios al perseguir a Jesús es mucho más apropiado hablar de "responsabilidad" en su muerte. En todo tiempo y lugar, quienes contribuyen a la ejecución de un acusado son responsables en ella; sólo son culpables si sabían que el acusado no merecía tal castigo o fueron negligentes en discernir su inocencia.

d) La disputa religiosa con Jesús fue una disputa interna judía. La lectura de que "esos judíos" cometieron un desafuero contra "Jesús el cristiano" ha hecho que los relatos evangélicos de la pasión sean particularmente susceptibles de alterar los ánimos. Es cierto que en los relatos de la pasión de Mateo y Juan, escritos después del año 70, "los judíos" aparecen como un grupo ajeno a Jesús y opuesto a él; pero, desde el punto de vista histórico, estamos ante judíos que tratan con otro judío. Esta situación resulta palmaria cuando estudiamos un paralelo correspondiente a seis siglos atrás. El profeta Jeremías era un hombre justo y un portavoz de Dios, pero también un individuo molesto que ponía en tela de juicio las estructuras religiosas de su tiempo. En particular, con su exhortación ("mejorad vuestra conducta") para evitar que Dios destruyera el templo de Jerusalén ("una cueva de ladrones") como había destruido el tabernáculo de Silo (Jr 7,15), Jeremías se atrajo el odio de las autoridades de Judea. Sacerdotes y (falsos) profetas se esforzaron en convencer al pueblo de que Jeremías merecía la muerte, aunque él les había avisado de que su sangre inocente caería sobre ellos (26,1-15). Por su parte, los poderosos instaron al rey para que lo ejecutase, y el rey se lo entregó (38,1-5). Aunque el profeta no pereció entonces, en tiempos posteriores vieron algunos la destrucción del templo de Jerusalén como el castigo divino por el trato dado a Jeremías; y, de hecho, en la tradición apócrifa, Jeremías acaba muriendo a manos de judíos como él.

En este otro caso, judíos y cristianos no fueron capaces de decir: Uno de los nuestros, a quien Dios resucitó, sufrió por voluntad de nuestros dirigentes. Antes al contrario, los cristianos espetaban a los judíos: Vuestras autoridades hicieron esto a nuestro Salvador; mientras que los judíos (en siglos pasados) decían: Nuestras autoridades hicieron esto a su (falso) profeta

Con relación a la causa de la muerte de Jesús Brown argumenta:

No existen serios obstáculos para aceptar como verosímil que Jesús hiciera una declaración sobre la destrucción del santuario, y podemos señalar factores positivos que apoyan esa verosimilitud.

Aunque es probable que Jesús realizase una acción profética espectacular contra usos indebidos del templo y que pronunciase la amenaza profética de que el reino implicaría la destrucción y reconstrucción del santuario, cabe hacerse dos preguntas. Primera: ¿es históricamente verosímil que tal actitud de Jesús, percibida como contraria al templo, contribuyera al deseo de las autoridades de que él muriese? Segunda: ¿fue citado realmente el dicho sobre el santuario durante la actuación contra Jesús en el sanedrín? La verosimilitud de lo primero resulta fácil de valorar. Es casi seguro que los sacerdotes fueron el motor, por parte judía, de los procedimientos finales contra Jesús; y si hubiera que señalar qué molestaba de Jesús a la clase sacerdotal, el elemento más probable sería algo que pudiera ser interpretado como un peligro para el templo/santuario.

Numerosos factores teológicos pudieron provocar antipatía en los sacerdotes saduceos hacia Jesús (K. Müller, "Jesús... Sadduzáer", 9-12): sus ideas sobre la vida futura (Me 12,18-27) y los ángeles; su rechazo de algunas normas de pureza y su descalificación de la tradición del corbán (Me 7,1-15); su crítica de los juramentos, especialmente de los basados en el templo y el altar, etc. Algunas de estas posturas no eran privativas de Jesús y estaban también presentes en los debates entre fariseos y saduceos; como mucho podían ser causa de irritación, pero no revestían la suficiente gravedad para que la antipatía o desconfianza hacia Jesús llegasen al punto de generar el deseo de eliminarlo. Otra cuestión era el templo, la institución clave en la vida civil y religiosa de Judea y el tesoro de la nación. Las acciones o amenazas contra él rebasaban el campo teológico para afectar a los ámbitos socioeconómico y político. Unos cambios radicales podían afectar al empleo de las masas en Jerusalén, al medio de vida y poder de los sacerdotes y al orden público, que concernía a los romanos. La inquietud derivada de las amenazas de destrucción bien pudo haberse exacerbado por la inseguridad religiosa y económica sobre aquello con lo que un profeta apocalíptico como Jesús podría sustituir el funcionamiento actual del templo, dado su recelo hacia la riqueza y su énfasis en la total dependencia de Dios.

Todo esto me sugiere el modesto corolario de lo que realmente tiene un alto grado de probabilidad de ser histórico: algo que Jesús hizo o dijo augurando la destrucción del templo/santuario provocó, al menos en parte, la decisión del sanedrín que condujo a su muerte” («La muerte del Mesías, tomo I», páginas 554, 555 y 556).

Joachim Gnilka se prenuncia al respecto con las siguientes palabras: “Es cierto que Pilato condenó a Jesús porque creyó que éste estaba poniendo en peligro el orden de la nación. Pero ¿por qué no actuó también contra sus discípulos? La finalidad del proceso consistía en eliminar a Jesús. Porque Pilato debió imaginarse que Jesús, según lo que le decían sus acusadores, constituía un peligro para el orden nacional”

“Para el proceso llevado a cabo contra Jesús por Caifás y por los principales sacerdotes, y que precedió al proceso llevado a cabo por Pilato, habrá que pensar en todo caso en el conflicto que se había iniciado ya hacía mucho tiempo y que culminó en la acción de Jesús de expulsar del templo a los mercaderes. Jesús colmó así la medida y proporcionó a los principales sacerdotes la posibilidad legítima –la posibilidad que ellos probablemente estaban esperando- para proceder contra él” («Jesús de Nazaret, mensaje e historia», página 374).

En conclusión, en palabras de E. P. Sanders, “Jesús fue ejecutado por los romanos, y si los judíos tuvieron algo que ver con ello -es decir, si no fue ejecutado simplemente por alterar el orden público-, los instigadores de su muerte tuvieron que haber sido los que tenían acceso a Pilato. Y los primeros que saltan a la vista son los dirigentes del sacerdocio” («Jesús y el judaísmo», pagina 420).

Ahora bien, después de citar a varios especialistas en los estudios bíblicos y historia bíblica, paso a compartir mi propio análisis, en el que reafirmo la tesis de que fue la línea sacerdotal (a la que estaban ligados los saduceos) el grupo o corriente del judaísmo la que desempeñó un papel protagónico en la muerte de Jesús.

A pesar de la idea popular y muy negativa que se tiene respecto de los fariseos, lo cierto es que la evidencia apunta a que el conflicto decisivo que marcó la muerte de Jesús estuvo ligado a la clase sacerdotal, rango al que pertenecían los saduceos.

Aunque generalmente muchos piensan que el principal grupo con el que Jesús tuvo sus mayores encontronazos fueron los fariseos, la verdad es que no fue así.

Para entender un poco mejor la tesis de este trabajo, ofrezco ahora un serie de elementos que ponen en evidencia las concordancias entre Jesús y los fariseos, y posteriormente entre los cristianos y los mismos fariseos.

En primer lugar, el centro religioso y cultual de la espiritualidad de los fariseos era la Sinagoga, observemos cómo la videncia bíblcia es contundente al mostrar la relación armoniosa entre Jesús y la Sinagoga (entre Jesús y los fariseos), y posteriormente, entre los cristianos y la misma Sinagoga. Consideremos por lo menos algunos pasajes a manera de ejemplo:

Mateo 12.9 “Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos”.

Mateo 13.54 “Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?

Marcos 1.21 “Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba”

Marcos 3.1 “Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano”

Marcos 5.22 “Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies”

Marcos 5.35 “Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?”

Lucas 4.16 “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo* entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer”

Lucas 4.20 “Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él”

Lucas 6.6 “Aconteció también en otro día de reposo,que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha”

Juan 6.59 “Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum”

Juan 18.20 “Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto”

Hechos 13.14 “Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron”

Hechos 13.15 “Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad”

Hechos 14.1 “Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos”

En segundo lugar, una doctrina tan importante para el cristianismo, como la resurrección, es precisamente común a Jesús y a los fariseos, a los cristianos y a los fariseos, observemos la evidencia bíblcia:

Juan 5.28 y 29 “8No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”

Hechos 23.6-9 “Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. 7Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. 8Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. 9Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios”

1 Corintios 15.16-19 “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. 19Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”

En tercer lugar, la idea de un Canon que incluye las tres secciones de la Biblia hebrea, la Torá (Pentateuco), los Neviím (los profetas), y los Ketuvim (los escritos), es otro elemento común entre los fariseos y Jesús, entre los cristianos y los fariseos. Comparase Lucas 24.44 “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley (Torá) de Moisés, en los profetas (Neviím) y en los salmos (los escritos)”. Esto así, pues los saduceos y los samaritanos sólo aceptaban como literatura canónica a la Torá o Pentateuco.

En cuarto lugar, la llamada Biblia hebrea, el Texto Masorético, del que depende hoy nuestra exégesis del Antiguo Testamento, nos llega gracias a los fariseos.

Finalmente, la esperanza en un Mesías y en el más allá, son otros de los aspectos comunes entre la enseñanza de Jesús y la de los fariseos, entre la esperanza cristiana y la de los mismos fariseos. Obviamente, estos dos aspectos distinguen y separan una vez más a Jesús, los fariseos y los cristianos de los saduceos.

Por oto lado, mientras que los fariseos tenía como centro a la Sinagoga, y ya vimos cómo Jesús frecuentaba y hasta hacía uso de la palabra en la misma; los saduceos, en cambio, estaban ligados al templo. En esta misma línea se puede ver en los evangelios que el mismo Jesús no tuvo palabras de censura para el liderazgo de la sinagoga, pero sí para el templo y su administración. Además, mientras que los fariseos eran una minoría en el sanedrín, los saduceos, por el contrario, constituían la mayoría, y ejercían el control del mismo.

Además, mientras que es abundante el testimonio respecto de Jesús y la Sinagoga, en cambio, la evidencia bíblica e histórica más segura apunta a que Jesús muy probablemente sólo visitó a Jerusalén una sola vez. Y en dicha ocasión ya sabemos lo que ocurrió. Al llegar aquí, no podemos olvidar que el ministerio de Jesús se desarrolló prácticamente en Galilea, a excepción de las últimas dos semanas.

Como parte final de este trabajo, voy a desarrollar un análisis estadístico de la frecuencia y el contexto en que se mencionan los fariseos, los saduceos y los sacerdotes, los cuatro evangelios canónicos, tomando como base la versión Reina Valera de 1960.

Parto de la premisa de que un análisis estadístico de la frecuencia de la mención de los fariseos y los sacerdotes en los cuatro evangelios (Mateo; Marcos, Lucas y Juan) arroja unos datos interesantísimos. Analicemos en primer lugar la mención del grupo de los sacerdotes en los cuatro evangelios:

La expresión “sacerdotes” ocurre 62 veces en 62 versículos en los cuatro evangelios. El promedio en que aparece en cada evangelio es como sigue:

En Mateo 20 veces, pero 16 en el contexto de los últimos días del ministerio terrenal de Jesús (el contexto de la pasión, comenzando en el 20.18). Lo que nos lleva a concluir que el 80 % de la mención de este grupo en el evangelio de Mateo se da en el contexto de la pasión de Cristo, y el resto (20 %) fuera de dicho contexto.

En Marcos 15 veces, pero 13 en el contexto de la pasión de Cristo. Conclusión: aproximadamente el 87 % de la mención del grupo de los sacerdotes ocurre en Marcos (partiendo del 10.33) en el contexto de la pasión de Cristo. El resto (apenas el 13 %) es el que se menciona fuera de dicho contexto.

En Lucas 16 veces, pero 13 en el contexto de la pasión de Cristo (comenzando en el 17.14), aproximadamente el 81 %. El resto (el 19 %) fuera de este contexto.

En Juan 11 veces, pero 8 veces en el contexto de la pasión (a partir del 11.47), aproximadamente el 73 %. El resto (el 27 %) fuera de dicho contexto.

Conclusión: Se nota claramente que el grupo sacerdotal adquiere una relevancia notoria en la narración de los evangelios (en los cuatro, aumentando la proporción en la siguiente manera: pasa del 20 al 80 % en Mateo; del 13 al 87 % en Marcos; del 19 al 81 % en Lucas; y del 27 al 73 % en Juan) precisamente en el contexto de la pasión de Cristo, lo que deja ver el papel destacado que jugó la clase sacerdotal (a la cual estaba ligada la línea saducea) en el proceso a Jesús.

Pasemos ahora al análisis estadístico de la mención de los fariseos en los cuatro evangelios. La expresión “fariseos” ocurre en los cuatro evangelios 82 veces en 80 versículos. Veamos, pues, la proporción en cada uno de los cuatro evangelios.

En Mateo 30 veces, pero 14 veces en el contexto de la pasión de Cristo (a partir del 21.45), lo que equivale a menos del 50 % (específicamente el 47 %). El resto (el 53 %) fuera de dicho contexto.

En Marcos 12 veces, (dos veces en el 2.18), pero una sola vez en el contexto de la pasión. Lo que equivale aproximadamente a un 8.5 % (realmente un poco menos). El resto (el 91.5 %) ocurre fuera del contexto de la pasión.

En Lucas 20 veces, pero una sola vez en el contexto de la pasión. Lo que equivale al 5 %. El resto (el 95 %) fuera de dicho contexto.

En Juan 20 veces, pero 6 veces en el contexto de la pasión (2 veces en el 7.32). Lo que equivale al 30 % (a partir del 11.46). El resto (el 70 %) fuera de dicho contexto.

En conclusión: En los cuatro evangelios encontramos que la referencia al grupo de los fariseos se da en una dirección proporcionalmente inversa a la mención del grupo de los sacerdotes en el contexto de la pasión o de los últimos días de la vida de Jesús previo a la pascua. Mientras que las referencias a la clase sacerdotal van de menos a más al entrar en el cuadro narrativo más próximo a la pasión de Cristo (del 20 al 80 % en Mateo; del 13 al 87 % en Marcos; del 19 al 81 % en Lucas; y del 27 al 73 % en Juan). Sin embargo, de más a menos la referencia a los fariseos en el mismo contexto de la pasión (de 53 al 47 % en Mateo; del 91.5 al 8.5 % en Marcos; de 95 al 5 % en Lucas; y del 70 al 30 % en Juan).

Este análisis estadístico demuestra el destacado papel desempeñado por la clase sacerdotal (a la que estaban ligados los saduceos) en el proceso de condena y crucifixión de Jesús. También se pone de manifiesto, en línea contraria a lo que piensan muchos, que los fariseos no jugaron un papel de primer orden en la muerte de Jesús. Por otro lado, analizando la evidencia que nos da el libro de los Hechos con relación al papel de los sacerdotes en la persecuciones sobre los primeros cristianos en Jerusalén, arroja más luz sobre la tesis que sostiene que el grupo que le presentó a Jesús y a los primeros cristianos la más fiera oposición fue la clase sacerdotal, clase que agrupaba a los Saduceos.

Con relación al libro de los Hechos, encontramos la siguiente estadística:

Los sacerdotes se mencionan en 14 ocasiones: 4.1, 6, 23; 5. 24; 6.7; 9.14, 21; 19.14; 22.30; 23.14; 25.2, 15; 26.10, 12.

Los Saduceos se mencionan cinco veces: 4.1; 5.17; 23.6, 7, 8.

Los Fariseos solamente se mencionan cinco veces: 15.5; 23.6, 7, 8, 9.

En resumen, entendiendo que los saduceos estaban ligados al templo y que pertenecían al rango sacerdotal, podemos concluir que considerando las 14 referencias específicas a los sacerdotes, unidas a las cinco de los saduceos, en conjunto, representan una relación de 19 a 5 con relación a los fariseos en el libro de los Hechos.

Conclusión: El grupo judío que tuvo un papel determinante en el proceso a Jesús, fue la aristocracia de Jerusalén, la cual estaba liderada por la corriente de los saduceos, la cual era de rango sacerdotal, la que menos tenía cosas en común con la enseñanza de Jesús, la que también controlaba el Sanedrín, y la que tenía un franco acceso a las autoridades romanas.

En palabras de E. P. Sanders, “Jesús fue ejecutado por los romanos, y si los judíos tuvieron algo que ver con ello -es decir, si no fue ejecutado simplemente por alterar el orden público-, los instigadores de su muerte tuvieron que haber sido los que tenían acceso a Pilato. Y los primeros que saltan a la vista son los dirigentes del sacerdocio” («Jesús y el judaísmo», pagina 420).

¡Bendiciones!

martes, 12 de abril de 2011

El ministerio de Jesús, a propósito de Cuaresma

¿Cuando comenzó? ¿Qué tiempo duró?

En el contexto de la Cuaresma y la Semana Santa es común el que se plantee la cuestión de la duración del ministerio de Jesús de Nazaret. No es extraño, pues, bíblica e históricamente la evidencia a punta a que Jesús murió en el contexto de la fiesta judía de peregrinación conocida como la pascua (hebreo “pesaj”, griego “pásja”).

Sin embargo, el gran problema consiste en establecer el método adecuado o más plausible para llegar a una respuesta lo más verosímil posible al respecto.

Es muy común la afirmación de que el ministerio de Jesús tuvo una duración de unos tres años o tres años y medio. Pero ¿es esto realmente cierto?

Ciertamente no tenemos en la Biblia un pasaje que con propiedad nos diga qué tiempo duró el ministerio de Jesús. En otras palabras, la duración del ministerio de Jesús no es un asunto bíblico, no es algo que la Biblia pretendiera establecer o fijar. Realmente no fue este un dato que se conservara ni recibiera importancia en las tradiciones relativas a Jesús de Nazaret conservadas en las fuentes cristianas canónicas y no canónicas.

Tampoco tenemos datos extrabíblicos seguros que nos permitan establecer con certeza la duración del ministerio de Jesús.

Puedo decir que hay dos métodos que se han empleado para tratar de responder la pregunta de cuál fue la duración del ministerio de Jesús.

El primero método consiste en verificar las fechas más probables, más aceptadas en las que se entiende que Jesús nació y murió. El problema de este método es que sirve más (es más útil) para fijar la cantidad de años que vivió Jesús, que para determinar propiamente la duración de su ministerio.

Con relación a la fecha del nacimiento de Jesús, bíblica e históricamente el testimonio unánime es que éste nace en tiempos de Herodes el Grande. Luego, como Herodes el Grande muere en el año 4 (cuatro) antes de Cristo, se concluye que Jesús pudo nacer en ese mismo año, en los últimos años de vida de Herodes.

Además, si el dato que ofrece Mateo es históricamente correcto (a pesar de que como afirma Raymond E. Brown, la historicidad del relato de los magos tiene dificultades casi insuperables), respecto de los dos años tomados como referencia por Herodes para la matanza de los niños (Mateo 2.16); y otras consideraciones, Jesús habría nacido alrededor del año 7 o 6 antes de Cristo.

Con relación a la fecha de la ejecución de Jesús contamos con datos más seguros. La fecha aceptada por la mayoría de los historiadores y especialistas es el año 30 de nuestra era (hay los que específicamente hablan del viernes 7 de abril, 14 de Nisán).

A la luz de estos datos, diríamos que si Jesús nació en el año 4 antes de él, y muere egctivamente en el año 30, la vida de Jesús duró unos 34 años. Pero si en realidad Jesús nació entre el 7 o 6 antes de él, y muere en el 30, Jesús habría sido crucificado a la edad de 36 o 37 años.

Ahora bien, entiendo que el ministerio público de Jesús inicia con su bautismo, el tener una fecha aproximada de este evento nos ayudaría bastante. Por otro lado, en tener con una cifra aproximada de la edad que tenía Jesús cuando fue bautizado, también serviría de ayuda para fijar la duración del ministerio de Jesús.

En primer lugar, respecto a la fecha de su bautismo, se tienen como más probables los años 27-29 de nuestra era.

En este sentido, el ministerio de Jesús, habría durado un promedio de uno a tres años.

Con respecto a la edad aproximada que tendía Jesús cuando comenzó su ministerio, la Biblia tampoco es clara. La única información que tenemos al respecto nos la da Lucas, pero es un poco vaga, pues Jesús, teóricamente, podría tener un poco más (más verosímil) o un poco menos. Lucas 2.23 afirma “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí.”

Ahora bien, si Jesús nació en el año 4 antes de él, y fue bautizado en el 29, Jesús iniciaría su ministerio a la edad de 33 y moriría de 34, con un ministerio de a penas un año (y así sucesivamente, si fue bautizado en el 28, tendría 32 y moriría de 34, con un ministerio de dos años; y si fue bautizado en el 27, Jesús tendría 31 y moriría de 34, con un ministerio de tres años).

Pero si Jesús realmente nació en el año 6 antes de él, si fue y fue bautizado en el 29, Jesús iniciaría su ministerio a la edad de 35 y moriría de 36, con un ministerio de a penas un año (y así sucesivamente, si fue bautizado en el 28, tendría 34 y moriría de 36, con un ministerio de dos años; y si fue bautizado en el 27, Jesús tendría 33 y moriría de 36, con un ministerio de tres años). Y el asunto incluso se complica más si Jesús realmente nació en el año 7 antes de él.

El segundo método parte de los datos mismos que nos proporcionan los evangelios mismos tomando como clave las posibles visitas de Jesús Jerusalén para la celebración de la pascua.

Probablemente el método más adecuado para fijar específicamente la duración del ministerio de Jesús sea precisamente las posibles visitas de Jesús a Jerusalén en el contexto de las fiestas de peregrinación. Recordemos que las fiestas judías de peregrinación (la Pascua, Pentecostés y los Tabernáculos) se celebran anualmente.

Lo penoso es que los evangelios no coinciden en este punto, no nos dan un dato uniforme, imposibilitando el que lleguemos a una conclusión totalmente segura.

Consideremos, pues, lo que ciertamente nos dicen los evangelios.

Según el evangelio de Marcos, Jesús estuvo en Jerusalén en una sola ocasión, visita en la cual fue crucificado (Marcos 11.1-15.47). En consecuencia, según Marcos el ministerio de Jesús no duraría más de un año.

Algunos piensan que Mateo (23.37) y Lucas (13.34) sugieren que Jesús probablemente haya visitado a Jerusalén en más de una ocasión. Sin embargo, pienso que no se deben extraer demasiadas conclusiones de estos versículos, porque al fin y al cabo, en ninguna manera hacen referencia a que estas probables visitas a Jerusalén hubieran tenido lugar en el contexto de las fiestas de peregrinación. En consecuencia, los datos de Mateo y Lucas parecen más bien confirmar el punto de vista y tradición de Marcos.

Por otro lado, el evangelio de Juan menciona tres casos específicos en que Jesús estuvo en Jerusalén para la celebración de la pascua, en el contexto de las fiestas de peregrinación:

Juan 2.13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén (compárese el versículo 23).

Juan 6.4 “Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.

Juan 11.155-58 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse. 56Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta? 57Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen.

Siguiendo a Juan, si Jesús visitó a Jerusalén para la pascua al comenzar su ministerio (2.13), pero luego volvió en dos ocasiones y años posteriores (6.4 y 11.55-58), esto significaría que el ministerio de Jesús tendría una duración de dos años y algo.

Pero si la fiesta que se menciona en Juan 5.1 (Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén) era la pascua u otra de las fiestas de peregrinación y de un año distinto a la ocasión del 6.4, esto significaría que el ministerio de Jesús, según Juan, tendría una duración de tres años y algo.

Sin embargo, Gunther Bornkamm advierte: “No sabemos si Jesús había ejercido antes su actividad en Jerusalén o en sus alrededores. Sus lamentaciones sobre Jerusalén «Cuantas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina a reúne a sus pollos bajo sus alas…» (Mateo 23.37-39) pueden ser una cita de los libros sapienciales; difícilmente prueban que Jesús ha ejercido antes cualquier actividad en la ciudad. El evangelista Juan que sitúa el ministerio de Jesús a veces en Galilea y a veces en Jerusalén, y que le hace participar en tres fiestas pascuales, no es sobre este punto un testigo histórico seguro, porque los lugares de la actividad de Jesús tienen manifiestamente par él una significación simbólica” («Jesús de Nazaret», Ediciones Sígueme, año 2002, página 163) “

En resumen, a la luz de los datos de los evangelios, la conclusión, lógicamente ambigua, es la siguiente:

Según los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), probablemente el ministerio de Jesús tuvo una duración de alrededor de un año.

Según Juan, y de acuerdo a las tres referencias específicas a la pascua, el ministerio de Jesús habría tenido una duración de dos años y algo.

Pero, también según Juan, si se asume que la fiesta de Juan 5.1 es la pascua u otra de las fiestas de peregrinación, el ministerio de Jesús probablemente haya tenido una duración de tres años y algo.

De todos modos, la determinación específica y segura de la duración del ministerio de Jesús es algo que hay que dejarlo sin resolver. Aquí sólo he mencionado las probabilidades que podemos sugerir, a la luz de los datos de que disponemos. Habrá quienes seguirán los datos de los evangelios sinópticos, pero otros se identificarán con los datos de Juan, el cuarto evangelio. Personalmente pienso que la tradición sinóptica merece la preeminencia, dado las características esenciales del cuarto evangelio.

Quiero terminar este artículo citando al respecto la opinión de algunos especialistas.

“No es posible precisar el año de nacimiento de Jesús; hay una cierta probabilidad en favor de los últimos años de reinado de Herodes el Grande”.

“La primera aparición pública de Jesús se produce entre los años 27 y 28 después d.C.”

“El año 30 d.C. es el año más aprobable de la muerte de Jesús; pero no se excluye que puedan ser otros años.”

“Jesús nació entre los años 6/4 a.C., todavía en vida de Herodes I; actuó por breve tiempo, en los inicios del mandato del gobernador Poncio Pilato (26-36 d.C.); y fue ajusticiado, probablemente, en la fiesta de pascua del año 30 d.C. (Gerd Theissen y Annette Merz, «El Jesús histórico», Ediciones Sígueme, España, 2004, páginas 182-186).

“Jesús, pues, fue un judío de Galilea, y nació probablemente en Nazaret. Aquí debió de vivir alrededor de treinta años (Lucas 2.23), hasta que fue bautizado por Juan el Bautista. El bautismo tuvo lugar en el año 27-28 o 28-29 d.C. Más difícil es determinar la duración de su ministerio público que va desde el bautismo hasta la crucifixión. Según los datos de los tres primeros Evangelios, parece que duró, a lo sumo, un año. En cambio, según Juan, habría durado incluso tres años… Según la hipótesis más probable, Jesús fue bautizado el 28-29 y murió el año 30” (David Flusser, «Jesús, en sus palabras y en su tiempo», Ediciones Cristiandad, España, 1975, páginas 31 y 32).

“Jesús vivió con sus padres en Nazaret, una aldea galilea. Uno de los herederos de Herodes el Grande, Antipas, fue quien gobernó Galilea durante toda la vida de Jesús (salvo al principio cuando aun vivía Herodes el Grande), es muy probable que todo el ministerio activo de Jesús, exceptuando las últimas dos o tres semanas, se desempeñara en la Galilea de Antipas… No sabemos con exactitud durante cuánto tiempo continuó ese ministerio itinerante, pero al parecer sólo un año, tal vez dos” (E. P. Sanders, «La figura histórica de Jesús», Verbo Divino, España, 2005, páginas 29 y 30).

“En cuanto a la duración de la actividad pública de Jesús, se supone que ésta fue, por lo menos, de un año, y como máximo de tres años,. Sin embargo, una actividad de tres años es improbable… No sabemos en qué año se hizo tal cosa (su crucifixión). Así que tendremos que contentarnos con la información de que Jesús fue ejecutado hacia el año 30. El año 30 fue el año 783 después de la fundación de Roma. Por lo que se refiere a la edad de Jesús, creemos probable que él acabara de sobrepasar la mitad de sus treinta años” (Joachim Gnilka, «Jesús de Nazaret, mensaje e historia», Editorial Herder, España, 1995, página 385).

Saludos fraternales