viernes, 17 de diciembre de 2010

Navidad: paganismo y redención

Un análisis crítico, pero optimista (observaciones previas 2)

Algunos elementos o influencias que encontramos en la Biblia y en la tradición judeocristiana son:

1) La circuncisión

La circuncisión que es de origen egipcio, la religión judía la hace suya y la establece como señal del pacto entre Yahvé y la nación hebrea (compárese Génesis 17.1-14; Josué 5.1-12).

Al respecto, la enciclopedia Wikipedia dice: “La circuncisión se menciona en el siglo V antes de Cristo por Heródoto, que la nombra en el segundo libro de sus Historias y le atribuye su origen a los egipcios. Este origen parece confirmado por los numerosos vestigios arqueológicos, el más antiguo es un grabado de la tumba de Ankhamahor (entre 2300 y 2200 antes de Cristo) que representa una circuncisión practicada con una piedra de sílex en un hombre de pie.”

2) Algunos paralelismos entre el código mosaico y algunos códigos del antiguo oriente

Un caso específico: Ideas paralelas a Éxodo 21.22-25 en otros códigos del antiguo oriente

Consideremos ahora varios preceptos paralelos a lo establecido en Éxodo 21.22-25, que encontramos en otros cuatro códigos, a saber: el Código sumerio, el Código de Hammurabi, el Código hitita, y el Código mesoasirio. Para la explicación histórica y cita de estos códigos, vamos a depender de la obra Paralelos del Antiguo Testamento, de Víctor H. Matthews y Don C. Benjamín, publicada en español por la Editorial Sal Terrae, en el año 2004.

El Código sumerio data del año 1800 a.C. aproximadamente, pero representa una tradición legal mucho más antigua. En el artículo número uno de este código leemos: “Si un ciudadano golpea accidentalmente a la hija de otro, y ésta aborta, entonces la multa será de diez siclos (80 gramos) de plata”.

Observación: Concuerda con Éxodo 21.22-25 en que establece sólo una multa si simplemente la mujer aborta. De esto mismo se deduce que el aborto accidental, no inducido, circunstancialmente necesario, es un mal menor, pero que la muerte de la madre sería un mal mayor.

El Código de Hammurabi es un tratado sobre teoría legal, ciencia política y organización social. Hammurabi, gran rey de Babilonia en los años 1792-1750 a.C., publicó esta obra clásica para refrendar el pensamiento legal y los valores de su gobierno. En el artículo 209 de dicho código leemos: “Si un ciudadano golpea a la hija de otro y le causa un aborto, entonces la multa será de diez siclos (80 gramos de plata)”.

Observación: Concuerda con Éxodo 21.22-25 en que establece sólo una multa si simplemente la mujer aborta. De esto mismo se deduce que el aborto accidental, no inducido, circunstancialmente necesario, es un mal menor, pero que la muerte de la madre sería un mal mayor.

El Código hitita representa el pensamiento legal en Hatti entre los años 1450 y 1200 a.C. Prefiere sentencias que compensan a las víctimas por las pérdidas, en lugar de las sentencias que castigan a los culpables de los crímenes. También conmuta normalmente las sentencias de muerte por el castigo corporal y reduce las sentencias de castigo corporal a multas. En el artículo 17 de este código leemos: “Si un hombre provoca un aborto a una mujer libre, pagará una multa de diez siclos (80 gramos) de plata si ella está en el décimo mes, y cinco siclos (40 gramos) de plata si está en el quinto mes. Pondrá también sus tierras e hijos como aval”.

Observación: Concuerda con Éxodo 21.22-25 en que establece sólo una multa si simplemente la mujer aborta. De esto mismo se deduce que el aborto accidental, no inducido, circunstancialmente necesario, es un mal menor, pero que la muerte de la madre sería un mal mayor. También fija una multa mayor en proporción al mayor desarrollo del feto. Otro detalle que no envuelve el precepto de Éxodo es la diferencia que sí establece esta legislación entre una mujer esclava y una mujer libre. Lo penoso es que el Código hitita no nos dice cómo se manejaría el caso de un aborto accidental si la mujer fuere esclava.

El Código mesoasirio fue publicado por Teglatfalasar I, gran rey de Asirias de 1115 a 1077 a.C. Es posible que el Código mesoasirio tuviera mil líneas de extensión y probablemente seguía el mismo patrón literario que el Código de Hammurabi. En el artículo 21 del Código mesoasirio leemos: “Si un ciudadano maltrata físicamente a la hija de otro hasta que tiene un aborto, entonces, después del debido proceso, le impondrán una multa de dos talentos y treinta minas (75 kilogramos) de plomo, recibirá cincuenta bastonazos y realizará trabajos forzados para el Estado durante un mes”.

Observación: Concuerda con Éxodo 21.22-25 en que establece sólo una multa si simplemente la mujer aborta. De esto mismo se deduce que el aborto accidental, no inducido, circunstancialmente necesario, es un mal menor, pero que la muerte de la madre sería un mal mayor.

En el artículo 50 también leemos: “Si un ciudadano maltrata físicamente a la esposa de otro hasta que tiene un aborto, entonces, el marido de ésta maltratará físicamente a la esposa del acusado hasta que tenga un aborto. El acusado compensará a la víctima dando a la familia de ésta un hijo de su propia familia”.

Observación: Concuerda con Éxodo 21.22-25 en que establece sólo una multa si simplemente la mujer aborta. De esto mismo se deduce que el aborto accidental, no inducido, circunstancialmente necesario, es un mal menor, pero que la muerte de la madre sería un mal mayor.

“Si un ciudadano maltrata físicamente a la esposa de otro hasta que tiene un aborto y muere, entonces el acusado será ejecutado y su familia compensará a la víctima dando a la familia de ésta un hijo”.

Observación: Concuerda con Éxodo 21.22-25 en que establece sólo una multa si simplemente la mujer aborta. De esto mismo se deduce que el aborto accidental, no inducido, circunstancialmente necesario, es un mal menor, pero que la muerte de la madre sería un mal mayor. También concuerda con Éxodo 21.22.25 en que el victimario estaría sujeto a la aplicación de la “ley del talión” si la mujer que abortare también sufriere algún daño serio o muriere.

“Si un ciudadano maltrata físicamente a la esposa de otro hasta que tiene un aborto y su marido no tiene hijos, entonces el acusado será ejecutado y, aunque el feto sea mujer, su familia compensará a la víctima dando a la familia de ésta un hijo”.

Observación: Este precepto envuelve una situación que no fue considerada en Éxodo 21.22-25, ni en el resto del código mosaico. El aspecto peculiar de este precepto es que regula los casos de abortos accidentales en los que el esposo de la mujer que abortare no tuviere descendencia masculina.

En el artículo 53 del mismo Código mesoasirio, se lee: “Si una mujer aborta, entonces, después del debido proceso, la empalarán en un poste y no la sepultarán. Si una mujer aborta y muere, empalarán su cadáver en un poste y no lo sepultarán. Si un ciudadano oculta a una mujer para que pueda abortar y no la acusa el juez…”

Observación: Este precepto envuelve una situación que no fue considerada en Éxodo 21.22-25, ni en el resto del código mosaico, a saber: los casos de abortos inducidos, no accidentales, ni circunstancialmente necesarios. En tales casos se establecía la pena capital para la mujer.

¡Hasta mañana, con el favor de Dios!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Navidad: Paganismo y redención

Un analisis crítico pero optimista (Notas previas I)

De entrada quiero dejar bien claro que estoy muy consciente de las pasiones que desata el tema de la “navidad”. Sé muy bien que hay personas que entienden que una postura ortodoxa es precisamente aquella que no ve en la navidad nada positivo y merezca resaltarse.

Ahora bien, ¿en qué se basa esa actitud? Una de las razones es su desconocimiento de la historia de la Biblia misma, y del pueblo hebreo en que halla el cristianismo sus primeras raíces. La otra razón es la presunción de que la religión judía “bajó del cielo” y que nunca asimiló patrones, ritos, conceptos y algunas prácticas de los pueblos circunvecinos. Pero la verdad es todo lo contrario. Otra presunción es que también el cristianismo “bajó del cielo”. Y otra vez hay que decir que esto sencillamente no es cierto. Otra razón es la falta de consistencia, pues mientras que se procura detectar los elementos extraños al cristianismo, para su rechazo; por otro lado, se ignoran los elementos que aportan los evangelios de Mateo y Lucas por medio de sus relatos de “anunciación”, para ponderarla positivamente.

Con este ensayo no pretendo “lavarle el cerebro a nadie”, ese no es mi estilo, pero sí me he propuesto arrojar un poco más de luz sobre algunos aspectos o premisas, que entiendo merecen revisare o fundamentarse mejor. Este ensayo está escrito con un sentido crítico, nada conservador, y mucho menos fundamentalista. Por eso he hablado de “un análisis crítico, pero optimista”.

Comencemos, pues, nuestra aventura, planteándonos algunas preguntas de reflexión:

1) ¿Qué concepción tenemos de la Biblia Hebrea)? ¿Funda la Biblia Hebrea una nueva religión en el vacío, o más bien la crea pero “refundando”, “recreando”, “reformando”, y mostrando una asimilación y reinterpretación de la cultura cananea, mesopotámica, egipcia, babilónica, persa y griega? ¿Qué tan pura es la religión del AT?

2) ¿Es la Biblia Hebrea una obra básicamente postexílica o no? ¿Es la Biblia Hebrea, en su forma canónica actual, fruto de la “reacción” y “revisión” llevada a cabo con posterioridad al exilio babilónico, o no?

3) ¿Es el judaísmo como tal, como se conoció en el primer siglo de nuestra era, una religión postexílica o no? ¿No comporta el judaísmo una asimilación, alejamiento, crítica, revisión y transformación de la herencia cultural y religiosa cananea? ¿No muestra la religión del pueblo hebreo el anhelo de ser la superación de la herencia cultural y religiosa cananea?

4) ¿Transmite la Biblia Hebrea o no, una visión sesgada de la herencia cultural y religiosa de los pueblos cananeos?

5) ¿Qué concepción tenemos del Nuevo Testamento? ¿Funda el Nuevo Testamento una nueva religión en el vacío, o más bien la crea pero “refundando”, “recreando”, “reformando”, y mostrando una asimilación y reinterpretación de la cultura y religión hebrea con los matices que esta tenía para el primer siglo de nuestra era? ¿Qué tan pura es la religión del NT? ¿Qué tan pura era la religión judía en el primer siglo de nuestra era?

6) ¿Hace el NT o no, un uso indiscriminado del AT? ¿Supone o no, el NT, una peculiar lectura y reinterpretación del AT?

6) ¿No muestra y supone el cristianismo el anhelo de ser la superación de la religión del pueblo hebreo? ¿No pretende tener el cristianismo la mejor y correcta lectura e interpretación de la Biblia hebrea?

7) ¿No comporta el cristianismo una asimilación, alejamiento, crítica, revisión y transformación de la herencia cultural y religiosa del pueblo hebreo?

La historia universal nos dice que el pueblo hebreo tiene una historia reciente. Sus orígenes se ubican, comenzando con Abraham, alrededor del siglo XVIII antes de nuestra era. La conquista definitiva de Canaán y el asentamiento de los hebreos en dichas tierras se ubica más bien entre los siglos XIII y XII antes de nuestra era.

Sin embargo, a pesar de las pretensiones de los hebreos que demandan una historia antiquísima, la verdad es que hay pueblos muchos más antiguos que el pueblo hebreo. Por ejemplo, la historia universal reconoce la existencia de asentamientos humanos en la Mesopotamia para el año 6,000 antes de nuestra era (60 siglos).

La historia universal afirma que había pobladores en la India unos siete mil años (7, 000) años (siete milenios) antes de nuestra era.

La historia universal habla de un Egipto unificado para el año 2, 850 antes de nuestra era (29 siglos antes).

A la civilización china también se le sitúa entre cinco y seis mil años antes de nuestra era (seis y cinco milenios antes).

Traigo estos datos a colación para dejar por sentado que, posteriormente, vendría a ser el pueblo hebreo el que asimilara y reflejara algunos patrones y elementos de las culturas y religiones más antiguas y no al revés. Obviamente, de los pueblos con los que el pueblo hebreo tuvo mayor contacto e interacción en su historia, como los pueblos mesopotámicos, Egipto, los pueblo cananeos, Babilonia, Persia, etc.

¡Hasta mañana, con el favor de Dios!

jueves, 9 de diciembre de 2010

Cuando la apelación a los idiomas originales de la Biblia implica cierta falacia o manipulación, aunque sea inconsciente

¿Es cierto que el mandato de Jesús no fue “ir”, sino “hacer discípulos”? ¿Qué fue lo que realmente dijo Jesús, según Mateo 28.19 y Marcos 16.15?

Recuerdo que hace unos diez años años que un estudiante de una de mis clases de teología, me cuestionó acerca de la que podría ser la correcta interpretación de las palabras de Jesús en los dos pasajes citados.

En esos días mi referido estudiante había participado en un taller de capacitación para el discipulado. Él me confesó que el profesor que estaba impartiendo el taller había afirmado que lo más importante era “hacer discípulo”, y no el “ir”.

Lo interesante de esta conclusión era que supuestamente estaba basada en una correcta exégesis del texto griego de Mateo 28.19 y Marcos 16.15. La pregunta, obvia, es ¿es esto cierto? ¿Qué es realmente lo que se desprende del texto griego de los pasajes en cuestión?

Una explicación que se ha dado, apelando al texto griego, por un lado, es que tanto en Mateo 28.19 como en Marcos 16.15, lo que la Reina Valera de 1960 tradujo como un imperativo (“id”) es más bien un participio que literalmente significa: “yendo”. Por otro lado, que lo que efectivamente está en modo imperativo son las formas “haced discípulos” y “predicad el evangelio”.

Ahora bien, ¿Qué es realmente lo que dice el texto griego?¿Será correcta esta explicación? ¿Tradujo mal la Reina Valera 1960? Vayamos, pues, al griego.

El texto griego de Mateo 28.19 dice: Poreuthéntes un matheteúsate pánta ta éthne, baptízontes autús eis to ónoma tu patrós kái tu juiú kái tu jagíu pneúmatos.

Mi propía traducción premilinar es: “Así que, habiendo ido, hagan discípulos a todas las naciones.”

El texto griego de Marcos 16.15 dice: Poreuthéntes eis ton kósmon jápanta kerúxate to euanguélion pase te ktísei.

Mi propia traducción preliminar es: “Habiendo ido prediquen el evangelio a toda criatura”.

Ahora bien, con relación a la opinión de que en el griego lo que hay en estos dos pasajes es un participio que significa “yendo”, diré lo siguiente. Es cierto que en estos pasajes hay un participio, pero no con el significado sugerido. También es correcta la afirmación de que el participio griego, en su forma sencilla, equivale al gerundio castellano. Por ejemplo, el participio del verbo “creer” (pistéuo) es “pistéuon” (“creyendo”). Un ejemplo del participio sustantivado, con artículo, y con el valor de un sustantivo, lo encontramos en el muy popular pasaje de Juan 3.16 en la frase “para que todo el que cree, o está creyendo (jo pistéuon) en él, no se pierda”.

Otra detalle a tomar en cuenta es que el participio griego está vinculado estrechamente con el verbo principal de la oración. Si el participio está en tiempo presente, por lo general significa que la acción del participio se realiza de manera simultánea con la del verbo principal. Pero si el participio está en tiempo aoristo, la acción del participio, por lo general, ocurre antes que la del verbo principal de la oración.

Entonces, ¿Qué tipo de participio hay, en Mateo 28.19 y Marcos 16.15? En primer lugar, diré que efctivamente en ambos pasajes hay un participio aoristo y no un participio presente. La palabra griega que representa dicho participio es “poreuthéntes”. Una detalle importante es que tanto Mateo como Marcos usaron el mismo participio aoristo segundo, o sea “poreuthéntes”, aoristo, nominativo plural, masculino de “poréuoma” (“ir”).

Nótese que dije que “poreuthéntes” es un participio aoristo. Había dicho antes que el participio presente por lo general presenta una ación que se desarrolla simultáneamente, al mismo tiempo que la del verbo principal de la oración. Por otro lado, también dije que el participio aoristo, por lo general, señala una acción que ocurre antes que la del verbo principal de la oración. Entonces, a la luz de estas máximas, se entenderá por qué el énfasis del participio es, en Mateo 28.19, “Habiendo ido (después que han ido, como hayan ido, cuando hayan ido) hagan discípulos”. Y en Marcos 16.15, “Habiendo ido (después que han ido, como hayan ido, cuando hayan ido) proclamen el evangelio”.

Después de estas explicaciones, quizás algunos me digan, hermano Benjamín, ¿Por qué la Reina Valera lo tradujo en modo imperativo, “id”, y no como usted lo hizo en su traducción preliminar? ¿Se equivocó la versión Reina Valera revisión de 1960? ¿Qué explicación nos da al respecto?

Pues bien, la traducción de la Reina Valera, si bien es cierto que difiere de la traducción preliminar que personalmente he hecho, no es incorrecta. La explicación es que las formas verbales “haced discípulo” (mathetéusate) y “predicad en evangelio” (kerúxate) sí están en el modo imperativo, y como la acción del participio, por ser aoristo se va a realizar primero, no es incorrecto traducir el participio como un imperativo. Como el verbo de la oración está en modo imperativo, la acción del participio se ha de realizar antes. Esto explica la traducción de Reina Valera, y destruye los argumentos que objetan la manera como ésta tradujo el participio griego “poreuthéntes”. .

La traducción de la Reina Valera 1960 nos pone en una perspectiva correcta, puesto que al pensar en los imperativos “haced discípulos” y “predicad el evangelio”, teniendo presente que el participio tiene que realizarse antes, entonces tenemos que concebir el participio como un imperativo lógico también.

Además de estas evidencias, el ejemplo de nuestro Señor tiene mucha fuerza. En una ocasión dijo: “vine a buscar y a salvar” (note el orden) lo que se había perdido (Lucas 19.10). Recordemos también que Jesús no mandó a los doce y a los setenta o setenta y dos “a esperar a”, más bien los mandó “a buscar a” (véase Mateo 10.7-15; Lucas 10.1-12; considéres también también a Hechos 1.8).

A la luz del análisis realizado, presento ahora mi traduccción definitiva de los dos pasajes objetos de nuestro estudio.

Mi propia traduccción ya definitiva de la cláusula en cuestión, en Mateo 28.19 es: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones.”

Mi propia traduccción ya definitiva de la cláusula en cuestión, en Marcos 16.15, es: “Vayan y prediquen el evangelio a toda criatura”.

Como se ve, la traduccción que personalmente he hecho concuerda con la traduccción de la Reina Valera de 1960. Otras versiones que atestiguan mi infoque y mi interpretación son: La Nueva Biblia Española, la Biblia de las Américas, la Nueva Versión Internacional, la Biblia del Peregrino, la Biblia de Jerusalén, entre otras.

Finalmente, la conclusión a la que tenemos que arribar, dado el análisis del griego, y las demás evidencias presentadas, es que debemos replantear nuestro compromiso respecto a la manera de cumplir con la gran comisión.

¿Nos mandó el Señor a “buscar a”, o “a esperar que vengan a nosotros”? ¿Mantendremos la vieja tradición de preguntar si hay amigos en el culto, o diseñaremos una estrategia para alcanzarlos, “yendo”? ¿Seguiremos organizando y gastando recursos en campañas Evangelísticas dentro del templo, o aun en un estadio, donde la asistencia es primordialmente de creyentes?

La traducción que hace la Reina Valera de 1960 de Mateo 28.19 y de Marcos 16.15 es correcta. Sin duda alguna, les digo que un buen conocimiento de la gramática griega, y un análisis correcto del texto griego, lo ha de confirmar.

Bendiciones!

jueves, 2 de diciembre de 2010

En el Día mundial de la lucha contra el Sida

Una reflexión verdaderamente pertinente, un día después

Una actitud quizás extraña pero muy común es que, frente a ciertas catástrofes o situaciones que involucran ciertas tragedias (como terremotos, enfermedades, ciclones, sequías, etc.), haya personas religiosas (hasta cristianas y evangélicas) que con una convicción muy firme y sorprendente sostengan y afirmen que “eso” o “aquello” ocurrió como un castigo divino. En efecto, no han faltado las personas que piensen de esta manera con relación al VIH-Sida.

Ahora bien, sin duda, no deben ser pocas las personas que se preguntarán si tal actitud tiene una base, por lo menos en la Biblia, que ayude, sino a justificarla, por lo menos a explicarla. Ciertamente hay algunos textos bíblicos que se utilizan como justificación. Consideremos un relato muy conocido:

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9.1-2).

Observemos también los siguientes textos:

Salmo 127.2 “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.”

Hay bendiciones sobre la cabeza del justo; Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.” (Proverbios 10.6)

¿Qué razón habrá que explique esta forma de pensar?

En el trasfondo de los textos bíblicos citados y otros, está la llamada “ley de retribución”. Pero, ¿en qué consiste la ley de la retribución?

La ley de la retribución es llamada también “ley de la siembra y la cosecha”, que podemos explicar de la siguiente manera: el que hace el bien, cosecha (¿merece?) cosas buenas; el que hace lo malo, cosecha (¿merece?) cosas malas; el que siembra mucho, no cosecha poco; el que siembra poco, no cosecha mucho.

Otros textos bíblicos que reflejan la visión de la ley de retribución son:

Job 21.17 “Oh, cuántas veces la lámpara de los impíos es apagada, Y viene sobre ellos su quebranto, Y Dios en su ira les reparte dolores!” (Compárese Levítico 24.13-16, 23; Jueces 9.24; Job 21.19; Proverbios 10.11; Salmo 139.19-24).

Algunos ejemplos del Nuevo Testamento son Gálatas 6.7 y 2 Corintios 9.7; Salmo 127.1-2.

Gálatas 6.7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”

2 Corintios 12.7 6Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.”

Lo interesante es que la Biblia misma también nos proporciona una serie de textos que asumen una postura crítica y que comunican una visión contraria a la ley de la retribución, consideremos algunos:

Eclesiastés 8.14 14Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.”

Eclesiastés 9.11 11Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.”

Juan 9.1-3 “1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”

Mateo 5.43-48 43Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Salmo 73:1-9, 12-14 “1Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. 3Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos. 4Porque no tienen congojas por su muerte, Pues su vigor está entero. 5No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. 6Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. 7Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón. 8Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería. 9Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra… He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.13Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia; 14Pes he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas.”

Compárese: Job 11.4-6; Malaquías 3.13-18. Proverbios o refranes populares que van en la misma línea son: 1) Dios le da barba al que no tiene quijada; 2) Nadie sabe para quien trabaja; 3) Una cosa piensa el burro, otra el que lo apareja.

Como se puede ver, teniendo como telón de fondo la llamada “ley de la retribución”, hay textos bíblicos que suponen que si una persona o pueblo es víctima de alguna desgracia, es porque algo malo ha hecho. Luego y, consecuentemente, que si en esta tierra (y en el más allá) hemos de recibir algo bueno, será porque que previamente hemos hecho sólo lo correcto; y de haber hecho algo malo, nos arrepentimos a tiempo.

No obstante, hay textos bíblicos mismos que muestran lo contrario. Tales textos nos hacen reflexionar seriamente sobre el indiscutible hecho de que en la existencia humana no siempre el justo recibe lo que suponemos que merece, y que el injusto en muchísimas ocasiones (quizás en la mayoría de las veces) tampoco recibe lo que imaginamos que debería recibir. Frente a esta realidad, y por lo muy relativa y no siempre aplicable de la ley de la retribución, surgió y se desarrolló la esperanza en la “retribución escatológica”. Esta consiste en la confianza y consuelo de que será en el más allá (juicio final, retribución definitiva, etc.) cuando tanto el justo como el injusto recibirán su retribución definitiva, lo que en verdad merecen.

Frente al VIH-Sida y muchísimas tragedias más, lo que se espera de nosotros es una actitud compasiva y solidaria. Ya basta de seguir creyéndonos que somos “Dios” para decidir a nuestro antojo quién merece algo y quién no.

Quizás una mejor opción sería el que nos preguntemos del por qué Dios nos ha colocado donde estamos y cómo quiere usarnos para dar un testimonio concreto de su existencia, por medio de nuestra solidaridad y expresiones concretas de amor (bondad, fraternidad, filantropía, etc.), coherentes con el carácter de nuestro creador (compárese 1 Juan 4.7-12).

¡Que Dios nos ayude en esta tarea!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Día internacional de la NO violencia contra la mujer

Muy a propósito, una reflexión teológica pertinente

A pesar de los distintos movimientos que en la historia universal han venido luchando contra todo tipo de violencia contra la mujer, lo cierto es que todavía persisten argumentos de distintas naturalezas, hasta teológicos, que pretenden justificar la marginación y alienación de la mujer en y desde distintos ámbitos y planos.

Como ya se sabe, la violencia contra o hacia la mujer tiene diversos matices y formas. Por un lado está la violencia de tipo verbal, la física, la emocional, y la sicológica. Por otro lado, existe una violencia sutil y que por lo general pasa de inadvertida. Este último tipo de violencia es de naturaleza estructural y sistémica en el ámbito cultural y social. Consiste en todo un conjunto de cercos y murallas que por siglos se le han impuesto a la mujer alineándola en todo el sentido de la palabra.

Desde esta perspectiva, a la mujer se le han fijado y asignado espacios, así como también se le ha impedido el acceso a otros. Por ejemplo, en el contexto de la cultura hebrea que sirve de trasfondo básico y general para los textos bíblicos, se consideraba que la mujer había sido creada principalmente para la procreación (sin dejar de incluir la satisfacción sexual del varón) y destinada al hogar, pero sin tener el derecho de ser su cabeza.

La procreación se veía como algo tan natural para la mujer que algunas corrientes del judaísmo pensaban que el mandamiento o llamado a la reproducción (Génesis 1.28) era sólo para el varón, no para la mujer. Por esta razón cuando una pareja cumplía diez años de unión y todavía no habían procreado, esa pareja, ese matrimonio debía disolverse, y tanto el hombre como la mujer podrían casarse con otra persona.

Lo curioso es que el hombre podía repetir ese proceso hasta que finalmente lograra descendencia propia. A la mujer, en cambio, se le fijó un máximo de tres maridos para intentarlo. Si una mujer llegaba al máximo de tres maridos sin haber logrado procrear, de insistir ella en formar pareja, su opción consistía en unirse en matrimonio con un hombre ya casado capaz de engendrar o que ya tuviera hijos.

Hablando ahora de algunos argumentos teológicos utilizados para tratar de justificar la violencia de tipo estructural y sistémica contra la mujer, yo quiero que reflexionemos un poco sobre un pasaje que por muchos líderes y muchas iglesias cristianas (y evangélicas) es utilizado para marginar a la mujer. Este pasaje es 1 Timoteo 2.11-14.

Pues bien, 1 Timoteo 2. 11-14, textualmente dice, en la versión Reina Valera de 1960:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 13Porque Adán fue formado primero, después Eva; 14y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”

Como se puede observar, la conclusión del autor de 1 Timoteo es la siguiente:

Puesto que la mujer debe estar sujeta a su marido, no puede ejercer autoridad sobre el mismo, ni ocupar espacios que se consideraban reservados sólo para los varones.

Los argumentos en que se basa el autor de 1 Timoteo para fundamentar su conclusión son tres:

1) La mujer fue creada con posterioridad al varón (el varón fue creado primero)

2) La mujer fue la que transgredió.

3) Como consecuencia del segundo, a la mujer no se le puede confiar el liderazgo destinado a los varones, porque pudiera ocurrir algo parecido a lo que ocurrió al principio.

Asumiendo una postura analítica y crítica ante tal postura, lo que procede es que analicemos la base de sus tres argumentos y, si no pasan la prueba, entonces hay que cuestionar seriamente su conclusión y su aplicación.

La afirmación de que el hombre o varón fue creado primero, y la mujer posteriormente, sólo se puede fundamentar en el relato de creación que encontramos en Génesis 2.4-25. Pero el relato de creación de Génesis 1.1-2.3 imposibilita hacer tal afirmación. Observemos:

Génesis 1.26-27: “Entonces dijo Dios: Hagamos al ser humano (hombre y mujer) a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al ser humano (mujer y varón) a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Compárese Génesis 5.2: “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados”.

A la luz del relato de Génesis 1.1-2.3, el argumento de que la mujer fue creada con posterioridad al varón, simplemente es inadmisible.

El segundo argumento es más complejo (y el tercero está íntimamente relacionado con el segundo), ya que, aunque se basa también en Génesis 3, desarrolla una teología de la culpabilidad de la mujer contraria al mismo relato de Génesis 3 y, a la teología otros textos del Nuevo Testamento mismo, como por ejemplo, Romanos 5.12-21.

Pienso que para entender la falta de coherencia que muestra la conclusión de 1 Timoteo 2.11-14 con relación a Génesis 3, se hace preciso que observemos con cuidado la manera muy distinta en que el creador aborda al hombre (Adán, el varón) y a la mujer, en virtud de lo que acabo de decir. Veamos: Génesis 3.11 y 17 (con relación al hombre):

11Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

7Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

Ahora, Génesis 3.13 y 16 (con relación a la mujer):

13Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

16A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

Como se puede ver, para el relato de Génesis 3, aun cuando la mujer fue engañada, la insistencia de Dios, su argumento, es que la prohibición se la dio específicamente a él (al hombre, el varón). Por esta razón, el inculpar él (Adán, el varón) a la mujer, su compañera, no logró disminuir en nada su responsabilidad ante aquel que le había fijado una prohibición muy específica.

A la luz del relato de Génesis 3, la desobediencia (el pecado, la transgresión) no fue un asunto de si ella (la mujer) fue la primera en violentar la prohibición de no comer, tampoco de si ella sabía o no de tal prohibición. No se trató de eso, sino de a quién fue (de las partes involucradas, serpiente, mujer, hombre) a la que originalmente el creador le comunicó su prohibición, y a quién veía como responsable.

En consecuencia, Génesis 3 afirma que la mujer fue engañada, pero no la acusa de pecar. Esto así, lógicamente, puesto que se basa en un relato, el de Génesis 2.4-25, que da por sentado que para cuando se dio la prohibición, la mujer, Eva, no había sido creada.

También es preciso tener en cuenta que en Génesis 3, a diferencia de 1 Timoteo 2.11-14, no se le echa en cara a la mujer el que hubiese faltado ante prohibición alguna. No se le acusa de haber pecado, no se le acusa de haber violado mandato alguno.

A pesar de 1 Timoteo 2.11-14, lo cierto es que para Pablo, a la luz de todas sus cartas, y especialmente por lo dicho en Romanos 5.12-21, no existió tal cosa como que la mujer fue la que pecó.

En resumen, un análisis detenido de las bases de los argumentos a los que apela el autor de 1 Timoteo 2.11-14, demuestra su falta de consistencia con el relato de la caída de Génesis 3, y confirma la sospecha de sus patriarcales concepciones.

Conclusión: En este día internacional de la eliminación de todo tipo de violencia contra mujer, una teología bíblica crítica y consistente nos invita a asumir una actitud de sospecha contra todo argumento teológico similar al de 1 Timoteo 2.11-14, por su falta de consistencia ante el argumento de que tanto el varón (y no sólo el varón) como la mujer (y no la mujer sola) fueron creados a la imagen del Creador (Génesis 1.26-27).

¡Bendiciones!

viernes, 19 de noviembre de 2010

Herencia de Jehová son las hijas ¿Quién dijo eso?

Reflexión en perspectiva de género según Salmos 127:3 (Parte 3)

Después de lo planteado en la sección anterior, cabe preguntarse ahora: ¿existe en el hebreo del Antiguo Testamento una palabra que, al igual que en el griego del NT, pueda hacer referencia, al mismo tiempo, a “hijos e hijas”? Sí. Esta palabra es “bayít” que literalmente significa “casa”, pero que también se usa para hacer referencia a los individuos (sin distinción de sexo) que conviven en un hogar.

Algunos ejemplos son:
Génesis 34.30 “Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.

Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa

Génesis 42.33 “Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad.

Josué 24.15 “
Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Ahora bien, ¿es “bayít” la palabra que se traduje “hijos” en el Salmo 127? Respuesta: No. Luego, podemos afirmar que estamos en lo cierto cuando concluimos en que, sin duda alguna, el autor del Salmo 127 no tenía en mente a las “hijas” (“las nacidas”), sino propia y únicamente a los “hijos” (“los nacidos”).

Entonces, podemos decir que una buena traducción de la primera parte del Salmo 127.3 es “He aquí herencia del Señor son los hijos varones”.

Ahora, a pesar de lo que hemos dicho, es posible que algunos me pregunten, hermano Benjamín, ¿y qué de la segunda parte del pasaje en cuestión (“Cosa de estima el fruto del vientre”), que pareciera no ser tan excluyente?

Ante tal pregunta, mi respuesta es la siguiente:

En primer lugar, digo que no se debe interpretar o entender la frase “Cosa de estima el fruto del vientre” fuera de su contexto.

En segundo lugar, que lo que tiene en mente el salmista es a los hijos varones, se comprueba fácilmente, al considerar precisamente el versículo contiguo, o sea, el versículo cuatro (4), cuando afirma: “Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud”.

Ahora, preguntémonos, ¿cuál es la palabra hebrea que se traduce “hijos” en el versículo cuatro (4)?

Respuesta: la misma que aparece en el versículo tres (3), “ben”.

En tercer lugar, que el versículo cinco (5) del mismo Salmo 127 viene a imposibilitar por completo cualquier pretensión de ser inclusivos e incluir a las hijas” en la clásica declaración del versículo tres (3), puesto que afirma: “Bienaventurado el hombre (el varón) que llenó su aljaba de ellos (de hijos varones); No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.”

¿Por qué digo que el versículo cinco (5) imposibilita definitivamente la idea de ser inclusivos (incluyendo varones y hembras) en el versículo tres (3)?

Porque dicho versículo, teniendo como telón de fondo la cultura patriarcal hebrea, en la que la mujer no iba a la guerra, ni era la cabeza de hogar (si bien se entendía que el hogar era su espacio natural); era obvio que los conflictos entre familias, clanes, y tribus, eran asuntos de varones, que se discutían y resolvían entre varones. A la luz de estas concepciones, era lógico pensar que el tener varios “hijos varones” sería u
n factor determinante en un conflicto entre dos familias, clanes o tribus.

Luego hay que concluir precisamente en que en ese contexto sociocultural, donde primaban tales concepciones, es que el Salmista exalta los frutos del vientre, en otras palabras, cuando fueren varones.

Este mismo trasfondo es el que también comparten otros hechos o situaciones en la Biblia, como por ejemplo, el que en un censo no se contaban las mujeres y los niños, pues el censo tenía que ver más bien con la capacidad de constituir un ejército para la batalla, que con otra cosa (Léase Números 1.1-44; 34.29; 2 Samuel 24; 1 Crónicas 21).

Otro pasaje que también va en la misma línea del Salmo 127, es el versículo tres (3) del Salmo 128 “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos (específicamente los varones) como plantas de olivo alrededor de tu mesa.”

Es interesante que lo que ocurre en el Salmo 127.3 es exactamente lo mismo que vemos en el Salmo 128, que el texto hebreo usa la “ben” y la Septuaginta la palabra “huiós.

Finalmente, hay evidencia en el Nuevo Testamento mismo de la persistencia de esta concepción patriarcal. Un ejemplo notable lo constituye el empleo de la expresión “sin contar a las mujeres y los niños”, por ejemplo:

Mateo 14.21 “Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Mateo 15.38 “Y
eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Hechos 4.4 “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

En la parte final de este estudio creo que son muy ilustrativas las siguientes palabras de especialista en Nuevo Testamento, Joachim Jeremías (Jerusalén en tiempos e Jesús, Ediciones Cristiandad).

Es significativo que el nacimiento de un varón era motivo de alegría, mientras que el nacimiento de una hija se veía frecuentemente acompañado de indiferencia, incluso de tristeza” (página 468).

También las relaciones entre los hijos y los padres estaban determinadas por la obediencia que la mujer debía a su marido; los hijos estaban obligados a colocar el respeto debido al padre por encima del respeto debido a la madre, pues la madre, por su parte, estaba obligada a un respeto semejante hacia el padre de sus hijos.

En esta misma línea de pensamiento, hay que destacar el hecho de que para cuando una mujer daba a luz a “un hijo” era “inmunda” una semana, y luego pasabapor treinta y tres (33) días de purificación. Pero cuando daba a luz a “una hija”, era “inmunda” por dos semanas y estaba sometida a sesenta y seis (66) días de purificación (compárese Levítico 12).

Recomendación: La expresión “herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127.3, Reina Valera 1960) debe entenderse e interpretarse a la luz del carácter patriarcal de la cultura hebrea, y a la luz del Salmo 127 por completo. En ese mismo contexto hay que también interpretar el contenido del Salmo 128.3.


Conclusión: Por toda la evidencia presentada en nuestro análisis, concluyo en que la expresión “herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127.3, Reina Valera 1960) no incluye a las hijas.


Ahora bien, esto no significa que no podamos concebir a las hijas como “herencia” o “regalos” de Dios. Pero para hacer esto, y reinterpretar el valor de la mujer (en cada una de las etapas de su vida), estamos llamados y llamadas a sumir una postura crítica frente a los contextos patriarcales en que surgieron los textos bíblicos y que constituyen su telón de fondo.

La buena exégesis nos impone que no introduzcamos ideas en los textos cuando estos no la contienen o no dan base para hacerlo. Pero una lectura hoy, desde contextos muy distintos a los contextos en los cuales surgieron los textos bíblicos,nos invita a hacer la debida relectura (con un sentido crítico), y los ajustes de lugar, a fin de que los textos bíblicos sigan teniendo relevancia en nuestros propios contextos.


Pienso que hallamos en Pablo un pensamiento hasta cierto punto innovador, que nos invita a transitar el mismo camino, cuando afirma: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; 12porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” (1 Corintios 11.11-12). Así como en Gálatas 3.28 “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Y yo digo: Ya no hay nacional ni extranjero, ni esclavo ni libre, ni varón, ni mujer, ni hijos, ni hijas; porque todos tenemos el mismo valor y, constituimos por igual una sola familia y un solo cuerpo en Cristo Jesús. ¡Amén!